martes, 2 de febrero de 2016

Acierto en el experimento


Cada partido del Bayern es una delicia a nivel táctico. La suma de las características de sus jugadores más Guardiola provoca que, por ejemplo, anteayer, ante el Hoffenheim, saliese de partida con sólo dos zagueros puros. En todo encuentro que se precie se intenta buscar la ocupación racional de los espacios. Hasta en el partidillo que echamos el pasado sábado los compañeros de este diario. La diferencia es que en el pequeño campo de fútbol 7 de La Cañada lo del esquema quedó en agua de borrajas a los diez minutos, mientras que los muniqueses elevan esa ocupación del espacio a su máxima expresión.

En clave unionista, parte de los tres puntos ante el Zaragoza radicó en el aspecto táctico. El innegable trabajo de Quique unido a su inspiración y a la de Chuli, o la labor encomiable de Ximo son parte de culpa de esa importante victoria. Pero el encuentro empezó a fraguarse en la pizarra con ese cambio de sistema: 3-4-3 en ataque y 5-2-3 en defensa.

"Quisimos hacer la cancha un poco más ancha y ganas espacio interior con Kalu y Quique", explicó Gorosito en la rueda de prensa posterior al duelo. La ausencia de un canalizador del juego en el centro del campo llevó a plantear el encuentro desde las bandas, con dos carrileros, algo inusual en el fútbol moderno. El problema es que las subidas de Dubarbier desnudan sus carencias defensivas con zaga de cuatro. Aunque ante el Córdoba dio la sensación que lo de los buenos centros no iba con los laterales unionistas, ante el Zaragoza las proyecciones en ataque de Iago y Dubarbier (perdóname, Raúl) sí surtieron efecto, proporcionando los balones que necesitan Quique, Chuli y compañía. La duda ahora es si ese cambio de sistema va a ser prolongado y si funcionará en otro tipo de partidos. Si no, siempre quedará el "4-4-2 y que los interiores manden balones a la olla", como dice un colega.

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