viernes, 1 de julio de 2016

El viaje de mi vida (II)

Mi amigo Mada coloca su bandera rumana en el Croacia-España, en Burdeos.
Llegar hasta Burdeos no fue sencillo, como escribí ayer. Los 800 kilómetros que separan Niza y la capital de Aquitania los recorrí en poco más de una hora por vía aérea, pero el reto fue llegar hasta ese avión. Sábado 18 de junio (parece que fue ayer...), la portada de L'Equipe titulaba Quelle fieste, honores a una España favorita, que aún estaba viva en el campeonato. La suerte del campeón -ya eliminado- nos ayudó a coger no recuerdo ahora qué linea para llegar hasta el aeropuerto de Niza.

El poco tiempo que duró el vuelo me dio para conocer a Nacho Cañizares, almeriense que trabaja en Televisión Española, que viajaba junto a otros compañeros de prensa. Ya en tierras bordelesas, quedé con Mada, amigo rumano afincado en Almería y recién llegado ese día desde España. Les prometo que tardé más en completar el recorrido -en un viejo autobús- entre el aeropuerto y la estación de trenes Saint-Jean que en el trayecto Niza-Burdeos. Menos mal que iba a compartir este viaje de ensueño con uno de los míos. Pero varias horas sin perderse eran muchas horas. Así que tocó rezar para poder encontrar nuestro nuevo apartamento. Con el GPS del móvil riéndose de dos almerienses en una ciudad grande como Burdeos, había que encontrar la Cours de l'Yser como otrora, preguntando al pueblo. La avenida era grandísima y desconocíamos el número del piso. Mada leyó Aquitania en la dirección y fue buscando eso, cuando, en realidad, indicaba la región francesa en la que está Burdeos. Un milagro quiso que nos topásemos en aquella avenida gigante con nuestro anhelado piso, por eso de que en Francia se suele poner el apellido del propietario en el porterillo, en vez del típico 4ºB de España.

Dejar las maletas y una ducha. Eso fue lo que estuvimos en el piso. Había que aprovechar el tiempo. ¿Qué es una Eurocopa sin Fan Zone? Allá que fuimos a ver la primera parte de un infumable Portugal-Austria. ¿El mejor partido que presenciamos en Francia? El de seis irlandeses ebrios ante los típicos seis jóvenes franceses que siempre ganan en el rey de la pista. Allí, en la jaula de la Fan Zone, con un centenar de aficionados animando a los irlandeses la historia fue otra.

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Un irlandés pide la tarjeta tras la 'dura' entrada a su compañero, revolcándose al fondo.

La segunda mitad del Portugal-Austria la vimos en el bar de comida rápida del amigo Dimitri. No recuerdo bien el nombre del local. Quizás era FCK. O CKF. O QFC. No lo sé. Imposible recordarlo. Alrededor de la estación Saint-Jean, hay un establecimiento de comida rápida -especialidad pollo- cada diez metros. Entre uno y otro, local para kebabs (algunos no tienen cerradura) y un sex shop. Entre bocado y bocado (a las alitas de pollo...), los irlandeses nos deleitaron con sus divertidos bailes. ¡Y eso que Bélgica les había metido tres chicharros horas antes! Terminamos la noche subidos en un autocar destino a Lyon. Objetivo: Rumania-Albania.

LYON
Allí nos despertamos hace ya dos domingos. En la capital del fútbol francés no hace mucho. Aquellos tiempos de Juninho Pernambucano, la bestia negra del Madrid. Nuestra bestia fue la simpática -eso parecía al principio- dueña de una cafetería cercana a la estación. A saber las pintas que nos vería que se agenció 15 euros por dos zumos de bote y dos tostadas. Sabedora de su jugada, metió la mano en mi cartera para coger la tarjeta de crédito por si se nos ocurría salir corriendo.

A media mañana visitamos el Stade Gerland, antigua casa del Olympique de Lyon, mientras comprobamos la euforia exacerbada de los aficionados albaneses. La situación era la misma en el centro de la ciudad: centenares de hinchas en coches de lujo, medio cuerpo sacado y a pasear la bandera de su selección. En la fan zone, cantamos y cantamos con los rumanos. De allí, metro y autobús al estadio. Un espectáculo. Hay que vivirlo.

Sacar las entradas pocos días antes del encuentro provocó que nos colocasen con la hinchada albanesa en el estadio. Sin embargo, la facilidad para ponerte en la parte del campo que deseases era pasmosa (ninguna valla entre sector y sector). Pero tampoco era cuestión de sentarnos en una localidad de 145 euros. Simplemente nos cambiamos de fondo, para estar junto a los compatriotas de Mada. La previa fue espectacular, momento culmen con los himnos. Después, inexplicablemente, los rumanos se vinieron abajo. Una victoria les metía en octavos. Pero en ningún momento se acercó a ella. No dio la sensación de jugarse nada. A Albania sí le fue la vida en los tres puntos, y eso que su primer triunfo en una Eurocopa no le dio para pasar de ronda.

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Así sonó el himno rumano en el Parc Olympique Lyonnais.

El postpartido estuvo a la altura de aquel domingo en Lyon. Los albaneses -diferentes a los ingleses, italianos o españoles por su distinta cultura- liaron una buena para celebrarla. Pero en el buen sentido de la palabra. No presencié ningún tipo de incidente. Simplemente gritaban, cantaban (desconozco de dónde sacaron unos altavoces gigantescos) y bailaban para festejar esa victoria. Uno de ellos, en un gesto de deportividad, me regaló su bufanda, al conocer que no encontré ninguna para comprarla a pesar de que las coleccionaba.

BURDEOS
Tras hacer noche en Lyon, volvimos a realizar un ejercicio de valentía al subirnos a ese autocar de casi nueve horas de vuelta a Burdeos. Aventura de por medio, cuando la Gendarmerie paró el autocar y nos retuvo al olvidarse mi amigo el pasaporte en la ciudad famosa por sus viñedos. Todo quedó en una anécdota más del viaje. Por cierto, es inexplicable exigir a todos los graduados en cualquier carrera un B1 de una lengua extranjera y unos policías que trabajan con extranjeros (y otras muchas personas dentro del sector turístico) no tengan ni idea de inglés. Fue bajarnos del agobiante autocar e irnos directos... a la Fan Zone, para ver la resolución del grupo B.

Antes del encuentro, con aficionados croatas.
Al día siguiente tocó partidazo, Croacia-España, que, a la postre, resultaría clave en el mal devenir de La Roja. ¿Que qué hicimos hasta las 21 horas? Pues Fan Zone, estaba claro. Imposible aburrirse allí, con el sano ambiente entre aficionados de bastantes selecciones, además de los diferentes juegos. Respecto al Croacia-España, qué quieren que les diga. No perder quizás hubiese significado estar vivos todavía, pero eso es imposible de adivinar. Lo que está claro es que esa derrota escoció muchísimo.

Posando para la ocasión en el Satde Bordeaux-Atlantique.
El miércoles (22 de junio) lo pasamos de resaca, tras ahogar las penas la noche anterior en una famosa -y cutrísima- discoteca bordelesa. También de paseo por Rue Sainte-Catherine, paseo en barco por el río Garona, Ciudad del Vino y otras rincones de esta maravillosa localidad francesa, que nos cautivó. Mada puso rumbo a Almería por la noche y yo aproveché el jueves para seguir haciendo turismo por Burdeos, encontrarme de casualidad con una tienda con descuentos del 75% en ropa deportiva de marca e, incluso, atreverme a hacer un poco deporte unas semanas después. Aunque, al final, acepté mi baja forma para acabar de nuevo en la Fan Zone, nuestro verdadero apartamento.

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