martes, 4 de julio de 2017

Tabaco y deporte

Un aficionado, rodeado de menores, fuma en San Mamés · elcorreo.com

Hay situaciones que históricamente están aceptadas y nadie las pone en tela de juicio. Hace una década fumar en espacios cerrados era lo normal, hasta que llegó la Ley antitabaco en 2011. Felicidad para los no fumadores (o fumadores pasivos), que desde entonces podemos salir de los bares y discotecas sin ese hedor. Sin embargo, esa ley estaba destinada a los espacios cerrados. El País Vasco sí prohibió fumar en los campos deportivos. La Ley de Adiciones y Drogodependencias fue aprobada el pasado año, con multas desde los 600 euros para quien la incumpla. ¡Cuán de feliz sería si se hiciese lo mismo en el sur de España! Es incómodo, desagradable y nada saludable estar dos horas sentado en tu localidad y tener que soportar como el de la fila de delante te echa el humo.

La mencionada ley vasca buscaba proteger sobre todo a los menores. Normal, ¿por qué tiene que tragar un menor de cuatro años todas esas partículas nocivas? Y aquí es donde entran las instalaciones de fútbol base, donde es raro que no haya un cigarro encendido, con decenas de pequeños pululando por el lugar, algunos sentados en el banquillo y soportando el humo. Dando gracias a que sea humo de un cigarro porque el que suscribe ha visto cómo en un campo de la capital había perfectamente entre cinco y diez porros encendidos un sábado a las nueve de la mañana.

Partiendo de la base de que el tabaco -ya sea de puro o de cigarro- es malo para la salud y el deporte tiene numerosos beneficios para ésta, es algo contraproducente que esté permitido fumar en espacios deportivos. Quizás que algún fumador y lector de estas líneas alega a su libertad. La libertad de uno acaba donde comienza la de otra. Y si alguien quiere emborracharse o drogarse, que lo haga. Pero que no perjudique al resto.

P.D.: mi máximo ánimo a aquellos que luchan por desengancharse de esa droga.

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