domingo, 15 de febrero de 2015

Esos momentos

Celebrando la victoria en el vestuario · LEM
Entras al campo y esperas que hoy el fútbol te dé lo que te quitó ayer. Ya te dormiste la noche anterior pensando en los porqués de una derrota y buscando las razones para que ese amor que nunca te falla sí que hizo el amago de irse con otro el día de San Valentín. Se fue el resultado, pero no el fútbol, que está por encima de lo primero. Ahora quieres reconciliarte con la victoria. Pero antes toca vivir unos momentos que te hacen recordar que lo importante en la vida y en el fútbol no sólo es el fin, sino también el camino. Porque meta sin recorrido no tiene sentido. 

Ese momento de saludar a los tuyos. Ese momento de comentar lo que estás viendo. Pero, eso sí, toca hacerlo de pie. Como en los campos de los equipos que hacen posible el fútbol. Ese momento en el que el árbitro señala un dudoso penalti y parece que el desamor se va a prolongar otro día más. Sientes que esta vez no mereces una derrota. Una hipotética derrota, la quinta consecutiva, te mete en puestos de descenso por primera vez en la temporada. Tienes que hacer dos goles. 45 minutos por delante. Pero hoy sientes que tu equipo está haciéndolo bien, entregándose y que esos dos tantos llegarán tarde o temprano. El tiempo corre hasta que llegan los momentos buenos, cuando el reloj se para. Ese momento en que el portero rival yerra y Pepones pone la igualada y acerca la victoria. 

Pero es en el descuento cuando llegan las emociones fuertes. Ese momento en el que tu amigo Andrés bicicletea y le dices a Bernardo que "por qué mierda se pone este tío a regatear en el descuento". Ese momento en el que Abdu dobla a Andrés y éste le asiste. Ese momento en el que Abdou la pone y ves que ese centro tiene pinta de gol. Ese momento en el que el juvenil Cristian entra desde atrás y vuela. Ese momento en el que la pelota cambia de dirección tras el cabezazo y el tiempo se congela. Ese momento en el que el tiempo es eterno. Ese momento en el que te ves dentro del césped abrazado con José Valdivia, con sus particulares auriculares puestos. Ese momento en en el que entran ganas de marcarte un Callejón y acabas haciendo un Xabi Alonso después del gol de Bale en Lisboa. Ese momento en el que te unes a la piña y de tantos gritos no entiendes ni una frase. Ese momento en el que el árbitro pita el final y saltas de nuevo para abrazar y felicitar a los tuyos, que no se meten en descenso. Ese momento en el que se toma la fotografía deseada, esa después de una victoria.

Ese momento en el que te reeconcilias con el fútbol, perdón, con el resultado. Es la grandeza del fútbol modesto. Que no hay personajes, sabios ni intereses económicos y personales. Sí una familia y un puñado de tipos que quieren conseguir la victoria. Puro fútbol.

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