martes, 29 de enero de 2019

Pérdidas de tiempo

Pocas veces se ven imágenes como esta · buenavibra.es

Las normas están para cumplirlas y para saber manejarlas según conveniencia. En el fútbol ocurre lo mismo y sólo se explica con la camiseta de aficionado a ese seguidor indignado con el jugador del equipo rival que pierde (¿o gana?) tiempo si el resultado le es favorable a sus intereses, mientras que luego aplaude al suyo si hace exactamente lo mismo. Porque al final todo el que ha jugado al fútbol sabe que en ocasiones es necesario temporizar para que el crono vaya pasando y el rival se vaya desesperando. Incluso esa amarilla al arquero en el minuto 85 o ese desplazamiento de balón en el descuento es bueno porque el colegiado no se va a atrever a sacar una segunda cartulina por el mismo motivo. De hecho, en ningún partido de fútbol se descuenta más del tiempo que se ha perdido, al menos que hayan visto los ojos de este periodista. De ahí que se entienda que la FIFA estudiase el pasado año cambiar la normativa histórica y modificar el tiempo de los partidos, pasando de 45 minutos a tiempo corrido a treinta cada parte parando el cronómetro cada vez que el balón se vaya fuera, como se hace en el fútbol sala, baloncesto y en la mayoría de las diferentes modalidades deportivas.

De esta manera se practicaría un fútbol más limpio visto lo visto, esto es, que los colegiados no se atreven a sacar un tiempo extra de doce minutos, sobre todo, en el fútbol español. Con todo mi respeto hacia el colectivo arbitral (y aunque el tema de cambiar la normativa esté en manos de otras instancias), éste es el principal culpable de no jugar lo que se debería, no entendiendo el que suscribe por qué los descuentos no son muchos más largos. El futbolista que va ganando hace lo que haría cualquier hijo de vecino y el que lo niegue o no ha practicado este deporte o no es competitivo. De ahí que sería interesante pasar a tiempo parado para hacer del fútbol algo más limpio.

martes, 22 de enero de 2019

Buenos, malos y retrasados

Un equipo de fútbol base se abraza en un receso de un partido · futbolenpositivo.com

Los nombres del diálogo posterior son ficticios aunque la historia sí es real, según le cuentan a este periodista. Era pretemporada y un entrenador de fútbol base estaba reunido con el que ocupaba el puesto de coordinador del club, aunque, según parece, no sabía ni qué significaba el término 'coordinar'. "Vamos, a ver, David, ¿qué jugadores tenemos del año pasado?", preguntó el último. "Juan, continúan estos", respondió el entrenador entregando una hoja con los datos de todos ellos. "Este tiene algún tipo de problema de movilidad. Ha mejorado una barbaridad desde que vino el primer día, pero creo que no está para competir porque aún le cuesta mucho. Eso sí, mejorará bastante porque hace todo lo que le pides. Pero no va a ir al ritmo que el resto por ese problemilla", continuó el técnico. "Vamos, que es retrasado, ¿no?", le cortó tajante el interlocutor, un individuo que ganaba dinero del fútbol base y que trataba con niños. ¿Hay que calificar como 'retrasado' a una PERSONA (permitiendo el lujo de poner la palabra en mayúscula aunque la patada al diccionario sea de época) por tener problemas físicos o intelectuales?

El diálogo invita a la reflexión sobre los términos. Todo empieza en el colegio, cuando ya se ponen notas académicas en primero de Educación Infantil (el crío apenas tiene tres años). Así se empieza a etiquetar. Cuando empieza a practicar una actividad se le suele meter en el saco de los 'buenos' o de los 'malos'. O se es bueno o malo. Eso parece. Porque la realidad no es así. Cada niño o joven tiene unas características diferentes, unas cualidades que le hacen ser diferente al resto y válido si es capaz de encontrar su punto fuerte y potenciarlo junto al entrenador de turno (aunque también hay que ser conscientes de las limitaciones de cada uno). Lo malo es que el formador sea uno de esos que encasillan a sus pupilos en buenos y malos, incluso en retrasados.

martes, 15 de enero de 2019

La botella rota

Gol de Antonio con dedicatoria al cielo · Alfonso Zapata

"Nico, me has roto la botella antes. Le has dado una patada y se ha roto", le dijo uno de los alevines del Poli Almería al que suscribe estas líneas, entrenador de este equipo. "No quiero que me compres ninguna. Sólo te lo digo para que no lo hagas más", respondió al ser cuestionado sobre qué marca era la botella para comprar la misma. Sería contraproducente enseñarles a los pequeños jugadores que no deben protestarle al árbitro y hacerlo. Empero ese impulso tras un gol en contra acabó con un pisotón al césped con la mala suerte de estar la botella por ahí, rompiéndose y descubriendo que uno tenía una fuerza hasta entonces desconocida. Y entonces el que se supone que debe enseñar ve cómo le dan una lección porque eso es lo maravilloso del fútbol y de la enseñanza: lo recibido se multiplica a la máxima potencia por lo dado. Un niño de diez años dice con educación y personalidad que hay que tener más cuidado y no romper sus cosas. Un pequeño gesto, pero que hace reflexionar apuntando que a veces -o en la mayoría de las ocasiones- son los de menor edad los que mejor se comportan (en los campos de fútbol no hay ninguna duda) y mejor resuelven los problemas: con educación. Otro ejemplo es el de aquel niño que se recorre los más de 4.000 kilómetros que separa la Plaza Roja de Moscú por el Paseo Marítimo de Almería y poco después de bajar por las escalerillas del avión ya está entrenando con otro equipo del club para recuperar el entrenamiento perdido a pesar de haberse marchado un familiar querido y del cansancio acumulado por el viaje. Encima tiene las agallas de decir que no se va a poner triste si se guarda un minuto de silencio en el partido de esa semana para acabar marcando cinco minutos después su primer gol de la temporada y dedicarlo al cielo, lo que se denomina personalidad, sacrificio y compromiso, volviendo a dar otra lección a los adultos.

martes, 8 de enero de 2019

Promoción

Juan Carlos Real, mediapunta, ya suma media docena de tantos · udalmeriasad.com

El Almería gana y ya tiene un estilo reconocible. Tras un lustro viendo que claudicaba más que vencía y que si sacaba los partidos adelante solía ser más por individualidades que por un plan de juego, es más que entendible que los seguidores sonrían al ver a su equipo, que dio un golpetazo encima de la mesa ante un Mallorca con algunas de las mejores piezas del campeonato. Si algo ha dejado claro Fran Fernández es que su equipo no va a bajar los brazos ante ningún rival, dándole un repaso, sobre todo en el segundo acto, a un conjunto balear que fue protagonista del mejor duelo de la UDA de los últimos años. O si no el mejor, sí en el que más enseñó su estilo: habitual presión alta asfixiando la salida de balón rival, gran manejo de las transiciones y una evolución en el ataque posicional, uno de los lunares del Almería. Exceptuando a Saveljich, quien ya habló de play off hace un par de meses, el discurso oficial ha sido el de los 50 puntos, un mensaje que aburre tras ver jugar a este equipo, que ya acumula 28 unidades, esto es, más de media permanencia a falta de un encuentro para que finalice la primera vuelta. 

Si la salvación se cifra en media centena de puntos, a los de FF le restan unos siete triunfos para conseguirla, cuando aún quedan 23 puntos. Que baste con eso sería de inconformista y es de suponer que aunque el discurso oficial sea el de los 50, en la caseta rojiblanca ya se hable de promoción. En el ejercicio 11-12 la séptima posición fue un fracaso tras cuatro cursos consecutivos en Primera y estar entre los seis primeros durante treinta jornadas. Ahora nadie recriminaría a este Almería a bajo coste que no termine en el sexto escalafón. Empero está claro que hay equipo (lo que tanto se estaba buscando) para llegar a mayo en la pomada. 

PD: Mejorar el equipo en el mercado invernal es difícil, no tanto atar a Real.