martes, 5 de septiembre de 2017

La sonrisa de Alberto

Un niño colorea una pintada, 'Contador ataca', a dos kilómetros de la meta del pasado domingo

Minutos después de que Miguel Ángel López se coronase anteayer en el Alto Hoya de la Mora tras destrozar a Adam Yates y de que Contador pagase el duro esfuerzo que había hecho el en el durísimo puerto del Purche, bajó Alberto de la zona de meta al autocar de su equipo. Posiblemente fue el momento más agradable del día para él. No por la bajada, ya sin presión de la competición, sino por recoger los frutos del trabajo que tuvo que hacer desde que decidió comer de la bicicleta. Un Contador sonriente, disfrutando de ese momento en el que centenares de aficionados le aplaudían no por el esfuerzo que había hecho kilómetros antes, sino como reconocimiento a su gran carrera, unos días antes de su retirada. La sonrisa de Contador era la de aquella persona con pena, conocedora de que el fin de lo que más le gusta estaba cerca, pero también con la alegría de saberse el ídolo de la afición española al ciclismo en los últimos años.

Igual de emocionante que ese trayecto de la zona de meta al de autocares fue aquel niño de siete u ocho años, coloreando una pintada realizada previamente a dos kilómetros del final de la etapa de Sierra Nevada, la cual rezaba 'Contador ataca'. Más de media hora estuvo el crío desgastando la tiza, pero el tiempo mereció la pena porque precisamente esto es lo que se esfuma estos días, el tiempo de Contador. De ahí que tanto él como los aficionados expriman al máximo los pocos kilómetros que le quedan, seguro que con alguno de sus ataques que sólo hace él. Es de esperar que el próximo domingo en Madrid se le despida como se merece a una de las leyendas del deporte español y por qué no escribirlo, mundial. La sonrisa de Contador tras acabar la etapa de Sierra Nevada era al fin y al cabo la de aquella persona con la conciencia tranquila tras el trabajo bien hecho. Excepcionalmente hecho.

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