jueves, 30 de junio de 2016

El viaje de mi vida (I)

En una bonita fuente en el Boulevard Jean Jaurès de Niza, cerca de la Fan Zone
Seis ingleses hacían un corro en un pub de Niza. El de dentro tragaba una, dos, tres, cuatro y cinco cervezas sin respirar. Un gran embudo era su única ayuda. La victoria de Inglaterra in extremis ante Gales, la excusa de su ritual porque los cinco litros de cebada a la hora que se metía cada uno de ellos los dejaban igual de sobrios. Esta escena me indicó que ya estaba allí. En Francia. En la Eurocopa. Un objetivo marcado años atrás. Marruecos me fascinó hace dos años, por eso de atraparte en ciudades como Fez, alejadas del típico europeísmo. Sin embargo, lo vivido desde el pasado 16 de junio hasta el 28 fue diferente. Porque el balón estaba de por medio. Y eso es crucial.

Esa escena de los ingleses, tan propia de las películas, empezó realmente hace ocho años, cuando el azar quiso que un par de entradas para la Euro de Austria y Suiza llegasen a mis manos. Sin embargo, el viaje fue inasequible. Tiempo después me marqué Francia entre ceja y ceja por eso de la cercanía del país galo. Tras ahorrar dinero, el pasado diciembre realicé una petición a la UEFA para los tres encuentros de grupo y el de octavos de España. La respuesta, meses después, fue negativa, por eso de existir más peticiones que entradas disponibles.

En el segundo corte -gente agraciada no pagó sus tiques- tuve más suerte. Una buena tarde de finales de febrero pude hacerme con las entradas para presenciar el España-Turquía y el Croacia-España. Al día siguiente adquirí boletos para los octavos. No fue sencillo. La UEFA no avisó del inicio de esta segunda fase, que ya no era por sorteo, sino por el tonto el último. Conseguidas las entradas, tocó planificar viajes y alojamientos, algo que es una maravilla para la economía si lo haces tres meses antes del evento.

NIZA
Y allí estaba en la bonita Costa Azul presenciado el corro de los ingleses alcoholizados pero sobrios la noche del 16 de junio, en el descanso del Alemania-Polonia. Estaba cansado tras un largo viaje, pero había que aprovechar la magnífica aventura. Málaga-Ginebra fue el primer avión, antes de subirme en el de Ginebra-Niza. El primer contratiempo fue encontrar el apartamento para recoger las llaves, aunque más difícil se hizo dar con el piso horas después, tras salir del pub donde ingleses y alemanes bebían y bebían, sin móvil y sin un alma en la calle. Locuras de viajar solo. Porque los dos primeros anduve en solitario. Solo, realmente, no. Me acompañaba la bicha. Así llamé a mi bandera. Es un simple trozo de tela, pero con mucho significado. El escudo de mi equipo, el CD Oriente, encima de una bandera de España, y el nombre de Almería debajo. Y rodeado con miles de españoles, como para sentirse solo. Con uno de ellos, un barcelonés llamado Joaquín, hice migas el primer día para acabar hablando y hablando en una de las mesas de ese ya famoso pub de Niza.

A Abidal, ahora comentarista del Bein francés, me lo encontré en la Fan Zone de Niza
La mañana siguiente, la del viernes, se hizo larga, con la ansiedad de querer estar ya en el Allianz Riviera. Era mi debut con la selección española en competición oficial (sólo la había visto una vez, en el amistoso ante Venezuela en Málaga en 2012). McDonald, buscar hilo para atar la bicha en alguna valla del campo y a la Fan Zone. Allí se pasa la mitad de los días, independientemente de la ciudad. La de Niza, a diferencia de otras, estaba dividida en dos zonas. Por una parte, en el paseo marítimo había numerosos juegos y carpas donde pasar el tiempo. A pocos metros, el recinto con la típica pantalla gigante y los puestos de comida y bebida.

En el Allianz Riviera.
"Where have you bought this scarf?", pregunté a dos hombres. "¿Cómo? ¡Nosotros somos de Olula del Río!", me contestaron, antes de reírnos los tres, en esa típica alegría cuando conoces en un lugar perdido de la mano de Dios a paisanos. Para más inri, residían en el barrio capitalino de El Zapillo, cerca de mi casa. Posteriormente, tocó calentar con el Italia-Suecia en la Fan Zone antes de partir rumbo al Allianz Riviera tras numerosas medidas de seguridad. Un cacheo, primer arco de seguridad y mostrar las entradas antes de subir a uno de los autobuses que te dejaban en el campo. Bueno, cerca de él. A dos kilómetros. 1.000 metros andando para llegar a otro perímetro de seguridad. El final del segundo kilómetro llegaba a las puertas del campo de mi debut en una competición continental. El ambiente era ya brutal (días después comprobaría en Lyon, Burdeos y París, que, como el vivido en Niza aquel día, ninguno). Es imposible describir con palabras.

Paseo marítimo de Niza.
Entrar a las 18:00 horas cuando el encuentro es a las 21:00 da para mucho. Como para entablar una larga conversación con uno de los miembros de seguridad, de origen marroquí. La UD Almería, la selección española, nuestra liga... Al fin y al cabo, en Francia nos juntamos ciudadanos de todo el mundo, pero con el mismo objetivo: disfrutar del fútbol. Como disfrutamos nosotros aquella noche del 3-0 a Turquía, de Andrés Iniesta, del "en pie si eres español" y un largo etcétera.

A la mañana siguiente, paseo por la famosa avenida nizarda Promenade des Anglais y a buscar un autobús que me llevase al aeropuerto, algo que no fue nada fácil, ya que un botón de hotel nos dijo una línea errónea. También nos equivocó una mujer, incluso el conductor de otra línea de la empresa de los autobuses. Al final, Dios sabe cómo, me subí a uno correcto junto a tres murcianos y un galés. Los tres vecinos me contaron que habían estado en Alemania en 2006, Austria en 2008, Ucrania en 2012 y Brasil en 2014, incluso en varias finales de la Champions. Muchas aventuras futbolísticas en su haber. Para mí, era la primera grande a nivel de selecciones. Y no me iba a decepcionar...

martes, 14 de junio de 2016

Fichen palistas

En primer plano, Quique, un ejemplo de palista, celebrando un gol suyo ante el Gerona · udalmeriasad.com
Artículo Diario de Almería 14-VI-16

Aunque la sede en la Vega de Acá cierre por vacaciones durante tres semanas, es de suponer que la entidad unionista no se tome ni un día de asueto con el fin de preparar el ejercicio 16-17. Toca aprender de los errores. Son muchos los desaciertos de Alfonso García en la última década, sobre todo, en el último lustro. Pero sería injusto dejar en el tintero que, con el paso del tiempo, ha enmendado muchos de ellos, por ejemplo, el precio de los abonos. El siguiente paso en este tema es un vehículo que vaya por la provincia a despachar abonos o jugadores a colegios. 

Volviendo a los errores, toca rectificar uno gravísimo, que a punto ha estado de mandar todo al retrete, si no es por el bendito pasteleo de El Arcángel hace diez días. Se trata de la planificación. Alfonso giró media circunferencia y pasó de la austeridad habitual de los últimos años a un proyecto más ambicioso, anunciado por el propio club en la campaña de abonos, con el famoso 'Volveremos' (el eslogan se hubiese cumplido con dos puntos menos, aunque la idea era otra...).

El pasado estío aterrizaron jugadores que hicieron un buen papel en sus antiguos conjuntos. Porque el Almería 15-16 no tenía malos jugadores (excepciones fuera). Pero sí un mal equipo. Y en el fútbol el equipo lo es todo. Esto no es el FIFA 16, donde la estrella puede ganar un partido. En la vida real puede acabar estrellado. Incluso el videojuego tiene un modo, el 'Ultimate Team', donde se valora la química entre los distintos jugadores de una misma escuadra virtual. Más allá de la nacionalidad y demás aspectos someros, bien haría Alfonso -o el director deportivo de turno- en conseguir que las piezas engrasen, formando un equipo y no un grupo de jugadores. En el fútbol, al igual que en el remo, el éxito está en que los palistas vayan al unísono, y no cada uno a su bola.

P.D.:
¡Nos leemos en julio!

martes, 7 de junio de 2016

Fracaso tras fracaso

La afición rojiblanca es de lo poco que se salva en el último lustro · udalmeriasad.com
Artículo Diario de Almería 7-VI-16

Quienes hemos escrito acerca de los problemas de la UDA recibimos en muchas ocasiones la manida respuesta de "eso, a final de temporada". Para esos, ya ha llegado la hora. Sería de justicia que pusiesen nombre y apellidos a las fatalidades del Almería, con el fin de solucionarlas, y no pasar página para volver a tropezar de nuevo con la misma piedra. Simeone catalogó de "fracaso" perder dos finales de Champions. Discutible. Lo que es innegable es que el término sí se debe aplicar al curso del Almería. No se trata de 90 minutos malos, sino de diez meses, incluso de un lustro, con la excepción del ascenso de Javi Gracia (qué buena hubiese sido su renovación...).

No se puede negar que algo está haciendo mal el club cuando desciende a Segunda con 30 pírricos puntos (10-11), sin colarse entre los seis primeros de Segunda en la 11-12. O cuando tiene que recurrir a la Patrona para hacer diez puntos de doce para poder continuar en Primera (13-14). O cuando no consigue una permanencia en la liga más barata de los últimos años (14-15), salvándose hasta el antepenúltimo. No se puede negar que algo se está haciendo mal cuando en estas seis campañas han pasado ¡catorce! entrenadores por el banquillo del Mediterráneo.

La solución no es fácil. Quizás más que fijarse el regreso a Primera, habría que empezar a tocar los cimientos. Esto es, profesionalizar la entidad, ampliando los departamentos y dejarse asesorar (o delegar) Alfonso en profesionales cualificados. Lo de la limpia dentro del vestuario parece claro. Excepciones aparte (caso de Ximo y otros), el plantel tiene que ser nuevo, formado por gente con los pies en el suelo y ganar de triunfar en el fútbol. Porque recuerden que, aunque la broma 15-16 ha enseñado a valorar la Segunda, el ejercicio ha sido un fracaso. Y ante eso hay que actuar. Mucho.

miércoles, 1 de junio de 2016

Las 16:45 horas

Detrás de la cama desde donde estoy escribiendo estas líneas está la bolsa verde tirada en el suelo. Como siempre, está llena de ropa deportiva. Pero hoy, por primera vez desde octubre, falta algo dentro de ella: la libreta con los ejercicios que planifico antes de cada entrenamiento. Hoy me tendré que conformar con el rato de gimnasio, pero la pelota no rodará. Si acaso, la medicinal y sólo para recordar tardes más divertidas. 108 entrenamientos después (54 por grupo), llega el parón de final de temporada. A decir verdad el domingo nos volveremos a reunir para despedir el curso de la mejor manera, pero un miércoles sin estos pequeños ángeles -o demonios, califíquenlos como deseen- se hace raro.

Porque ya son las 16:45 y no escucho a Andy dándome las buenas tardes. Ni a Pedro sollozando porque tiene que levantarse de la siesta. Pero una vez que se levanta -o levantaba- era un chaval de 18 años en un cuerpo de cinco. Dentro de nada serán las 16:50 y no veré a Ángel contándome qué imagina su mente. "Dale con el interior", le decía. "¿Sabes, sabes, profe, que antes he luchado contra un dinosauio? ¡Un dinosauio así de grande!", me respondía con su inocencia de tres años. Pero, eso sí, le daba con el interior. ¿O iba a esperar menos de un ángel llamado 'Ángel'?

Avanza lentamente la tarde y la bolsa verde sigue hastiada en el suelo de la habitación. No estoy escuchando a Denís (el poder del fútbol consigue englobar todas las nacionalidades posibles) quejándose de que no es capaz de saltar las vallas con los pies juntos, que le da miedo. Pero al final lo consigue. Porque los valientes ganan al miedo. Y no hay nada mejor que superar eso, ni una victoria. Bueno traduzcan victoria por tres puntos. Porque para victoria la de Diego y su cara de no haber roto un plato en su vida. No lo ha roto y nunca lo romperá. Si no recuerdo mal, no le he tenido que llamar la atención ni un solo día. Y eso en muchos meses es de una probabilidad ínfima. Pero que se va a esperar uno de un chaval de cuatro años que se pega un piñazo de los buenos haciendo un ejercicio en una montaña con piedras y lo único que desea es no llorar para demostrar que se trata de un tipo fuerte. Vaya que si lo es.

De Aarón sí que no me puedo olvidar aunque sean ya las 17:00 y siga en la cama. Porque Aarón se te aparece aunque no pronuncies tres veces su nombre. Es lo que tiene tener tanto nervio. Tanta ambición. Querer ganar siempre. Para nervio, el de Dani, la última incorporación. Otros tres años. ¡Tres años! Un mundo con los cinco de Francisco, el mayor del grupo, siempre preguntando. Mente inquieta la suya. Como la de Ibrahim, un tío que lo mismo te juega al fútbol que al baloncesto.

Sigue avanzando la tarde. Continúo escribiendo estas líneas que quizás lea alguien. O quizás no. Quién sabe. Hubiese preferido tener que darle un beso a Diego después de su rutinaria caída al imitar a Usain Bolt. Pero es lo que toca. Todo en la vida tiene un principio y un final. No sé si el privilegio de contar con este grupo ha llegado a su fin. Ojalá en unos meses sigamos compartiendo vagón en el tren de la vida. Lo que más deseo en este momento es que los niños prosigan en el vagón del deporte.

Ya son casi las 17:45, hora del grupo mayor, de seis y siete años (menos juegos y más fútbol). Mientras escribo tumbado en la cama, se me ha pasado el tiempo volando, en parte, por ver una, otra, otra y otra vez el vídeo del juvenil del San Roque de Lepe. "El fútbol es la vida", dice su entrenador. Vida y vitalidad. La misma de Dani. Atom podía ser su apellido (¡menos patrullas caninas y más Óliver y Benji!) por eso de tener siempre un balón pegado al pie. Como Samuel, el Raúl González del equipo. Llega el primero y se va el último. Al día siguiente, vuelve a ser el primero y marcharse el último. Así siempre. Amor por la redonda. Si Dani es Óliver, Adrián y Esteban son Bart y Milhouse. Siempre riendo, siempre haciendo reír, algo que tanto se echa de menos en esta vida. O el comportamiento de Idri y Adrián Domínguez. Y si no Antonio. Le dices que haga una conducción con la pierna mala y te la hace, le dices que se pegue con la pared y se golpea. Compromiso al máximo. Tampoco me puedo olvidar de Hatim y Camilie, y es que un equipo sin hermanos no es un equipo.

Se supone que tendría que enseñarles algo yo a estos pequeños del CD Oriente, pero más bien el emisor de los conocimientos es el mayor receptor, puestos que son ellos los que te deleitan en cada sesión con algo nuevo. Es lo que tiene tratar con ángeles. A pesar de que no compiten (se trata de dos equipos de Escuelas), se lo pasan en grande. Como yo con ellos. Mejor que cualquier tarde en la cama con la bolsa verde muerta de risa.

P.D.: gracias a Diego Clemente, juvenil del club, por echarme una mano y enseñar también a estos diablillos. Ángeles, perdón.