viernes, 30 de enero de 2015

Finales y tópicos

Hemed defiende un balón ante la presión de Iván Sánchez en un entrenamiento esta semana · udalmeriasad.com
Artículo de opinión Diario Ideal 23-I-15


La pregunta que le hicimos ayer a los oyentes de Radio Marca a través de las redes sociales era si consideraban el choque ante el Getafe una final. Es uno de los tópicos en el fútbol, y, por ejemplo, a José Luis Pascual le hace gracia lo de preguntarle a los jugadores en sala de prensa si el encuentro del fin de semana es una final o no. Pero es que a veces es el propio futbolística el que saca la expresión, a pesar de que se le formule otra cuestión, como ocurrió ayer con Espinosa. Estoy de acuerdo con Pascual en que es un auténtico tópico, como lo de que "no hemos encontrado en el mercado nada mejor de lo que tenemos" o lo de "para fichar, nos tenemos que adaptar al presupuesto [cuando rivales con similar presupuesto hacen mejores incorporaciones]". Si las últimas frases, escuchadas últimamente día tras otro, son una tomadura de pelo al aficionado y una excusa por incompetencia, sí estoy de acuerdo en que lo del domingo es una final. 

Es cierto que una final sería aquel encuentro en el que no hay más partidos después, pero que no me cuenten milongas. El Almería solamente ha conseguido tres puntos de 27 posibles esta temporada en el Mediterráneo, datos que invitan al más auténtico pesimismo, máxime cuando cinco de los nueve equipos que han pescado en el feudo unionista son -o eran a priori- rivales directos, caso del Espanyol, Córdoba, Elche, Bilbao y Rayo. De ahí que el margen para pinchar en el Mediterráneo ante escuadras de la zona media y baja de la tabla ya se haya superado con creces. Si la hinchada rojiblanca quiere ver la Primera División el próximo curso, los tres puntos se tienen que quedar en casa pasado mañana. Después del envite ante el Getafe quedarán otros 17 partidos. Pero ante un rival directo, caso del Getafe, no puedes dejar escapar puntos en casa. No hay más argumentos ni excusas.

PD: Excelente cómo ha manejado la UD Almería el mercado invernal.

viernes, 23 de enero de 2015

El fútbol es así

Kike Boula disputa un balón con el burkinés Bertrand Traoré · News.cn
Artículo de opinión Diario Ideal 23-I-15

El fútbol es así es una perogrullada, pero no hay frase que sea más cierta. Es curioso, por ejemplo, que un joven de 19 años de La Cañada le haya quitado a la estrella de Tailandia el puesto de delantero suplente en la UDA mientras Thievy está en la Copa África. Pienso en Dani Romera y me alegro. No por Teerasil, sino porque el fútbol es mágico y permite a gente normal cumplir un sueño. Por ejemplo, que el hijo del presidente de La Cañada salte a un campo histórico como es Mestalla y se enfrente a Negredo o Alves, jugadores que antes los veía por televisión. Pero no hace quince años, sino solamente cinco, cuando tenía que batirse a las defensas del Oriente o Pavía, con mis respetos hacia estos clubes modestos.

El fútbol es así es otra máxima que podría aplicarse a Enrique Boula, extremo que se desempeñó en el juvenil y filial de la UDA desde 2008 hasta 2013. Kike le pegaba patadas al balón como cualquier chaval normal. Empezó a jugar en las inferiores del Oriente y ya destacaba. El Almería se fijó en él, pero lo dejó escapar, rumbo al filial del Mallorca. Es curioso que haya encuentros en el que el Espanyol, por ejemplo, tenga más jugadores almerienses sobre el césped que el propio Almería. El argentino Esteban Becker, seleccionador de Guinea Ecuatorial, se fijó en él (aunque se ha criado en Almería, tiene raíces ecuatoguineanas) y ahí está Boula viviendo un sueño (uno de los jugadores destacados de la CAN 2015). Kike, hace seis años jugábamos ante 30 espectadores. Pasado mañana lo harás ante 35.000. Hazlo como sabes para pasar a cuartos y "contárselo a tus nietos" (Becker dixit).

sábado, 17 de enero de 2015

Espontáneos y jugadores

Miembros de seguridad se llevan a un espontáneo en un encuentro de la Champions · marca.com
Artículo de opinión Diario Ideal 17-I-15

Vi el encuentro entre el Almería y el Sevilla del pasado fin de semana sentado junto a los canteranos del Polideportivo Aguadulce. Es una gozada ir a un encuentro de Primera División con niños de ocho y nueve años, y es que para ellos es un privilegio poder ver a las estrellas que salen en la pequeña pantalla. Y no se crean que no entienden de fútbol. Posiblemente los pequeños conocen más nombres de futbolistas, los dorsales que llevan, las posiciones en las que juegan, o las marcas de botas que calzan que usted o que un servidor.

Sin embargo, su divertida inocencia es un hecho. En el campo quieren una fotografía o autógrafo de su ídolo, y desconocen si esperar a la salida de estos del estadio o si saltar al terreno de juego para lanzarse a la carrera en búsqueda del jugador de turno. De ahí que me molestase un gesto, pequeño, pero que se debe evitar. Prieto Iglesias señala el final del encuentro y cuatro o cinco jóvenes (de otras partes del campo) saltan al terreno de juego. Miembros de seguridad -en otras ocasiones están más pendientes de cumplir las órdenes en otras partes del campo que de lo importante- tardan en reaccionar, pero pillan a los chavales. Uno de ellos ya está agarrado a Beto, que le dice al trabajador de seguridad que deje al pequeño. El arquero portugués se abraza al niño, le hace caricias, le comenta algo y finalmente le regala su camiseta. El chaval se marcha a la grada, cual triunfador con su preciada joya. 

Son numerosos los casos en los que el futbolista le manda al de seguridad que deje tranquilo al espontáneo. ¿Pero qué ejemplo es ese?, ¿qué pensarían el resto de niños que vieron lo de Beto? Supongo que saltar al césped y dirigirse a su ídolo para conseguir algo de él. Mal Beto (y jugadores que hacen lo mismo) y mal los de seguridad.

sábado, 10 de enero de 2015

Lección vitalicia

El benajamín D del Aguadulce celebra una victoria · LEM
Más que por la victoria en un difícil encuentro, más que por ver la cara de felicidad de los chavales, más que por lo que nos hemos divertido (y sufrido), más que por la lucha de los niños hasta el último minuto, más que por la doble remontada, más que por mantener el liderato, me quedo con el gesto de deportividad del equipo del que tengo la suerte de ser delegado, el benajamín D del Polideportivo Aguadulce. 

Con 1-0 en contra, el portero saca de puerta, pero un defensor contrario se despista y coge el balón con la mano dentro del área para colocarlo y sacar él. Penalti. Entonces, Domingo Beltrán, entrenador del Aguadulce le dice al árbitro (parece que hay mejores trencillas en las categorías bases que en senior) que ha sido un despiste propio de un pequeño de nueve años y que no pite penalti, pero el colegiado argumenta que su "deber es aplicar el reglamento" y que "ya el jugador que lance la pena máxima haga lo que quiera". Domingo le manda a Samu, el jugador que se dispone a tirar desde los nueve metros (es fútbol 7), que se la dé floja al portero y así hace nuestro pichichi.

Olé por Domingo y olé por los jugadores. Domingo no lo hizo para que todos los padres le aplaudiesen, para que el colegiado y el rival le felicitasen, o para que yo lo pusiese aquí, sino porque considera que por delante de ganar hay otros valores. Esos valores que se les olvidan a mucho entrenadores y padres. Por eso hoy estoy feliz. Porque los 24 niños que han disputado el partido han aprendido una lección para toda la vida: hay valores que están por delante de la victoria, algo que todo deportista debería saber. Por eso los chavales han pasado de ser niños a auténticos DEPORTISTAS. 

PD: La lección también podría ir dirigida a todos aquellos ignorantes que afirman que en el fútbol base sólo hay peleas y gritos. Abrirse un poco la mente es bueno.