martes, 5 de diciembre de 2017

Imaginación

Posibles cruces del próximo Mundial · NGC

Tenía seis-siete años y no había tabletas, móviles ni consolas. Tras ver Los Simpsons y comer los macarrones de mi abuela Ana, cogía un papel y un boli y me entretenía mientras ella veía alguna novela (hablaba con los personajes mostrando su enfado por lo que hacían o dejaban de hacer). Empezaba mi particular Champions. Recortaba folios para hacer 32 trozos y escribía los nombres de los equipos de la Liga de Campeones: Maribor, Rosenborg, Valencia, Bayern... Aprendí mucha geografía. Tras hacer el sorteo y formar los grupos, simulaba los partidos, mezclando resultados más probables con sorpresas hasta llegar a ver quién era el campeón. En 2015, trece años después, descubrí en el cuarto de mi primo Álex exactamente el mismo juego sin habérselo enseñado. También tenía a su plantilla del Aguadulce benjamín y sus ligas imaginarias apuntando todo tipo de datos. Una imaginación asombrosa.

La pasada semana me acordé de ese descubrimiento de la habitación de Álex, recordando también esos momentos en la casa de la abuela con apasionantes Maribor-Rosenborg. En un sillón mi padre tomaba nota de lo que sucedía en el sorteo del Mundial de Rusia, al igual que el que escribe estas líneas. Posteriormente, para no perder la costumbre de cada sorteo de Mundial y Europeo, simulé el torneo, poniendo los signos de los 48 encuentros ya fijados y después con imaginación hasta llegar a semifinales, donde, naturalmente, está España. Horas antes vi una foto en la que el pequeño Samu, de sólo seis años, hacía su disposición táctica para el Pavía-Oriente de prebenjamín en la pizarra que se había comprado se supone que para estudiar. En otra foto vi que en una hoja escribió la alineación que él pondría si fuese el entrenador. Porque dice que quiere ser entrenador... ¡con seis años! El fútbol no es sólo jugarlo, sino visualizarlo en la mente, soñarlo y vivirlo. Y en eso Álex y Samu, dos enanos, son unos cracks.

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