jueves, 30 de octubre de 2014

La elección de las piezas

Soriano consuela a Wellington Silva en el choque ante el Bilbao · udalmeriasad.com
Artículo Diario de Almería 30-X-14

Partido soporífico el Almería-Athletic. Las victorias en Riazor y Anoeta nublaron la vista a más de uno, que se creía que la permanencia iba a ser cosa fácil. Pero la empresa de fácil tiene poca. Con el colchón de puntos desinflándose, se van las nubes y la situación se ve impoluta y pura, lo que facilita el análisis. En el centro del campo empieza a cocinarse la victoria. No por tener jugadores de corte ofensivo o que sepan mover el esférico con criterio te aseguras el triunfo, puesto que hay distintos caminos para llegar hasta los tres puntos. La clave es saber qué piezas utilizar en cada momento y aprovechar los recursos propios. Lo que ocurre es que Francisco se equivocó en la elección el pasado sábado. Es fácil hablar a posteriori, aunque no parece lo más lógico salir con Verza, Thomas y Azeez ante un Bilbao de ese nivel.

La situación invitaba a meter en la sala de máquinas unionista un jugador de características diferentes. Ya de nada sirve escribir esto, puesto que la derrota está ahí, aunque seguro que los rojiblancos afrontarán otro choque con características similares. No hay mucho donde elegir en la escasa plantilla almeriense, pero Corona, Soriano o Thievy pueden dar otro aire en este tipo de partidos, en casa, donde el rival te invita a que tengas el balón. Me gustaría ver al capitán en su posición natural, en la mediapunta, dando el último pase. Soriano es más para jugar al pelotazo, como ocurrió el pasado sábado. Bajarlas y esperar las incorporaciones de compañeros es su fuerte. Thievy puede ser ese jugador que haga que Hemed no se sienta tan solo. No me extrañaría verlo de titular en breve. Cuando juegas al pelotazo, y uno de los extremos está mal; unido a que las características de tu punta titular son otras a la de ese juego, pues pasa lo que pasa. El vital partido ante el Levante, jugando fuera de casa, es otra historia. Veremos qué hace Francisco.

jueves, 23 de octubre de 2014

Retrasos

"Si el tiempo no espera a nadie, ¿por qué tengo que esperar yo a alguien impuntual?", me preguntaba en uno de esos odiosos retrasos horarios. Mientras, leí en el móvil parte de un artículo de un compañero periodista: "Acostumbro a llegar tarde a los sitios. Creo que es una buena costumbre como medida cautelar a que el otro llegue tarde y tenga que esperar, como sensación de incertidumbre para quién espera y para ver incluso cuánto están dispuestos a esperar. Lo bueno de llegar tarde es que nunca dejas de ser sorpresa y a uno lo reciben entre vítores y hostias. Sin embargo, la gente que llega temprano pasa desapercibida". Desconozco si lo copió, pero si lo escribió él, le quedó bonito.

Yo no suelo llegar tarde. Me enseñaron otros valores, como la puntualidad. Odio esperar. Como dice un dicho popular "esperar no jode; lo que jode es lo que pasa mientras tanto". Y odio esperar porque tienes la sensación de que te toman por tonto, además del tiempo desaprovechado. Escribía Evelyn Waugh que "la puntualidad es la virtud de los aburridos", aunque yo soy más de ese "puedes disponer de tu tiempo, pero no del de los demás". Así pensaba Boileau: "Procuro ser siempre ser muy puntual, pues he observado que los defectos de una persona se reflejan muy vivamente en la memoria de quien la espera". "La puntualidad es cortesía de reyes, obligación de caballeros, necesidad de hombres de negocios y costumbre de personas de buena educación. Quienes se hacen esperar en sus citas revelan debilidad de carácter, pésima educación y un desprecio absoluto por sus semejantes", dice el refranero castellano. Seguía esperando y me acordaba de algunos casos por aquella zona sobre retrasos que habían salido a la luz. Por ejemplo, el de Francisco esperando a Suso y no sabiendo aún que se había quedado dormido viendo 'La Voz'. O el de Nelson, al que también se le pegaron las sábanas. Antes, el Almería-Barça de la 09-10, que se retrasó 15 minutos. Más recientemente, el de Hemed, el día de su presentación. Menos mal que, como decía Tolstói, "todo acaba bien para aquel que sabe esperar".

jueves, 16 de octubre de 2014

Aprovechar los recursos

Azeez se trastabillea ante Godín en el Almería-Atlético de esta campaña · udalmeriasad.com

El debate del esquema continúa. Es la comidilla de cada día en las tertulias unionistas. Hasta que no lleguen las victorias con el 4-2-3-1 o se apueste por el 4-3-3 ante rivales directos en casa, así ocurrirá. Las dos únicas victorias han llegado con el trivote, por lo que el debate está más que justificado. Si no pasa nada extraño, pondría la mano en el fuego a que Francisco saca a tres mediocentros en El Madrigal. Comentaba el técnico almeriense el pasado viernes algo así como que el equipo no va a cambiar la filosofía independientemente de actuar con un 4-2-3-1 o a hacerlo con 4-3-3. Cualquier conjunto sale intenso, a morder. Faltaría más.

Soy de los que piensan que el esquema es importante. La táctica es clave tanto en la guerra como en el fútbol. Es cierto que después en el encuentro se producen situaciones que provocan que el esquema se modifique dependiendo del momento, pero el planteamiento inicial es importante (así como variarlo durante el partido si es necesario). Una de las conclusiones positivas que se pueden extraer de la temporada del descenso es que hay que adaptarse a las piezas de las que se dispone. Lillo intentó que la UDA jugase al fútbol con ese 3-4-3 y la jugada le salió rana. No quiero decir que Francisco renuncie al esférico, pero el mundo no acaba en Guardiola y en el tiki-taka. Y si no que se lo pregunten al Cholo que, con un conjunto inferior, ganó la Liga. La clave es saber aprovechar los recursos de los que dispone uno. Y si este Almería, por las piezas que tiene, se siente más cómodo con tres en el centro del campo, dejándole la responsabilidad ofensiva a sus extremos para salir la contra, pues tendrá que empezar con tres en el medio. Con la táctica de un camaleón, adaptándose a diferentes situaciones y rivales, y aprovechando a tope las cualidades de las piezas, los éxitos llegarán antes.

lunes, 13 de octubre de 2014

El patio y el albero

Los cuentos de Álex · Segundo capítulo

Es misión casi imposible recordar cuál fue el primer balón que descosió Álex. Tuvo decenas. De todos los colores y tamaños. Sí es más fácil acordarse de dónde corría detrás de ellos. Era rutinario. Por las mañanas lo hacía en el patio del colegio, ese en el que reinaban los mayores, aunque a talento no había nadie que pudiese con él. Seis porterías, cuatro de fútbol sala en dos campos, y dos de fútbol siete en perpendicular. Al principio se tenía que conformar con jugar por detrás de alguna de ellas. Eran las leyes del patio. 

La hora antes de que sonase la campana que daba la orden de bajar a la pista era aprovechada por Álex, Javi y Gustavo para hacer los equipos. Los anotaban en la libreta, sin que la profesora, explicando el temario, se diese cuenta. Durante el recreo, en que la mayoría de las chicas jugaban al policías y ladrones o al escondite junto a otros chavales de la clase, Álex y los suyos competían en una interminable guerra, de goles y más goles, con marcadores propios de baloncesto. No eran pocas las peleas que tenían los pequeños en ese patio rodeado por pisos, una pequeña caja de cerillas. Al final todos los encuentros acababan con un apretón de manos y la pelota más desgastada. Los profesores sólo permitían jugar con las de gomaespuma y ésta, naranja chillona, iba muriendo con el paso de los días, pero insuflándose de vida con las numerosas patadas.

Por las tardes, el escenario y el esférico (aunque la naranja, tenía poco de esférica) cambiaban. Ya no era pista, sino tierra; y el balón no era de gomaespusa, sino de cuero. De los de toda la vida. Hexágonos y pentágonos blancos y negros. Ya apenas existían campos de alberto en la ciudad. El césped sintético había aparecido y las instalaciones deportivas se habían mejorado considerablemente. Sin embargo, la ciudad de Álex era algo especial. El gobierno regional la tenía algo abandonada a pesar de ser una de las más ricas del sur de la Península. Palabras chinas para el chico rubio. A él sólo le importaba asistir, chutar y correr. Y el campo de alberto le valía perfectamente para eso. Realmente era bonito. Tenía un tinte romántico a pesar de las numerosas chinas. Cuatro focos rotos en las esquinas, dos viejas porterías, y matas secas al lado de la línea de cal, aunque ésta ya ni existía.

El campo estaba rodeado de un impresionante parque con una hermosa laguna, el llamado 'parque de los patos'. El olor a maría era una constante cada tarde, aunque los mayores del barrio respetaban a Álex. Era un chico que se hacía querer. Divertido y educado, caía bien de primeras. Era sobre las cinco de la tarde cuando el pequeño terminaba los deberes y bajaba al campo, su campo, a seguir detrás de la redonda. El balón -siempre lo llevaba él- en una mano y el bocadillo de mantequilla en la otra. Javi, Gustavo y los demás chicos de la zona se reunían cada tarde. Cuando llegaban a diez, jugaban un partidillo, aunque raro era el día que ese privilegio se daba. A falta de eso, tiros rápidos o revoleras eran los juegos con los que se entretenían hasta las ocho y poco, cuando se ponía el sol. Así tarde tras tarde. Para ellos no había ninguna preocupación más allá de que lloviera. El balón los hacía los chicos más afortunados del mundo.

Lea aquí todos los capítulos de Los cuentos de Álex.

sábado, 11 de octubre de 2014

La familia

Los cuentos de Álex · Primer capítulo

Nació en la época de las tecnologías. España aún no estaba en crisis ni se atisbaba la Tercera Guerra Mundial. Todo iba sobre ruedas sobre el momento. A diferencia de compañeros suyos de nacimiento, su entrada al mundo no tenía nada que ver con el devenir de su vida. Era un renacuajo, una ratilla. Verdaderamente daba asco. Y es que estaba manchado de sangre, con heridas por todos lados. No llegaba a los dos kilos y medio de peso y aún restaban dos semanas para que su madre saliese de cuentas, pero el pequeño Álex quiso ser ya uno más de la familia.

La última vivía bien. Sin tener muchos ceros en las cuentas bancarias, los dos sueldos que entraban en casa daban para comer y permitirse algún que otro capricho de vez en cuando. El padre tenía un gimnasio, a donde iban todos los boxeadores de Almería. El boxeo estaba creciendo de nuevo en España y en el sudeste de la Península había joyas que pulir. A Antonio le iba tan bien que dejó exclusivamente el viejo -y bonito- gimnasio para preparar a los jóvenes púgiles, mientras que montó otro más grande, de dos plantas, de los llamados 'modernos'. Varias salas para las clases de pilates o zumba. "Mariconadas", decía el padre de Álex, un tipo que se hacía el duro, pero con un corazón grandísimo. Había que conocerlo en las distancias cortas. Un spa y una pequeña piscina también acompañaban a las bicicletas, máquinas y pesas propias de cualquier gimnasio. 

La madre, María Auxiliadora, Cheli en el barrio, era asistenta social, limpiadora en otros tiempos. Los mil euros que ingresaba al mes no eran una gran cantidad; pero eso unido a las ganancias del padre, cada vez mayores, permitieron que a Álex no le faltase prácticamente de nada en sus primeros años.

A pesar de sus pequeñas dimensiones, era el chico con más pelo en la sala de incubación. Tuvo que pasar unos días ahí, y es que había que tenerlo controlado por su repentino nacimiento. Una semana después de que Cheli diese a luz, madre e hijo se marcharon a casa a descansar. La hija mayor, Mar, no tuvo ningún tipo de celo. Con cinco años, trataba al pequeño con el máximo de los cuidados, como si de porcelana se tratase. En esos primeros días pasaron por la casa de los Salvatierra toda la familia al completo, primos, tíos... Eran los primeros días de Álex, que iba a vivir una vida de película. Aunque él, a esas alturas, aún no sabía nada.

jueves, 9 de octubre de 2014

Ni uno del Mediterráneo

Tomer Hemed y Jonathan Zongo, tras el debut goleador del primero · UDA

En este estado de optimismo por parte del ambiente que rodea a la UD Almería, escribo esto viendo el vaso medio vacío. No es que no me guste cómo caza la perra -como decía un buen profesor mío- ni que esté descontento con los resultados hasta ahora. Ni con las sensaciones, puesto que ninguno de los siete rivales hasta la fecha han sido claramente superiores. Eso sí, en vez de dorar la pildora, y más que quedarme con los nueve puntos conseguidos, echo de menos los seis que se han escapado del Mediterráneo. Elche, Córdoba y Espanyol, tres de los siete últimos en la clasificación (aunque es una chorrada mirar la tabla a estas alturas), han rascado algo de su visita al feudo de la Vega de Acá. Tres empates y dos de ellos en inferioridad numérica. Ante los rivales directos en casa no se puede dejar escapar ni un solo punto. Ni uno. Porque más vale ganarle al Elche (por eso de que el contrario no suma) que en Anoeta ante un equipo, que, a priori, no va a luchar por lo mismo que el Almería.

Eso no significa que no valore los nueve puntos que tienen ahora mismo los almerienses, aunque quizás la ambición me pide algo más. En ese algo más que puede dar la UDA entran varios cambios. Tras algunas decisiones dubitativas de Mauro y Ximo, les daría la oportunidad a Fran Vélez y Michel, dos jugadores totalmente válidos. Después está el tema del centro del campo, el debate eterno este curso, tanto de hombres como de esquema. Que si dos mediocentros o trivote, que si Azeez o Soriano, que si... Sin embargo, de lo que casi nadie habla es de la entrada de Corona en el once titular. Me gustaría ver al talaverano -de los mejores ante el Elche- por detrás de Tomer Hemed, dándole ese último pase que pide el israelí. Por cierto, no sé si es la camiseta o qué, pero yo tampoco veo a Thievy en su mejor forma física. Serán sensaciones mías.

jueves, 2 de octubre de 2014

Comparaciones agradables

Los jugadores unionistas celebran el triunfo de Riazor · udalmeriasad.com

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero se trata de un buen elemento para comparar y evaluar. A día de hoy, todo son flores para el Almería, tras haber conseguido seis de los últimos nueve puntos, ganando en Anoeta y Riazor, algo que no es moco de pavo. Claro que sigue habiendo errores, pero éstos van disminuyendo conforme pasan las jornadas. Me gusta mucho analizar datos, y con el que me quedo es que la UDA lleva encajados cinco tantos en seis choques. El cuadro de Francisco es el quinto menos goleado de la categoría, solo por detrás del Barcelona, Valencia, Atlético y Eibar. A estas alturas el curso pasado, los almerienses cosechaban ya 15 tantos en contra, el triple que ahora. Encajar pocos goles se traduce en puntos en el casillero. En una perogrullada, pero no por ello menos importante. El anterior dato es sorprendente porque la zaga parece algo más débil que la de la pasada temporada, aunque el entramado defensivo está siendo más fuerte. Hasta la quinta jornada, Rubén -en un estado impresionante- sacó un gol por partido de su portería. En La Coruña, ninguno, lo que significó tres puntos.

Por cierto, cada año la competición tiene menos nivel por debajo. Puede parecer ventajista escribir estas líneas tras la victoria en Riazor -fetiche ese campo para la UDA-, pero la realidad es que, a día de hoy, hay equipos muchos más endebles que los unionistas, caso del Córdoba, Levante, Málaga, Dépor... Si en la campaña anterior el Almería era el candidato número uno para el descenso, en esta no, lo que se traduce en una disminución de la presión, y, por consiguiente, en un aumento de la confianza y el rendimiento. Eso sí, el tanto de Édgar debe olvidarse cuanto antes y centrarse exclusivamente en el duelo ante el Elche, un encuentro que puede resultar decisivo a final de temporada, por eso de tratarse de un rival más que directo. El Mediterráneo no puede dejar escapar ni un punto en los duelos ante los conjuntos de abajo. Ahí radica la permanencia.