domingo, 29 de abril de 2018

Gracias, Poli

Comunión entre jugadores y afición en el Tito Pedro (0-4) · Alfonso Zapata
Yo no voy a mentir. No soy como Daniela, Vera y Mara (¡qué nombres tan bonitos, por cierto!). En Torrecárdenas ya estaban con la camiseta del Poli Almería. Yo no. Según refleja una ficha de la temporada 96-97 en la pared de mi habitación, empecé a formar parte del CD Oriente desde los cuatro años. Mi padre, el mejor que puede tener uno, había estado toda su vida de la entidad. Entre semana, antes de que él hiciese de delegado-jugador con los veteranos, me dejaba en las pistas del Virgen del Pilar para que le diese patadas al balón en la escuela que tenía el Oriente. Eso sí, no me ponía nada verde, sino la zamarra de Amavisca. Y no voy a mentir. Soy abonado de la UD Almería desde más de una década. No soy como Daniela, Vera y Mara, con el corazón puro del Poli.

Eso sí, me caía simpático el conjunto rojiblanco de pantalón azul, alejado de ese fútbol moderno que desprecia al aficionado. En diciembre de 2012, aprovechando el asueto navideño en tercero de carrera realicé un pedazo (¿por qué engañar?) de reportaje titulado '¿Muerto? Más que vivo' para la asignatura Géneros interpretativos y de opinión, acudiendo a numerosas fuentes. Entrevisté al presidente por aquel entonces y ahora un amigo, Juan Diego Sánchez, al entrenador, Jorge Garcés, a los socios Juan Antonio Morales y Jesús Estrella, al jugador Carlos García y a los directivos Juanjo Cano y Manuel Carrizo.

Un año y medio después amplié el reportaje para mi Trabajo de Fin de Grado, en el que analicé cómo habían tratado los medios de comunicación almerienses esa falsa unión entre el Almería Club de Fútbol y el Poli Almería, con más entrevistas y un trabajo exhaustivo en la gran hemeroteca que tiene la biblioteca Villaespesa. Y en 2015, cursando el nivel 1 de entrenador de fútbol, conocí más en profundidad a Juandi, Carlos García y Córdoba (entrenador el segundo y jugador y también entrenador el tercero), a los que admiro.

Realmente este artículo iba a escribirlo sobre el próximo 20 de mayo, cuando finalice la competición de División de Honor sénior. Lo tenía apuntado en la agenda. Sin embargo, no todo sigue un guion. El Poli cambio el mío. Si estoy escribiendo estas líneas ahora es porque he derramado muchas lágrimas antes de empezar con la primera línea. Esta mañana he visto fotografías con mi anterior pareja y su hijo y he recordado por qué ese mazazo con el corazón del que estaba enamorado pasó a sentir pasión por algo que no es un corazón, pero que lo forman cientos.
Montellano -ni Messi ni Cristiano- celebra con Moru, el jefe del tambor, un gol al Estudiantes · A. Zapata
El Oriente no había sacado equipo sénior esta temporada, no me gustó un gesto con el equipo con el que estaba entrenando desde agosto a octubre y en noviembre escribí a Jorge Garcés, que ya me había dirigido en cadetes en el ejercicio 07-08. Le pregunté si podía entrenar con el Poli Almería para seguir aprendiendo de fútbol y no me puso ningún impedimento. En la primera sesión ya pude saborear el gran ambiente que se respiraba ahí. Han pasado seis meses y sólo puedo agradecer porque lo vivido siempre estará en mi corazón.

En los entrenamientos, aunque el nivel es alto, altísimo, y a veces es duro no estar a la altura de ellos, disfruto como un enano. No sólo por aprender cada día conceptos nuevos, sino por ese ambiente que hay con un grupo excepcional que nunca olvidaré. Fuera del campo, más de lo mismo. No se puede describir con palabras que cuatro entrenadores del Poli Almería vengan a apoyarme y a ayudarme en un importante partido que tenía con mi equipo de niños. Tampoco se me olvidarán nunca esas reuniones en el piso de Juandi, en la que sólo se hablaba de fútbol. Que si defender en zona, que si dejar tres jugadores en los saques de esquina en contra, que si fútbol directo o sacar la redonda desde atrás... Y cómo olvidar ese día en el que aparecieron decenas de aficionados un viernes por la noche, en pleno entrenamiento, para animar al equipo antes de la visita a Porcuna, dándonos comida y bebida para reponer fuerzas.

Lo de la afición merece párrafo aparte. Entrar en el Estadio de la Juventud con mi padre y mis amigos, abonados, Gustavo, Alejandro y Diego y y ver a Juanan, Pablo, Lito, Jeyu, Cristian y compañía en la polibarra creando un ambiente especial, idiosincrasia Poli, único, es uno de los mejores momentos de la semana, olvidando todo lo malo de ella. Lo de la hinchada no tiene nombre, recorriendo kilómetros y kilómetros en el autocar de los jugadores o en coche particulares para ver a su escudo por diferentes campos de Andalucía. Mis respetos siempre.

Pretendía hacer un emotivo artículo, pero no me termina de salir. No estoy a la altura de este club, luchando por ascender a Tercera División a pesar de numerosas desventajas; con un aureola de juventud y ganas de hacer las cosas bien. Así que simplemente me queda agradecer todo lo que han hecho por mí, aunque ellos no sean conscientes. Gracias a Manu (ya sabes lo que pienso de ti...), Bruno (¡Velefique siempre!), Víctor (compromiso en un tramo decisivo), Moru (el jefe del tambor), Germán (lo tuyo no tiene nombre), Alvarito (uno de los mejores capitanes que he conocido), Mati (menudo central), Josema (gol de cabeza y saludo militar), Albacete (uno de los mejores centrales que he visto), Luis (el jefe de la ducha), David (la clase nunca se pierde), Rubén (me vuelves loco encarándome, cabrón), Michel (vaya guante en el pie), Abel (pocos meses y ya he descubierto a una excelente persona), Dominguez (mucha clase te vi), Sola (Solilla siempre habla en tercera persona), Narci (amor eterno), Beltrán (puto crack), Córdoba (el 10%...), Dani (que sepas que me gusta más entrenar que ver una semi de Champions...), Jose (siempre con un gesto de complicidad), Adri (disfrazado de Jordi Alba ante el Malaka), Núñez (mi tanqueta preferida), Ruzzo (simplemente Ruzzo) y Montellano (ni Messi ni Cristiano).

También es de justicia agradecer al propio Jorge, Adri, Jorge, Kino, José María, Carlos, Juanjo, Manolo, Alfonso, Guillermo, Juanan y compañía y un largo etcétera. Hoy jugamos -hablo en particular porque así lo siento- nuestra particular final de la Champions en Torreperogil. Soy consciente de en estas edades lo importante es el resultado. Sin embargo, para mí esta temporada este club ya ha ganado. Me ha ganado el corazón para siempre. Porque esto no es un hasta luego ni un final.

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