domingo, 21 de mayo de 2017

Noche negra

Mensajes de ánimo que de poco sirvieron.
Posiblemente alguno lea estas líneas y se ría. Me da igual. Será prueba de su ignorancia, de la inexistencia de otro fútbol que no sale en la caja tonta. Ese fútbol, que, por desgracia, dicen los mayores, se está perdiendo. Sea como sea, este deporte es cruel. Muy cruel. Es capaz de enseñarte la puerta de salida tras cuatro meses en el calabozo. Y cuando vas a salir te tira un barreño de agua congelada que te empuja hasta el último metro del habitáculo. El fútbol es capaz de sorprendente con un triunfo en Linares (1-3, yendo en coches y con sólo once jugadores) y una victoria del Ronda en el Tito Pedro (0-1) para depender de ti mismo en la penúltima fecha y salir del descenso cuatro meses, 18 jornadas, después. Y cuando vas a salir, el propio fútbol, ese alumno travieso, te coloca el borrador de la pizarra en la bisagra de la puerta para que se te caiga encima y no puedas marcharte, aunque tu idea era estar fuera.

Te levantas y vas a una ceremonia con lo que más quieres. Y en la iglesia, aunque hay guerras, injusticias, hambre y un largo etcétera de penurias, rezas. Está feo pedir por un simple juego. Lo que ocurre es que no se trata de un simple juego. Comes y te vas más de dos horas antes del inicio a estar con los compañeros tomando café y preparar el vestuario. El guión es de una película para alguien que no está acostumbrado a jugar finales con trofeos de por medio. Penúltima jornada. Dos equipos en descenso y el que gane sale de él. Y no es hasta el descanso cuando te das cuenta que estás a menos de una hora de bajar. No había entrado en tus cálculos que una derrota significaba el descenso matemático. Sólo pensabas en que tú ibas a ser el vencedor. Y entonces te empiezas a poner más nervioso.

Te han clavado un cuchillo y ya juegas sin red. La siguiente cuchillada es para mandarte prácticamente al otro mundo. Y llega. A pesar de que es el segundo disparo a portería del rival. Cuando ya casi has perdido la esperanza, va el tercer tiro y la tercera bala, definitiva. Minutos después entras al vestuario, compañeros cabizbajos y no sabes cómo actuar. Ves a Manu, el mejor portero de Almería, llorando desconsolado e impotente y se te rompe el alma. Porque hay algunos que sí sienten a su escudo. Llega un mensaje a la cuenta de Twitter del equipo, procedente de Barcelona. "Ánimo al club de mis amores, estoy convencida de que los jugadores han dado todo. ¡Volveremos a subir", escribe Vanesa. Un club pequeño, pero que deja huella; de ahí que muchos ex estuviesen apoyando hoy. Porque todos forman parte de la familia de ese escudo.

Un escudo, el del Oriente, que esta noche tendrá pesadillas. Esta noche llorará por los tres puñales recibidos. Esta noche pensará si la magia existiese y el domingo 21 de mayo de 2017 pudiese volver a comenzar. Esta noche sufrirá. Pero que nadie dude que ese escudo mañana se levantará como todos los lunes sale al sol. Y lo hará de verdad. Porque en las malas es cuando se demuestra quién es grande.

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