martes, 18 de diciembre de 2018

Simpleza

Luis Rioja se lamenta de una ocasión marrada · udalmeriasad.com

"Vaya penalti se ha comido", "vaya árbitro", "menudo robo", "siempre igual", "nunca se equivocan a nuestro favor, siempre es en contra" fueron los comentarios más escuchados al salir del Estadio de los Juegos del Mediterráneo anteayer. Es de suponer que en cualquier hinchada ocurre eso: los colores a veces, o casi siempre, ciegan, focalizando los errores en lo externo en lugar de hacer autocrítica. Lo más grave quizás es leer ciertas crónicas o escuchar algunas emisoras en las que parece que el periodista -o el que juega a eso porque la facultad ni la ha pisado- con esa careta de hincha realizando un análisis simplista. "El árbitro se ha equivocado, como también nosotros", dijo, por su parte, Fran Fernández en la rueda de prensa tras el encuentro ante el Lugo. El técnico almeriense era consciente de que Soto Grande había errado -y de manera grave- al tragarse las dos penas máximas cometidas sobre Sekou. Pero también de que el colegiado toledano no había sido el único culpable de que el Almería no venciese ante un rival en inferioridad numérica durante 53 minutos.

Los de Fran Fernández van mejorando en ataque posicional y no hicieron mal encuentro el pasado domingo. Pero cuando un rival se les encierra les cuesta encontrar el gol. Que, por cierto, el Lugo lo hizo de maravilla, manejando de manera excelsa los distintos conceptos defensivos del juego. También sería de necios reprocharles que supiesen manejar el otro fútbol. Me gustaría ver a quienes opinan así estar dentro de un terreno de juego con un compañero menos aguantando las embestidas del rival durante casi una hora. Temporizar es necesario y es labor del colegiado añadir una gran cantidad de minutos. Aun así, culpar a éste de no imponerse con superioridad numérica más de la mitad del partido, incluso realizar aseveraciones en función del resultado, es de ser simples.

martes, 11 de diciembre de 2018

A lo Antonio Salas

Germán y el que suscribe estas líneas en el Fondo Sur del Bernabéu · LEM

"Perdón por sentarme en tu butaca. Si fuera honesto, no iría hoy al Bernabéu. Pero puede más la tentación de ver en directo uno de los mayores eventos de la historia del fútbol que el orgullo de participar en tal injusticia", escribía Hugo Cerezo anteayer en Marca. El que escribe estas líneas cayó en la misma tentación unos días antes. El problema vino a la hora de elegir las localidades, puesto que no era plan de esperar hasta el último momento para que se liberasen y a mitad de semana sólo había en el Fondo Sur, donde se colocó la hinchada de Boca. Germán, monitor del benjamín del Poli Almería y natural de Buenos Aires, es de River hasta la médula, por lo que imagínense vivir la vuelta de la final de la Libertadores rodeado de seguidores del eterno rival. El pobre se desquitó en la previa en la Plaza de Cuzco, pero sufrió más de la cuenta en el Bernabéu.

El plan se inició antes de entrar en el coliseo blanco, eligiendo la ropa. Ninguno podíamos llevar ninguna prenda roja (ni azul, no era cuestión). Eso sí, la bufanda de Boca no me pudo faltar para vestirse de Antonio Salas. Dentro del campo, disfrazarse de aficionado de Boca, uniéndose a algún cántico mofándose de River (son varios los que le recuerdan su descenso a la segunda argentina). Eso sí, Germán se mantuvo callado, pasando desapercibido como puso. Era demasiado para él, por lo que a partir del pitido inicial decidí unirme a su penitencia, optando por el silencio. Tras el gol de Benedetto, con la pertinente tristeza, llegó la remontada, tocándome Germán con el codo, como si no me hubiese enterado. Con la expulsión de Barrios empatizamos con los seguidores de Boca, así como en la recta final, criticando a su DT. El Antonio Salas del benjamín del Poli supo mantener la compostura para soltar su grito de alegría diez minutos después, cuando se cerró la puerta del taxi que nos llevó a la estación de autobuses.

martes, 4 de diciembre de 2018

La noche de los domingos

El teletexto, un referente en los resultados y clasificaciones deportivas · lab.rtve.es

El día que la LFP contrató un mono para fijar los encuentros en franjas horarias diferentes los carruseles desaparecieron y la noche de los domingos cambió. Sin embargo, aún quedan románticos, como el progenitor del que suscribe estas líneas. El teletexto fue un punto de inflexión hace tres décadas, cuando en 1988 se implantó en España. No sólo para analizar las distintas clasificaciones de los deportes, sino para seguir un partido 'en vivo', esperando que el televisor subiese un gol al equipo del que era hincha uno. Una vez finalizado el carrusel de encuentros y el del Canal Plus, tocaba ver estas tablas, los goleadores... Otra opción romántica era comprarse el periódico de turno al día siguiente y ver la clasificación, sobre todo, si el signo del partido del equipo con el que simpatiza uno había ganado.

Con la irrupción de internet y, posteriormente, de los teléfonos de nueva generación, todo cambió. Difícilmente un niño sabrá lo que es el teletexto, incluso que un periódico se puede comprar. Pero coge algún móvil (o el suyo propio porque es raro el crío de diez años que no tenga), abre cualquier aplicación y le echa un vistazo a los resultados de cualquier división de cualquier país, la clasificación, los goleadores, las estadísticas del partido y un sinfín de opciones. Empero el protagonista de este artículo une las distintas generaciones: la de internet y la previa a la del teletexto. Cada domingo por la noche coge la tableta, varios folios y bolígrafos de diferentes colores y hace sus particulares clasificaciones y tabla de resultados. Realmente ya los tiene en la propia tableta, pero a él le hace ilusión esas peculiares hojas para su periódico de fantasía que no se venderá en ningún kiosco, no lo leerá nadie y que en unos meses irá al contenedor. Lo mismo que hacía su padre cuatro décadas atrás.