martes, 29 de noviembre de 2016

Los viajes de los martes y jueves

Álex dedicando un gol al que escribe estas líneas ·NGC

Julio de 2010, horas antes de que la testa de Puyol diese la oportunidad de Johannesburgo. Había estado todos los domingos de curso compaginando las crónicas de Tercera, Andaluza y juveniles con los estudios para la tediosa Selectividad. Sin embargo, fue en verano, meses antes de entrar en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Málaga, cuando me dieron la oportunidad de escribir mi primer artículo de opinión en este espacio. Vieja redacción de este diario, al lado de la terraza donde los fumadores mitigaban su ansiedad. "¿Nico, te la han jugado estos cabr..., ¿no? Te han agrandado el espacio de la columna. Por cierto, te voy a dar un consejo para toda tu vida. Los artículos de opinión tienen que tener un punto de crítica. Siempre", me dijo Paco Gregorio, jefe de esta sección. Recuerdo perfectamente ese momento por venir de quien viene, el que considero mi mentor en esto del Periodismo.

Hoy me voy a permitir el lujo de saltármelo por la torera, incluso de usar la primera persona del singular. No siempre vamos a tener que rendir homenaje a uno está en el ataúd. En 2014, tras acabar Periodismo y firmar por Radio Marca Almería, empecé a ayudar a mi tío Domingo, haciendo las labores de delegado de, primero, benjamines, y luego, alevines del Aguadulce. Me dio la oportunidad de meterme en una faceta nueva del fútbol, la de un cuerpo técnico, y siempre se lo agradeceré. Cada martes y jueves, tras el último bocado a la comida, cogía mi bicicleta, la dejaba en su casa e iba a la Compañía de María a recoger a Álex (su hijo y uno de mis mejores amigos a pesar de la diferencia de edad) e irnos a entrenar, pues él está en el equipo. Los diez kilómetros que separan Almería y Aguadulce han dado para mucho durante dos temporadas. Para hablar de fútbol, del entrenamiento, de cómo evolucionaba tal niño, de contra quién jugábamos esa semana... Auténtico carpe diem. 

martes, 22 de noviembre de 2016

Sueño paso a paso

Joaquín posa en la Nochevieja de 2012 delante del Ayuntamiento de Huércal de Almería · Javi Alonso

"Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo. ¿Vale? Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo, ve a por ello. Y punto", le dice Will Smith a su hijo en En Busca de la felicidad. Películas con ese mensaje hay a raudales, como Robin Williams en El club de los poetas muertos. Lo del Impossible is nothing es al fin y al cabo un mensaje publicitario; si no, el 75% de los que escribimos sobre deporte cambiaríamos lo de jugador frustrado por jugador profesional. Pero claro que hay quienes llegan. La alegría del Mediterráneo se llama ahora Joaquín Fernández, canterano de verdad (en el club desde infantil).

Y hay algo de envidia a que un chaval de Almería esté ganándose las castañas en un club profesional, y más si se trata de la UDA. Seguramente será porque a estos jóvenes les gustaría estar en la posición de Joaquín. Yo, personalmente, lo admiro. No por sus cualidades, sino por cómo ha llegado hasta ahí. Paso a paso, sin levantar la voz, ganándoselo él solo y sabiendo quemar sus etapas. Pudo irse en su momento a alguna cantera puntera, pero apostó por esto. Le ha salido bien por su cabeza, entorno y por no desesperar (hubo un tiempo en el que parecía estancado cuando Rivera apostó por jugadores más veteranos).

Al César lo que es del César. Parte del éxito de que el huercalense sea a sus 20 años pieza clave en el equipo representativo de la provincia es de Soriano. Joaquín se lo ha ganado, pero ha sido el maño el que ha apostado fuerte por él. Titular en la debacle de Murcia, desde entonces no ha salido del once, jugando 879 de los últimos 900 minutos. De la camada de Marín, Kiu o Hicham, él ha sabido proteger su sueño. Porque, aunque sea en pocas ocasiones, a veces las metas, por muy difíciles que parezcan, se alcanzan.

martes, 15 de noviembre de 2016

Así, sí

A pesar de que Dubarbier ya está disponible, Nano se mantiene en el lateral zurdo · udalmeriasad.com / LFP

Posiblemente sea más fácil que el AVE llegue a Almería que no enterarte del resultado de un partido que has dejado grabado por imposibilidad de verlo en directo. Visualizarlo conociendo el signo del choque puede condicionar la reflexión, pero el análisis es más sosegado, con las emociones en otro lado. Lo primero que sorprendió en el Sánchez Pizjuán fueron las ausencias de Trujillo y Fidel. De la exclusión del '14' unionista se sacan varias conclusiones. Una fue que hubo meritocracia. La otra, la consolidación de Joaquín Fernández en el once rojiblanco como uno de los pilares de éste. Seguro que rendiría igual hasta de portero.

El fútbol es una ciencia especial. El pasado sábado empezamos perdiendo 0-2 con mis prebenjamines del Oriente habiendo tocado el balón sólo el niño que sacó de centro. Esto condiciona el resto del envite, como lo condicionó el tanto de Cristian González cuando aún no habían finalizado los minutos de tanteo en el Sánchez Pizjuán. No debe ser fácil verse por debajo en el marcador sabiendo que el escudo que portas sólo se ha impuesto en uno de los 28 últimos desplazamientos. A pesar de esto, los de Soriano hicieron anteayer uno de los mejores encuentros de la temporada.

Aunque derrota y dulce sean términos contradictorios, el Almería no fue el de salidas anteriores, llevando el peso del choque y no encerrándose en campo propio. Incluso, con una presión alta en varias fases del duelo. Con un ímpetu propio de un equipo que pretende solventar sus problemas, los unionistas, a diferencia de visitas anteriores, quisieron el esférico, jugando de banda a banda, con un Pozo que sobresale. El resultado fue numerosas oportunidades en puerta rival y no el habitual solitario disparo fuera de casa. Al fin y al cabo, la UDA regresó -por enésima vez- a Almería con una derrota. Pero mejor caer así que no haciendo el ridículo.

martes, 8 de noviembre de 2016

Visitante como local

Ximo Navarro volvió a un mejor nivel en el choque ante el Córdoba · udalmeriasad.com
Artículo Diario de Almería 8-XI-16

Los pies en el suelo, ante todo. El Almería, con tres triunfos en catorce encuentros oficiales, no puede tirar cohetes (cero caso a las indirectas en las redes sociales...). Eso es así. A falta de 90 minutos para alcanzar el primer tercio de campeonato, los guarismos, como el algodón, no engañan. Y analizando los números es fácil comprobar dónde se falla. En el Mediterráneo -a no ser que la dirección vuelva a virar- se ha enderezado el rumbo. Dos triunfos consecutivos, con ocho puntos de los últimos doce, han provocado que la UDA sea el séptimo mejor local de la categoría, encajando sólo cinco goles en los siete duelos disputados.

El problema está fuera, con sólo dos puntos de 18 posibles, cuatro tantos a favor y trece en contra. Las estadísticas no engañan, pero a veces es difícil conocer si se tratan de casualidades o causalidades. Parece lo último en estas trece jornadas. En casa Soriano alinea, por lo general, a los jugones (ante el Córdoba, con Diamanka ya disponible, prefirió la sociedad Pozo-José Ángel). Con un mediocentro puro -excelso Joaquín- la presencia de dos interiores que formen sinergia con Fidel, Quique y Puertas se antoja necesaria. En la elección de esos dos interiores está gran parte del éxito. Y si uno de ellos es Pozo, el triunfo está más cerca.

El problema es que fuera de casa el equipo es irreconocible. Realmente, exceptuando a Gorosito, hace tiempo que no hay patrón de juego establecido por estos lares. Hay ocasiones en las que es necesario adaptarse al rival, pero en esta Segunda irá mejor con una filosofía definida. Con el material que hay y comprobadas las numerosas pruebas, el mejor Almería es el del último mes en el Mediterráneo. ¿Y si olvidan que actúan de visitantes y juegan con ese estilo (y actitud) mostrado ante el Córdoba? De alguna forma hay que borrar esa racha de una victoria en los últimos 28 desplazamientos.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Dolor placentero

Once del CD Oriente sénior en la mañana de hoy · NGC
"El éxito en Derecho es efímero. Estás celebrando un caso y al minuto ya tienes muchos otros de los que encargarte", explicaba Juan Luis Aynat, diputado segundo del Colegio de Abogados de Almería, anteayer en la puesta en escena de nuevos letrados almerienses. En el fútbol la línea entre dormir como un roble y el insomnio es casi imperceptible. Hay algunos que alcanzan la inmortalidad, como Andrés en Johannesburgo, pero la mayoría sobrevive como puede, cual volatinero en un circo cualquiera.

Mientras escribo estas líneas el dolor está ausente, pero cuando me levante para ir a la cama -y dormir como un roble- volverá el pinchazo en el aductor. Hay lesiones tontas. Muy tontas. Como la de Cañizares con el famoso bote de colonia (o supuesta, la leyenda sigue ahí...). Y hay dolores placenteros. Entiendo a aquellos que tienen problemas graves y aprenden a relativizar. Para otros parte de la felicidad depende de lo que ocurre el fin de semana, por eso de las muchas horas dedicadas para la consecución de determinados objetivos.

Es ahí cuando llega el domingo. 13:50 horas. La alegría en clave deportiva no es la mejor después de que tu conjunto de prebenjamines no marcha lo bien que debería. Para más inri, tu equipo del sénior va a finalizar otro encuentro sin los tres puntos. Más necesarios que nunca. Porque, aunque se trate de un encuentro de División de Honor, de anodino no tiene nada. Es vencer y salir del descenso a costa del rival que tienes enfrente, o seguir en él. Recién encajado un tanto de penalti, se prevé otro fin de semana aciago. Pero es ahí cuando aparece Javi Lores. Para no dar por perdido un balón que estaba perdido por la línea de fondo. Parece una contradicción, pero así es este juego. Pase de la muerte y gol de Carlos Camacho para alegría del aductor del que suscribe (Mourinho, Callejón, Di Canio, Mancini...). Sobre dolor, una frase premonitoria. "Me duele el pie y no voy a poder disparar", dijo Carlos al entrenador cuarenta minutos antes. Cosas del fútbol.

Que el éxito es efímero es verdad. Pero que éste depende de si la pelota va dentro del marco o no es una excusa. Por lo general hay mucho trabajo antes de que el esférico vaya entre los tres palos. Lo que tengo cada vez más claro es que la línea que separa el éxito del fracaso es anoréxica. Quizás no sea una línea, similar estructura a la de este artículo. ¿Tiene estructura el dolor?, ¿tiene estructura la felicidad por el gol en la última jugada del partido?

martes, 1 de noviembre de 2016

Los tontos del pueblo

La pelota debería ser lo más importante en el fútbol · lainformacion.com
Artículo Diario de Almería 1-XI-16

Suelen situarse en una esquina de la grada municipal. Su plan para la mañana o tarde del domingo es simple: un paquete de tabaco (marihuana en ocasiones), una bolsa de pipas y a insultar a los jugadores del equipo contrario o linier de turno. De ahí su ubicación estratégica, en esa parte donde se sitúa el juez de línea. En la mayoría de los casos no han dado una patada a un balón en su vida, si acaso en el patio del colegio antes de echarse a la mala vida. Su concepción de tontos ("persona falta o escasa de conocimiento o razón", según la RAE; "persona pesada o molesta", en otra acepción) es diferente a la del que suscribe. Para ellos son aquellas personas que no visten su casaca. Por eso, los improperios durante hora y media. "Tienes que pasar de ellos y centrarte en lo tuyo", le decía un compañero a otro hace poco. "¿Y por qué tengo que soportarlos?", le respondía el último. Además de esta manada de jóvenes (el grupo refuerza su conducta), está el típico pesado, casi siempre ebrio. El resultado y el juego seguramente le darán igual. Su único objetivo es mentar al trencilla durante todo el encuentro. Es la forma en la que intenta olvidar las frustraciones de la semana.

El problema no es sólo cagarse en los muertos del árbitro (literal dado su gravedad), sino que estos actos se ven normales, incluso aceptados. "Es la cultura española. No la vas a cambiar", me decía un compañero la pasada semana. Claro, con esa actitud no se vira nada. Si un niño de cuatro años ve a su padre montar el pollo todos los fines de semana, lo acepta como correcto. Pero imagínense que las federaciones (más preocupadas en otros asuntos menores) y los clubes llevasen a cabo un trabajo para erradicar estos actos desde abajo. Quién sabe si estos actos, vistos como normales porque "pertenecen a la cultura", irían reduciéndose.