martes, 29 de agosto de 2017

Confianza

Primer once del Almería 17-18 en el Mediterráneo · udalmeriasad.com

Al que suscribe esto no le gusta el periodismo de bufanda. Sin embargo, a veces es difícil saber si uno va al campo como periodista, aficionado o intento de entrenador. Sea cualquiera de lo anterior, el pasado sábado había ganas, ánimo, deseo, confianza -pónganle el sustantivo que deseen- por asistir al Mediterráneo después de mucho tiempo. No por haber vencido en la primera jornada, sino por la ilusión que desprende el equipo. Si muchas veces en esta columna el tema -con el objetivo de mejorarlo- ha sido la desgana que desprende la entidad de la Vega de Acá, con acciones que parecen de todo menos de un club de la Liga de Fútbol Profesional, ahora es de justicia reconocer que este nuevo Almería ilusiona. Segunda División, valga el tópico, es una competición muy larga y puede pasar de todo, con equipos potentes (como demostró el propio Oviedo el pasado fin de semana), pero parece claro que la UDA no llegará esta temporada a la última jornada jugándose la permanencia.

No es un subidón desmesurado por haber conseguido cuatro puntos de seis posibles, sino confianza en lo trabajado en materia deportiva durante el estío en los despachos de la Vega de Acá. Las incorporaciones de jugadores como René o Rubén Alcaraz (más que sorprendente que un cedido sea uno de los capitanes) suben el nivel del equipo, que por fin tiene una sala de maquinas en condiciones después de bastantes años. Empero incluso mejor que eso ha sido la limpia que ya se antojaba necesaria en el vestuario, labor de Ramis -fantástica su continuidad-, Corona e Ibán Andrés. Probablemente llegarán ya no las derrotas (seguras), sino algunas tardes penosas. Pero serán esporádicas, no habituales como en los últimos años.

P.D.: se puede llegar a entender a aquellos que ponían en tela de juicio a Suso por sus supuestas salidas, pero la llamada de Lopetegui acalla a otros pocos que afirmaban que se trataba de un futbolista sin calidad.

martes, 22 de agosto de 2017

Castigos

La redonda en primer plano y al fondo, dos técnicos dan instrucciones a jóvenes futbolistas · sintetia.com

Cada maestrillo tiene su librillo, reza el amplio refranero español, y cada adulto tiene su manera de enseñar. De ahí que no sea nada fácil sacar conclusiones cuando existen dos modelos educativos diferentes. En el tema deportivo, por ejemplo, si un progenitor insulta al árbitro, al futbolista del equipo contrario de su vástago -ni lo denomino 'rival'- o al del mismo equipo, debe ser sancionado por el club. Si es reincidente y su conducta es extremadamente grave, perjudicando en demasía al resto de componentes de la entidad, ¿habría que expulsar también al jugador o amenazarlo con ello? Cuestión para el debate. Sin embargo, en otras ocasiones no veo apenas lugar para éste. Por ejemplo, siempre respetando a los monitores y entrenadores compañeros de todos los clubs, ¿cómo pueden existir aquellos que todavía sancionan a niños con castigo físico? Un ejemplo es aquel pequeño que no atiende o pega a un compañero (¡algunos incluso lo hacen con errores técnicos-tácticos!) y la respuesta del entrenador o monitor es que dé vueltas al campo; como consecuencia, que asocie correr con un castigo, ergo, cuando haya que hacer un esfuerzo físico en beneficio del juego, le parecerá un castigo.

Igual, incluso más todavía, de grave me parece aquel viejo castigo de no llevar al entrenamiento al niño por algún comportamiento erróneo en la casa o escuela. Entienden, y como consecuencia enseñan así a los hijos, la práctica deportiva como una afición más que como una actividad saludable que tienen que realizar habitualmente. Entonces, si ese niño hace algo que no debe, ¿ese día no come o no va al baño? Porque igual de importante es alimentarse que descansar que realizar deporte. Si el individuo tiene el castigo como característica de su modelo educativo, ¿no es más lógico sancionar sin videoconsola, televisión o móvil que sin llevarlo al entrenamiento?

miércoles, 16 de agosto de 2017

No trofeo, no party

Pozo, en el primer amistoso de pretemporada, ante el Levante · udalmeriasad.com

Más de dos meses han pasado ya desde que el esférico rodase en el verde del Mediterráneo por última vez, en ese agónico encuentro ante el Reus. Por fin esta semana comienza la Segunda División, aunque habrá que esperar diez días más para ver a los de Ramis en directo en el feudo de la Vega de Acá. El último número de la revista Panenka -todo amante del fútbol debería tenerla en su mesita de noche-versa sobre el fútbol de los 90. El fútbol ha sufrido una enorme evolución en todos sus sentidos en dos décadas. Los torneos de verano ya no eran lo que fueron antaño, las giras mundiales han hecho daño en este sentido. A pesar de eso, la mayoría de estos trofeos -por no decir todos- continúan disputándose, al igual que es sólo la nobleza la que cruza fronteras durante la pretemporada.

No hace falta remontarse hasta los 90 para disfrutar de un trofeo veraniego que despertase ilusión en Almería. Si los amistosos no tienen esa emoción que da la competición, hay que incentivarlos de alguna manera, esto es, con un rival que le produzca mariposas a la afición local. Recuerdo la edición de 2002 del Juan Rojas, con la UDA recién ascendida a Segunda División y midiéndose a ese Villarreal que se clasificó para la Copa de la Uefa unos meses después, para acabar a un solo gol de la final. En la 02-03, Reina, Belleti, Palermo, Guayre, Senna, Galca y un largo etcétera (Verza debutó en Primera División con ese equipazo ese curso).

Ahora ni hay trofeo Juan Rojas ni partido de presentación. No entro en la denominación del torneo. Simplemente en que habría que hacer de él una tradición cada verano, con un rival que llame la atención y un trofeo personalizado para la ocasión. Las entidades grandes no lo son simplemente por los resultados que consiguen en el césped, sino por la ilusión que desprenden, la profesionalización y los detalles.

martes, 8 de agosto de 2017

Enésima ilusión

El plantel rojiblanco realiza carrera durante un entrenamiento en anexo del Mediterráneo · udalmeriasad.com

De las últimas siete temporadas, en sólo dos el Almería ha alcanzado su objetivo. El dato admite poca interpretación. Un ascenso a Primera División y la posterior permanencia. El resto, ese descenso en 2011 con el cuadro rojiblanco arrastrándose (0-8 incluido ante el Barcelona), al igual que el de 2015 (con la salvación más barata de los últimos años hasta hace unos meses), dos campañas agónicas en Segunda jugándose las habichuelas en la última fecha, incluida esa 11-12 (no entró en promoción a pesar de contar con el fondo del descenso). Todo ello con la sensación de dejadez, desilusión y apatía que ha demostrado una entidad que tiene que pasar de su estado apocado a pensar en grande, aspecto que no es una nimiedad. A pesar de eso, la fiel hinchada nunca falla, incluso teniendo que soportar dardos de su propio club. Sin embargo, es comenzar el mes de agosto y renovarse la ilusión de no verse con el agua al cuello y, como soñar es gratis, pensar en que el sufrimiento del nuevo curso será por objetivos más ambiciosos.

En ocasiones la ilusión se reactiva sola, aunque este estío puede que haya dado argumentos para ello. Dando por buena la máxima de que las sensaciones de pretemporada no dejan de ser sensaciones, no es menos cierto que desde la Vega de Acá se desprende otro aroma. Primero con la renovación de Luis Miguel Ramis, quien realizo un trabajo fabuloso desde que llegase a mediados de marzo, anteponiendo ganas y conocimientos a su falta de experiencia en la categoría y ganándose la oportunidad de empezar un proyecto desde cero. Segundo, con la tardía limpia necesaria en un vestuario podrido, ya que es en la caseta donde se empiezan a ganar los encuentros. Y, tercero, con las incorporaciones (Ibán Andrés incluida), a falta de un par de guindas que suban el nivel del plantel. Habrá que comprobar si en unos meses esta ilusión se mantiene intacta.

martes, 1 de agosto de 2017

¿Se habla del juego?

El motor que mueve este negocio para algunos y deporte para otros · 11vs11.blog

El tema no es exclusivamente propio del mercado estival, sino que la corriente se extiende durante los doce meses del año. Es de entender que la declaración de Cristiano Ronaldo en el juzgado por sus supuestos problemas con Hacienda sea un tema de actualidad, por eso de ser uno de los mejores futbolistas del mundo. Pero todo tiene un límite. De la información necesaria se pasa a un sensacionalismo extremo. Sensacionalismo que hace que se hable más de hechos aislados del juego o aislados a éste que del propio juego. Ayer una de las noticias más leídas en los distintos diarios deportivos era la del vídeo de Danilo Gallinari pegándole un puñetazo a Jito Kok, como hace unos días fue la trifulca entre Neymar y Semedo. Y así durante todo el año. Que si cuernos por un lado, que si dinero defraudado por el otro, que si tal 'tuit', que si el que fue protagonista hace dos décadas pretende serlo ahora con ciertas declaraciones...

Al final no se habla del juego en sí. Bueno, sí se hace, pero dependiendo de qué medio. Ni mucho menos la intención del que suscribe es la de desprestigiar a algún periodista o medio. Cada uno realiza el producto que considera oportuno, allá él con su prestigio. La incógnita está en saber si qué fue primero, el huevo o la gallina, si es el consumidor el que demanda un sensacionalismo o si es el medio el que fomenta éste y el lector, oyente o espectador simplemente se dedica a escoger lo que hay. Si me tuviese que mojar, optaría por lo primero. Productos buenos existen porque hay enormes periodistas que sí hablan de deporte. Aunque al final la mayoría opta por sentarse en el sillón a ver cómo uno vocifera sin entrar en el análisis en sí del partido en lugar de disfrutar de ese análisis reposado del juego. O ver las páginas de fotografías para comprobar si sale en la cita a la que asistió ayer en vez de leer una buena crónica sobre ese evento.