martes, 23 de febrero de 2016

Solo Albacete

Quique, controlando un balón en un entrenamiento en el Anexo, será baja ante el Albacete · udalmeriasad.com

Los palmeros apuntarán a Ruipérez Marín, por ese surrealista momento que termina con Quique siendo expulsado. Pero el análisis tiene que ser más realista y profundo porque los dos puntos escapados de Mendizorroza se empezaron a marchitar cuando la UDA se encerró atrás. Pero lo hizo sin sentido ninguno ni práctica de ese otro fútbol, que tan importante es y que ninguno de los rojiblancos pareció conocer.

Hace tiempo comentó Pellerano a Rafa Espino y al que suscribe esto a la finalización de un encuentro en el Mediterráneo que en el momento que un técnico hace un cambio como el de Lolo Reyes por Chuli el subconsciente del jugador que está en la cancha apunta a que hay que dar un paso atrás. Y ahí empieza el tembleque y ese miedo atroz a no ganar que escribía ayer Paco Gregorio en su crónica. Por ese miedo se entiende que un zaguero, caso de Raúl García (a veces se tiene en casa lo que tanto se busca fuera), rematase sin marca dentro del área para materializar la igualada. En realidad, un punto fuera de casa, y más en el feudo del líder, no es malo. El problema es cosechar derrotas y empates en tu campo ante rivales del montón.

De ahí que el choque del próximo domingo ante el Albacete se antoje vital. Una derrota o empate en casa ante los manchegos -en descenso-, unido al 3-0 de la ida sería un palo cuasi mortal. Sería bueno olvidarse de árbitros y de por qué se han perdido tantos puntos en los últimos cinco minutos, y resetear el sistema. Pensar sólo en el Albacete.

En el fútbol se magnifica todo y hay varios partidos del siglo todos los años, pero no sería descabellado pensar que el encuentro de esta semana es de los más importantes en la historia de la UDA. No sumar los tres puntos más el consecuente componente psicológico pondría la permanencia muy lejos. Y descender a Segunda B sería una cornada brutal.

martes, 16 de febrero de 2016

Desesperación

Ramírez, que salió en el segundo acto, fue de lo poco potable ante el Lugo · udalmeriasad.com
Artículo Diario de Almería 16-II-16

"Pérdida total de la esperanza" o "alteración extrema del ánimo causada por cólera, despecho o enojo". Así define la RAE el término 'desesperación'. Imagínese aquel estudiante que ha hecho un importante desembolso económico para marcharse cuatro (si vas a curso por año) o cinco años a otra ciudad para hincar codos con objeto de sacarse un Grado. A lo que hay que sumar horas y más horas de cursos, inclusive el de inglés (para los de la EGB, ahora hay que aprobar un B1 de otro idioma para tener el título universitario, a pesar de que las asignaturas sean en castellano). Después de los miles de euros invertidos la mayoría de la juventud se topa con un difícil mercado laboral, en el que predomina la escasez de puestos, demasiados con sueldos irrisorios. Esa es la desesperación de los preparados jóvenes, marionetas en manos de bastantes jefes déspotas, conocedores de la situación. Al final, éxodo, con la desesperación creciente al ver que muchos ocupan altos puestos por puro enchufe, intrusismo laboral incluido.

Desesperación en cualquiera de las dos primeras acepciones de la RAE. Desesperación como la que viven los seguidores unionistas. "El fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes", dijo Valdano. De ahí que el esperpento ante el Lugo -el enésimo en los últimos años- no sea asunto menor. Desesperación es la ausencia de un organizador. Desesperación es contemplar que un jugador pasa de la grada al césped en seis días, del césped a la grada en otros tantos. Desesperación es comprobar cómo cuatro técnicos no han arreglado el desaguisado. Desesperación es la falta de autocrítica de los que visten corbata. Desesperación es la falta de ilusión. Desesperación es que un equipo del montón te encierre en los últimos minutos a pesar de que vas perdiendo. Desesperación es la sensación de que nadie sabe qué hacer.

martes, 9 de febrero de 2016

Cueste lo que cueste

Quique, disputando un balón en Pamplona, está siendo de los mejores unionistas este curso · osasuna.es

Tres años a esta parte, excepto en contadas ocasiones, cada encuentro del Almería es un suplicio. Fuera de casa y a la hora de la siesta, no encontrarse con Morfeo es un reto. Sin patrón de juego ni identidad, incluso la ausencia de un organizador parece cuestión menor. Llegados a este punto, a qué se juega es lo de menos. En clave de cantera, el camino es esencial, pero en la situación en la que está el Almería el estilo -nulo en este caso- no es lo más importante. De ahí que el suplicio del pasado domingo en Pamplona -el mismo de casi todos los fines de semana- se redujese tras hacerse el cuadro unionista con un importante punto, puesto que se trataba de una de las plazas más difíciles de Segunda.

Aunque los que sean habituales a esta columna conozcan el gusto por el resultadismo en el fútbol profesional por parte del que suscribe, es cierto que es de agradecer una propuesta vistosa de juego, con la que el espectador disfrute. No tiene por qué ser el moderno tikitaka. De hecho, es de alabar la apuesta del equipo de moda del fútbol europeo, un Leicester que maximiza sus recursos, con ese juego directo y práctico que le ha llevado hasta el liderato de la Premier.

El patrón de juego indica el camino hacia el objetivo de la victoria o el empate. Si Gorosito ha decidido que lo mejor es hacerse fuerte en el aspecto defensivo con esa zaga de tres centrales más dos carrileros, bienvenido sea. Da igual que uno sestee viendo al Almería, puesto que lo fundamental ahora es hacerse con los puntos. Es preferible esto que apostar erróneamente por un sistema de juego incompatible con las herramientas que se posee, tal y como ocurría, por ejemplo, con Sergi.

Expuesto esto, desde inicios de la pasada década, esta ciudad ha tenido equipo en la LFP. Sería una pena que por culpa de unos cuantos, la UDA se fuese al pozo del balompié nacional.

martes, 2 de febrero de 2016

Acierto en el experimento


Cada partido del Bayern es una delicia a nivel táctico. La suma de las características de sus jugadores más Guardiola provoca que, por ejemplo, anteayer, ante el Hoffenheim, saliese de partida con sólo dos zagueros puros. En todo encuentro que se precie se intenta buscar la ocupación racional de los espacios. Hasta en el partidillo que echamos el pasado sábado los compañeros de este diario. La diferencia es que en el pequeño campo de fútbol 7 de La Cañada lo del esquema quedó en agua de borrajas a los diez minutos, mientras que los muniqueses elevan esa ocupación del espacio a su máxima expresión.

En clave unionista, parte de los tres puntos ante el Zaragoza radicó en el aspecto táctico. El innegable trabajo de Quique unido a su inspiración y a la de Chuli, o la labor encomiable de Ximo son parte de culpa de esa importante victoria. Pero el encuentro empezó a fraguarse en la pizarra con ese cambio de sistema: 3-4-3 en ataque y 5-2-3 en defensa.

"Quisimos hacer la cancha un poco más ancha y ganas espacio interior con Kalu y Quique", explicó Gorosito en la rueda de prensa posterior al duelo. La ausencia de un canalizador del juego en el centro del campo llevó a plantear el encuentro desde las bandas, con dos carrileros, algo inusual en el fútbol moderno. El problema es que las subidas de Dubarbier desnudan sus carencias defensivas con zaga de cuatro. Aunque ante el Córdoba dio la sensación que lo de los buenos centros no iba con los laterales unionistas, ante el Zaragoza las proyecciones en ataque de Iago y Dubarbier (perdóname, Raúl) sí surtieron efecto, proporcionando los balones que necesitan Quique, Chuli y compañía. La duda ahora es si ese cambio de sistema va a ser prolongado y si funcionará en otro tipo de partidos. Si no, siempre quedará el "4-4-2 y que los interiores manden balones a la olla", como dice un colega.