martes, 14 de marzo de 2017

Juan Rafael

Un árbitro ayuda a levantar a un niño en un partido en las Islas Baleares · futbolbalear.es

Tras ducharse, fue a su coche mientras se comía un plátano. Tocaba recuperar fuerzas después de dirigir dos partidos. La escena era simple, pero también prueba de que son personas y no enemigos. Era Juan Rafael Usero, el árbitro de dos encuentros que se jugaron el pasado viernes por la tarde en el campo municipal El Toyo (lamentable que una instalación nueva ofrezca un vestuario para compartir entre diez equipos de varias disciplinas deportivas). Juan Rafael dio una lección tras otra sin hacer ruido, demostrando que se puede arbitrar un partido sin alzar la voz ni con una actitud chulesca y prepotente. Desde un principio dejó bien claro que los protagonistas eran los jugadores, incluso permitió entrar sin su permiso a los delegados al césped para atender a los pequeños jugadores que se lastimaban. Siempre con una sonrisa, bromeando incluso con los niños, atándole los cordones, dejando que fuesen los entrenadores los que decidiesen el tiempo del descanso, haciendo flexibles las normas y mostrando que la lógica debe imperar por encima de las últimas siempre que se pueda.

Es cierto que los hay muy malos. Y chulos. Pero como todo en la viña del Señor. A aquellos que hablan de teorías conspirativas, les invito a ponerse un silbato durante 60 minutos. A aquellos que sólo saben mentar al trencilla, les invito a ponerse un silbato durante 60 minutos. A aquellos que señalan al colegiado en vez de hacer autocrítica, les invito a ponerse un silbato durante 60 minutos. Lo que tienen que sufrir los árbitros del fútbol base es inhumano, con agresiones verbales fin de semana sí y fin de semana también (echo de menos una huelga arbitral cuando hay agresión física). Por eso, cuando lo ves comiendo el plátano y te das cuenta de que también es humano, toca aplaudirle. Y más tras dirigir dos encuentros con esa humildad y amabilidad. Por más como él.

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