martes, 26 de julio de 2016

Nombres propios

Ximo Navarro, en la sala de prensa del Mediterráneo · udalmeriasad.com

Está más que demostrado que el fútbol es un deporte colectivo, cobrando las sinergias una importancia capital. El propio Almería lo sufrió en sus carnes, pasando en unos meses del ascenso como algo prioritario a tener que celebrar la permanencia en Segunda como algo al alcance de muy pocos. Tener el trasatlántico de plata en julio de nada sirvió durante la propia temporada. De ahí la importancia de hilar fino estas semanas. Es de entender la prisa de aquellos aficionados que muestran que la UDA está en la cola de los conjuntos que más incorporaciones han hecho, pero más vale tardar y acertar que cerrar el plantel en julio para terminar pegándosela en mayo.

Fútbol como deporte colectivo, pero con piezas indispensables. El primero, Ximo. No fue casualidad que la segunda vuelta del Almería fuese mejor que la primera coincidiendo con el regreso del '4' tras su lesión. Y eso que no es fácil destacar estando tanto tiempo en el dique seco. A no ser que el jugador presionase mucho una posible salida, no se debe vender ni por todo el oro del mundo. Es preferible perder ese dinero que tener que pagar la ficha de cinco 'Goñis'. 

También se especula sobre Quique. No es la panacea de técnica futbolística, pero cumple con todos los factores que el Mediterráneo exige. Además, es difícil acertar con un sustituto que supere a un quinto máximo goleador de toda la liga. Volviendo a la zaga, tal y como expuso Paco Gregorio anteayer, es obligatorio la incorporación de un lateral izquierdo de nivel, visto que donde de verdad rinde Dubarbier es más arriba. Dos laterales izquierdos, si me apuran. ¿Algo más? Un delantero diferente a Chuli y Quique que suba el número de efectivos a 23. Y un interior y un medio si se marchan Puertas y José Ángel. Pero hilando fino. Estas semanas son las más importantes del año.

martes, 19 de julio de 2016

¿Qué quiere el Almería?

La continuidad de Soriano durante muchos años sería muy importante para la UDA · udalmeriasad.com
Artículo Diario de Almería 19-VII-16

En estos tiempos que corren es de agradecer el periodismo de análisis y con poso, de tipos como Axel Torres. En su segundo libro, Franz. Jurgen. Pep., escrito junto a André Schön y Guillermo Valverde, expone la evolución del fútbol alemán, tomando como punto de partida a Beckenbauer, pero con una importancia gigante de Klinsmann. Según el libro, el actual técnico de Estados Unidos fue clave para los germanos, no sólo por el tercer puesto de 2006 en su Mundial, sino por ser el punto de inflexión en una filosofía de juego. La selección germana y el Bayern como vasos interconectados. Klinsmann no completó ni un curso en Múnich, pero Axel, André y Guillermo valoran la hoja de ruta marcada, cambiado ese fútbol físico y de contragolpe por el moderno de toque, paciencia y dominio a través de la posesión, consagrado en Alemania por Guardiola.

Importantísimo el cómo, no sólo en el terreno de juego, sino en todo lo que hay alrededor del esférico, dos sendas conectadas en las que tendría que empezar a andar el Almería, sin rumbo en los últimos años. ¿Presión? Si acaso en situaciones límite, como jugarte la LFP en diez días. Pero si los grandes clubes y selecciones, con abundantes agujas procedentes de diferentes sectores pinchando, son capaces de marcar una hoja de ruta, ¿por qué no iba a poder hacerlo la entidad unionista?

Lo más importante, antes incluso de trabajar, es plantearse qué se quiere. ¿Luchar por el ascenso o conformarse con conseguir la permanencia? ¿Confiar en un estilo a medio-largo plazo o cambiar de entrenador cada medio año? ¿Darle galones al técnico o que el presidente inicie y finalice el proceso de un fichaje? ¿Apostar de verdad por la cantera, con gente de Almería y alrededores, o pagar a intermediarios para formar el B con canteranos? ¿Profesionalizarse en los distintos estamentos del club o seguir siendo un cortijo?

miércoles, 13 de julio de 2016

#TodosSomosLeoMessi

Messi se lamenta de una ocasión errada · marca.com
Artículo Diario de Almería 13-VII-16

En 2013, cuando el que suscribe esto terminaba Periodismo (en mayúscula, como Medicina) en Málaga, centenares de personas se concentraron en la Ciudad de la Justicia para apoyar a Isabel Pantoja, condenada a 24 meses de prisión por blanqueo de capitales. ¡Hasta le aplaudieron en la puerta! Tres años después la Audiencia Provincial de Barcelona condena a Leo Messi a 21 meses de prisión por tres delitos fiscales. El argentino defraudó 4'1 millones de euros a Hacienda en 2007, 2008 y 2009, consecuencia de no haber tributado en España los ingresos de 10'1 millones percibidos por sus derechos de imagen.

El primero en apoyar al jugador ha sido el Barcelona, impulsando una campaña popular de apoyo al ariete, "invitando al barcelonismo a expresarle al mejor jugador del mundo su apoyo incondicional mediante las redes sociales", según la entidad. El nombre del hastag, #TodosSomosLeoMessi, muestra una línea entre la risa y el bochorno. Que el Barcelona anime a su jugador estrella es discutible, ya que se trata de su patrimonio. Donde entran arcadas es en leer tantos mensajes de ánimo, incluso de defensa, por parte de aficionados.

Un tipo te roba y tú le aplaudes. El delito no es presunto, sino que ya lo ha dictaminado un juez. Ante la excusa de Messi de que él se dedicaba a jugar al fútbol y confiaba en su padre y en los abogados, la Audiencia de Barcelona indica que "actuó con ignorancia deliberada", que "el desconocimiento evitable no es un error y no puede provocar una descarga de la responsabilidad" y que "con la impunidad de esos casos se dirige a la ciudadanía el mensaje de que es preferible inhibirse que preocuparse". Así que nada de expresar el apoyo incondicional a un tipo que ha defraudado millones de euros. Da igual que sea argentino o español, del Barcelona o del Madrid, pintor o futbolista. No seamos más necios.

domingo, 10 de julio de 2016

Infinitos partidos

Súper Víctor, en un encuentro de la Eurocopa 2016 · elmundo.es
Era un rey de la pista. Yo iba con Víctor, un extremo a la vieja usanza a pesar de sus diez años. Pero el espacio era reducido esta vez. Apenas quince metros de largo y cinco de ancho. Cuatro chanclas delimitaban las dos porterías en el peculiar campo improvisado en el Paseo Marítimo de Aguadulce, con el mar en calma de espectador de lujo. Me pasa el Beau Jeu (balón de la Euro 2016) para que le haga la pared y se regatea con caño incluido al último defensor. Lo empuja al gol y victoria. Salta a la arena, ya fría, y lo celebra como Griezmann acostumbra últimamente. Y eso que no es del Atlético, sino del Madrid, pero el buen futbolista se aplaude.

A 2.000 kilómetros donde el pequeño Víctor, el que suscribe estas líneas y unas cuantas almas de futbolistas más, y dos días noches después, el propio Griezmann se juega la corona de Europa. También con el Beau Jeu. El mismo que tiraban al aire los aficionados galeses en París tras su pase a cuartos (junto a cerveza y más cerveza). O el mismo con el que jugaban los irlandeses borrachos en un campillo de la Fan Zone de Burdeos. Porque el espíritu al final es idéntico. Con motivo del Mundial de Brasil escribí hace un par de años un artículo titulado '64 recuerdos', en el que exponía la importancia de cada encuentro de una Eurocopa o Mundial. Quizás era por eso de celebrarse cada cuatro años o porque me encanta el fútbol de selecciones. Este mes he cambiado de opinión. Ya no es que cada encuentro tenga un recuerdo. Es que se puede sustituir el término 'encuentro' por el de 'momento'. Porque el momento de Víctor, el de los galeses en París o el de los irlandeses en Burdeos también son encuentros de la Eurocopa.

Una Eurocopa que parece que empezó ayer y que hoy llega a su fin (debería ser obligatorio asistir a un evento de este tipo). Ese vibrante Francia-Rumanía no fue hace horas, pero lo bueno se acaba rápido, en concreto, esta noche. La lógica apunta a Francia; el Maracanazo, el Centenariazo del Dépor o la Grecia del 2004 indican que hay espacio para la sorpresa. Aunque al fin y al cabo, eso es lo de menos. Con lo que me quedo en este mes inolvidable es con la fiesta del fútbol en sí. Esa que reencarna Víctor imitando a Griezmann, mismo espíritu que el propio delantero del Atlético, mismo espíritu que los galeses o irlandeses. Mismo espíritu que cualquier aficionado al fútbol. Porque esto -razón de su fantástico embrujo- es global, como indica la mascota del torneo, Súper Víctor, en el anuncio previo a cada partido.

martes, 5 de julio de 2016

Alegría

Esta foto, de 2008, me encanta: mi abuela Ana le cuenta algo de fútbol a mi primo Álex.
Artículo Diario de Almería 5-VII-16

Gente con clase y clases de gente. Ella tenía clase. Hasta para irse al otro mundo. Ni un día en el hospital. Sin sufrir. ¿Triste por alguien que transmitía alegría? Mejor evocarla con felicidad. En la última conversación le conté el fiasco de España ante Italia. Le gustaba mucho el fútbol. Me daba alegría marcar su número de teléfono e informarle de lo que había hecho España, su Almería o su Madrid. A veces ya lo sabía tras escucharlo en la radio o "ver el partido en el teletexto", como decía. "Si no ganamos, no saldremos de los puestos rojos", continuaba, refiriéndose a la UDA.

Alegría al recordar el momento del domingo por la noche, cuando aprovechábamos que la vieja tenía Canal Plus y me iba a ver el partido del día. Ella, su hijo, su nieto, su yerno, el fútbol y pizza. No hay mayor felicidad que eso. Me río del dinero. Alegría cuando disfrutaba viendo en el Paseo Marítimo a mi primo Álex dándole zambombazos a un balón que era más grande de él. Alegría al recordar que, aprovechando una visita del Patronato Municipal al Estadio de los Juegos Mediterráneos, se coló y fue "de las primeras en pisar el césped recién estrenado".

Unas tres veces en semana rememoraba, con los ojos bien abiertos como si viajase en el tiempo atrás, que vio en el Paseo de Almería al Valencia campeón de los 40, con "Mundo, Eizaguirre...". Quizás no se acordaba de lo que había almorzado el día anterior, pero sí que hace 70 años vio a Mundo e Eizaguirre. O que entraba "de gorra" en el extinto campo de San Miguel para animar a la Ferroviaria, de su amigo el Compadre (Juan Soler) en los 40. Fue de las primeras mujeres en ir al fútbol (después iba con su marido al Estadio de la Falange). El sábado Dios se llevó a mi abuela Ana a sus casi 93 años. Estate tranquila, seguimos en tu senda de la alegría. Pero, ¿a quién llamo yo ahora después de un partido? ¡Te queremos!

El viaje de mi vida (y III)

En Saint-Denís, un par de horas antes del Italia-España.
Mi amiga Brenda se alegró cuando Perisic le puso las banderillas al combinado español. Por una parte, a mí no me desagradaba ser segundo de grupo, por eso de tener una logística más sencilla y, sobre todo, por ver un Italia-España en Saint-Denis. De hecho, desde que me hice con las entradas para los octavos de España, cuando me preguntaban qué encuentros iba a ver, contestaba "ante Turquía, Croacia y el de octavos, que, puede ser contra Italia en Saint-Denis". Y así fue finalmente. Contra Italia en Saint-Denis. Sin embargo, fue de lo más light de mis casi dos semanas en tierras francesas. Supongo que el resultado lo condicionó todo.

PARÍS
Dije adiós a Burdeos (mi ciudad fetiche de Francia) para poner rumbo a la capital gala el viernes anterior al encuentro. El plan era sencillísimo: tren rápido y en poco más de tres horas estaba allí. Otra opción más económica era recorrerse media Francia en autobús, pero era mejor ganar tiempo y ver la que dicen que es la ciudad del amor.

La lógica indicaba que había que ir a Lens (siendo primeros = no perder ante Croacia). Con el gol helado de Perisic tenía cuatro días en París, aunque hubiese preferido reducirlos con tal de estar en el lado fácil del cuadro. Sin tiempo de lamentarse y con el mapa de las infinitas líneas de metro y RER (ferrocarriles rápidos con precios económicos), llegué rápidamente al peculiar barrio de Saint-Denís. La casera me avisó de la multiculturalidad de la zona, incluso del bullicio por las noches en el parque que tenía a cinco metros del piso. Como si eso fuese un problema. Es cierto que horas después, a las dos de la madrugada, corroboré las palabras de la tal Lafita, con una quincena de chinos disputando un partidillo nocturno en el campillo donde se olvidan los problemas y lo único que importa es el balón. Y yo tan tranquilo porque el balón nunca es problema.

Posando en el Parque de los Príncipes.
Ese viernes visité París. Era mi tercera vez allí, pero la primera en solitario, así que aproveché para marcar el ritmo. Antes de rodearme de estresados turistas en el centro, visité el Parque de los Príncipes. Pero poco pude ver por las medidas de seguridad. Sin móvil, una chica española que trabajaba para un catering austriaco que iba a operar al día siguiente en el Gales-Irlanda del Norte (este mundo tan globalizado...) me hizo el favor de echarme una foto en las inmediaciones del feudo del PSG para enviármela después.

Foto obligada delante de la Torre Eiffel.
La segunda parada, obligada, era la Torre Eiffel. Desde la salida del metro hasta el monumento, mucha gente ganándose la vida como puede vendiendo llaveros, banderas o bebida. Otros estafan a turistas con el timo de los trileros. Antes de llegar a la propia torre, toca foto con la bandera, sucia tras una decena de días recorriéndose Francia de este a oeste y de sur a norte. Un mejicano, también buena gente, inmortaliza el momento con su cámara para después mandármelo.

De la Torre Eiffel al Arco del Triunfo para dejarme llevar por los comercios de la Avenida de los Parques Elíseos, con final en el Louvre, antes de relajarme en los propios Parques, con el sol poniéndose lentamente. La mañana siguiente (la del sábado 25) fue mucho más estresante. A las 8 ya estaba en Montmartre para (intentar) arreglar el móvil en una de las 60-70 tiendas de móviles que hay en el famoso barrio. Basílica del Sagrado Corazón después, sin poder disfrutar de los típicos pintores (estarían durmiendo...) y 35 euros después en la tienda de móviles, se supone que por arreglar el móvil, aunque sigo pensando que ni lo tocaron...

Después, el momento más duro del viaje, junto a la derrota ante Italia. El resumen es cinco horas en Notre Dame esperando a mi amiga Brenda, aterrizada desde Canarias, sin móvil y sin encontrar un locutorio. Sin nada, exceptuando Campos de Níjar, libro que terminé y que me hubiese dado tiempo a empezar, terminar, empezar y terminar todas las veces que hubiese querido. Al final, tras una decena de estaciones de metro, un locutorio en algún lugar perdido del mundo y Dios sabe cómo se arregló el desaguisado.

El día lo terminamos... adivinen dónde... en la Fan Zone. Bueno, en las dos de París. Primero fuimos a la de Saint-Denís a ver Gales-Irlanda del Norte. Decepcionante. De la decena de Fan Zones me ha faltado por ver la mitad, pero estoy seguro que la de Saint-Denís es la peor con diferencia. Eso sí, peluquerías no faltan en el famoso barrio parisino el día y a la hora que sea. El sábado lo cerramos en la de la Torre-Eiffel, con el Croacia-Portugal. Momento mágico: fútbol con el famoso monumento, iluminado, justo detrás de la pantalla gigante.

Realmente me decepcionó París, sin ambiente de fútbol comparado con Niza, Burdeos o Lyon. Supongo, que al ser más grande, no está todo tan concentrado, pero apenas se notaba que había Eurocopa. Y ni qué decir de Disneyland París, a donde fuimos el domingo. El famoso parque temático, con un 30% de las atracciones cerradas por reformas, es totalmente ajeno al torneo. Al menos, disfrutamos como niños allí, ya con la compañía de mi amigo almeriense Andrés, aterrizado desde Hamburgo, donde reside ahora.

Vimos hasta un espectáculo musical de Frozen en Disneyland.
Se suponía que el lunes 27 también íbamos a vivir emociones fuertes, pero el día 12 de mi aventura decepcionó. Ambas Fan Zones cerradas, lo que disminuyó el ambiente de italianos y españoles. Dentro de Saint-Denis, todo muy bonito hasta que Fábregas sacó de centro. Entonces empezó a llover fuerte, presagiando la que se avecinaba. El desenlace, con una eficaz y superior Italia, ya lo conocen todos.

Al día siguiente, París-Málaga vía área y Málaga-Almería en un autobús cada vez más rápido. "Abuela, ayer estuve en Saint-Denís viendo Italia-España. Pero perdimos. Estamos eliminados, ¡vaya mierda!", le dije por teléfono. Ese fue el final de una aventura espectacular...

viernes, 1 de julio de 2016

El viaje de mi vida (II)

Mi amigo Mada coloca su bandera rumana en el Croacia-España, en Burdeos.
Llegar hasta Burdeos no fue sencillo, como escribí ayer. Los 800 kilómetros que separan Niza y la capital de Aquitania los recorrí en poco más de una hora por vía aérea, pero el reto fue llegar hasta ese avión. Sábado 18 de junio (parece que fue ayer...), la portada de L'Equipe titulaba Quelle fieste, honores a una España favorita, que aún estaba viva en el campeonato. La suerte del campeón -ya eliminado- nos ayudó a coger no recuerdo ahora qué linea para llegar hasta el aeropuerto de Niza.

El poco tiempo que duró el vuelo me dio para conocer a Nacho Cañizares, almeriense que trabaja en Televisión Española, que viajaba junto a otros compañeros de prensa. Ya en tierras bordelesas, quedé con Mada, amigo rumano afincado en Almería y recién llegado ese día desde España. Les prometo que tardé más en completar el recorrido -en un viejo autobús- entre el aeropuerto y la estación de trenes Saint-Jean que en el trayecto Niza-Burdeos. Menos mal que iba a compartir este viaje de ensueño con uno de los míos. Pero varias horas sin perderse eran muchas horas. Así que tocó rezar para poder encontrar nuestro nuevo apartamento. Con el GPS del móvil riéndose de dos almerienses en una ciudad grande como Burdeos, había que encontrar la Cours de l'Yser como otrora, preguntando al pueblo. La avenida era grandísima y desconocíamos el número del piso. Mada leyó Aquitania en la dirección y fue buscando eso, cuando, en realidad, indicaba la región francesa en la que está Burdeos. Un milagro quiso que nos topásemos en aquella avenida gigante con nuestro anhelado piso, por eso de que en Francia se suele poner el apellido del propietario en el porterillo, en vez del típico 4ºB de España.

Dejar las maletas y una ducha. Eso fue lo que estuvimos en el piso. Había que aprovechar el tiempo. ¿Qué es una Eurocopa sin Fan Zone? Allá que fuimos a ver la primera parte de un infumable Portugal-Austria. ¿El mejor partido que presenciamos en Francia? El de seis irlandeses ebrios ante los típicos seis jóvenes franceses que siempre ganan en el rey de la pista. Allí, en la jaula de la Fan Zone, con un centenar de aficionados animando a los irlandeses la historia fue otra.

Un irlandés pide la tarjeta tras la 'dura' entrada a su compañero, revolcándose al fondo.

La segunda mitad del Portugal-Austria la vimos en el bar de comida rápida del amigo Dimitri. No recuerdo bien el nombre del local. Quizás era FCK. O CKF. O QFC. No lo sé. Imposible recordarlo. Alrededor de la estación Saint-Jean, hay un establecimiento de comida rápida -especialidad pollo- cada diez metros. Entre uno y otro, local para kebabs (algunos no tienen cerradura) y un sex shop. Entre bocado y bocado (a las alitas de pollo...), los irlandeses nos deleitaron con sus divertidos bailes. ¡Y eso que Bélgica les había metido tres chicharros horas antes! Terminamos la noche subidos en un autocar destino a Lyon. Objetivo: Rumania-Albania.

LYON
Allí nos despertamos hace ya dos domingos. En la capital del fútbol francés no hace mucho. Aquellos tiempos de Juninho Pernambucano, la bestia negra del Madrid. Nuestra bestia fue la simpática -eso parecía al principio- dueña de una cafetería cercana a la estación. A saber las pintas que nos vería que se agenció 15 euros por dos zumos de bote y dos tostadas. Sabedora de su jugada, metió la mano en mi cartera para coger la tarjeta de crédito por si se nos ocurría salir corriendo.

A media mañana visitamos el Stade Gerland, antigua casa del Olympique de Lyon, mientras comprobamos la euforia exacerbada de los aficionados albaneses. La situación era la misma en el centro de la ciudad: centenares de hinchas en coches de lujo, medio cuerpo sacado y a pasear la bandera de su selección. En la fan zone, cantamos y cantamos con los rumanos. De allí, metro y autobús al estadio. Un espectáculo. Hay que vivirlo.

Sacar las entradas pocos días antes del encuentro provocó que nos colocasen con la hinchada albanesa en el estadio. Sin embargo, la facilidad para ponerte en la parte del campo que deseases era pasmosa (ninguna valla entre sector y sector). Pero tampoco era cuestión de sentarnos en una localidad de 145 euros. Simplemente nos cambiamos de fondo, para estar junto a los compatriotas de Mada. La previa fue espectacular, momento culmen con los himnos. Después, inexplicablemente, los rumanos se vinieron abajo. Una victoria les metía en octavos. Pero en ningún momento se acercó a ella. No dio la sensación de jugarse nada. A Albania sí le fue la vida en los tres puntos, y eso que su primer triunfo en una Eurocopa no le dio para pasar de ronda.

Así sonó el himno rumano en el Parc Olympique Lyonnais.

El postpartido estuvo a la altura de aquel domingo en Lyon. Los albaneses -diferentes a los ingleses, italianos o españoles por su distinta cultura- liaron una buena para celebrarla. Pero en el buen sentido de la palabra. No presencié ningún tipo de incidente. Simplemente gritaban, cantaban (desconozco de dónde sacaron unos altavoces gigantescos) y bailaban para festejar esa victoria. Uno de ellos, en un gesto de deportividad, me regaló su bufanda, al conocer que no encontré ninguna para comprarla a pesar de que las coleccionaba.

BURDEOS
Tras hacer noche en Lyon, volvimos a realizar un ejercicio de valentía al subirnos a ese autocar de casi nueve horas de vuelta a Burdeos. Aventura de por medio, cuando la Gendarmerie paró el autocar y nos retuvo al olvidarse mi amigo el pasaporte en la ciudad famosa por sus viñedos. Todo quedó en una anécdota más del viaje. Por cierto, es inexplicable exigir a todos los graduados en cualquier carrera un B1 de una lengua extranjera y unos policías que trabajan con extranjeros (y otras muchas personas dentro del sector turístico) no tengan ni idea de inglés. Fue bajarnos del agobiante autocar e irnos directos... a la Fan Zone, para ver la resolución del grupo B.

Antes del encuentro, con aficionados croatas.
Al día siguiente tocó partidazo, Croacia-España, que, a la postre, resultaría clave en el mal devenir de La Roja. ¿Que qué hicimos hasta las 21 horas? Pues Fan Zone, estaba claro. Imposible aburrirse allí, con el sano ambiente entre aficionados de bastantes selecciones, además de los diferentes juegos. Respecto al Croacia-España, qué quieren que les diga. No perder quizás hubiese significado estar vivos todavía, pero eso es imposible de adivinar. Lo que está claro es que esa derrota escoció muchísimo.

Posando para la ocasión en el Satde Bordeaux-Atlantique.
El miércoles (22 de junio) lo pasamos de resaca, tras ahogar las penas la noche anterior en una famosa -y cutrísima- discoteca bordelesa. También de paseo por Rue Sainte-Catherine, paseo en barco por el río Garona, Ciudad del Vino y otras rincones de esta maravillosa localidad francesa, que nos cautivó. Mada puso rumbo a Almería por la noche y yo aproveché el jueves para seguir haciendo turismo por Burdeos, encontrarme de casualidad con una tienda con descuentos del 75% en ropa deportiva de marca e, incluso, atreverme a hacer un poco deporte unas semanas después. Aunque, al final, acepté mi baja forma para acabar de nuevo en la Fan Zone, nuestro verdadero apartamento.