miércoles, 30 de julio de 2014

La pretemporada

Jugadores realizan ejercicios durante una pretemporada · marca.com

Asegura el buen profesor que el día más importante del curso escolar no es el último, cuando los alumnos intentan memorizar los contenidos de la asignatura para vomitarlos posteriormente en el examen; sino el primero, con todo por hacer. La afirmación se puede aplicar al fútbol. Aunque el encuentro más importante parece ser el último, en el que el campeonato o la permanencia están en juego, para llegar en las mejores condiciones es ese partido, hay que trabajar antes. Por eso la pretemporada es tan importante. La idea principal de este artículo no es si irse a Tailandia o Australia, independientemente del dinero, es bueno para el aspecto deportivo; sino que estas semanas de trabajo son curiosas. 

El cosquilleo en la barriga que se tiene cuando el nuevo míster se presenta es el mismo que cuando lo hace el profesor en el primer día de clase. Las charlas de algunos técnicos son graciosas. La mayoría son parecidas. Buscan profesionalidad y, lo más importante, anteponen la actitud a la aptitud. Entre todos los jugadores, hay dos tipos inconfundibles, en ambos extremos de la línea actitud-aptitud. Están aquellos con una calidad encomiable, pero que su actitud deja mucho que desear, y los tuercebotas que se parten el alma por el equipo. "Chicos, años anteriores las decisiones han sido erróneas. Pero esta temporada vamos a hacer las cosas bien. El que venga a entrenar siempre y tenga una buena actitud jugará, independientemente de la calidad que tenga. Quiero futbolistas comprometidos, que antepongan el colectivo a las individuales", dicen en esa primera charla los entrenadores de los equipos semiprofesionales, charla en la que están todos los miembros del equipo. Meses después, el entrenamiento se lleva a cabo con la mitad de los efectivos. Los otros están tumbados a la bartola, pero el fin de semana van a jugar el partido porque se necesitan los puntos. Y los tuercebotas con actitud, en un banco parecido al que se ha de sentar Messi. Y el ciclo vuelve a repetirse al año siguiente.

jueves, 24 de julio de 2014

Algo falla

Miguel Martínez y Raúl Guerrero · NGC
Artículo Diario de Almería 24-VII-14

Imagínese que la hora que echa al día en el gimnasio o en el Paseo Marítimo (ya podrían iluminar la nueva zona por la noche...) la multiplica por dos. Dos horas haciendo ejercicio. Y ahora imagínese que lo hace por la mañana y por la tarde. Cuatro horas al día machacándose. Y ahora imagínese que lo hace también mañana. Y pasado. Y el otro y el otro. Cinco días a la semana. Y eso en época normal. Cuando hay algún campeonato, esas 20 horas semanales de deporte se quedan cortas. Es duro, pero si te gusta, lo llevas bien. El pasado fin de semana tuve la oportunidad de hacerle un reportaje a Miguel Martínez y Raúl Guerrero, dos compañeros del colegio y que ahora van luchando por media Europa en muay thai y k-1. El sábado Miguel competirá en Liverpool en una velada internacional. Ese era el principal foco en la entrevista. Sin embargo, no estaba centrado en eso, sino en buscar patrocinadores para poder ir al Europeo de Polonia a finales de septiembre. Si no los encuentra, tendrá que ahorrar 800 euros para poder ir al campeonato de Europa. 

Y entonces es cuando uno se pregunta qué se esta haciendo mal. Porque no es normal que dos actuales campeones andaluces (Raúl en k-1 y Miguel en muay thai) tengan que poner dinero de su bolsillo para poder competir. Entiendo -no lo comparto- cómo está montado el tinglado, que el fútbol es lo que más vende y que los deportes minoritarios no interesan. Pero resulta injusto que un futbolista del montón gane dinero en Tercera (algunos equipos parece que van a repetir errores parecidos que otros del mismo municipio) y que deportistas campeones y cuyo trabajo tiene mucho más mérito (¡20 horas de entreno semanales!) ya no que no tengan recompensa económica, sino que encima tengan que dejarse una pasta, caso de Miguel o Raúl o de los hermanos karatecas almerienses Miguel y Manu Martínez. Algo falla.

jueves, 17 de julio de 2014

Vender por vender

Di María y Khedira, en la celebración de la Décima · marca.com
Artículo Diario de Almería 17-VII-14

Una vez acabado el Mundial -malísimo-, vuelve el turno para los clubes. Comienzos de pretemporada y fichajes. Son un clásico en verano. Da igual que el equipo haya funcionado a la perfección, que alguna baja o alta se va a producir. Que el Chelsea haya intentado desplumar al Atlético, con Courtois, Filipe Luis o Costa, es medio normal, por las pretensiones económicas de unos y otros. Pero que el Real Madrid, uno de los equipos con más pasta del planeta (si no el que más), venda o tenga la intención de hacerlo a Di María y Khedira debería estar prohibido. Deshacerse de dos de los mejores centrocampistas del mundo así por la cara es un sinsentido. Me da igual que sus sustitutos sean Toni Kroos, James Rodríguez (sorprende que algunos tengan el valor de juzgarlo por haberlo visto un par de partidos) o el que sea. El club blanco no tiene ninguna necesidad en traspasar a dos de los mejores jugadores del mundo. Di María ha sido pieza clave en el Real Madrid campeón de Europa, jugando de interior en ese 4-3-3 de Ancelotiti. Y el alemán ha sido titular con todos los entrenadores, por lo que algo tendrá...

Puedo entender que un jugador se quiera marchar de un club si éste ficha a alguien para esa posición. Pero es que sólo juegan once. Ese es su trabajo, ganarse el puesto... ¿Que quieres ganar más? Demuéstralo en el campo. Y si el club no ve conveniente hacerte una subida de ficha, pues a aguantarse. Para eso firmaste un contrato. Por eso, por mucho que lo piense, no entiendo lo de Di María y Khedira con el Madrid. ¿Que viene un equipo con mucha pasta? Los blancos tienen una gran capacidad económica. ¿Que el jugador quiere irse? Pues que acabe contrato, que para eso en ese documento está la firma del futbolista. Pero, claro, siempre está la regla no escrita en el fútbol de que el jugador juega donde desea. Y es verdad, los contratos apenas sirven para nada...

jueves, 10 de julio de 2014

Palo histórico

Los aficionados brasileños no se creían lo que veían · marca.com

Documentarse sobre la historia es maravilloso. Leer, ver fotografías o documentales vale para hacerse una idea sobre qué ocurrió en un determinado momento. Pero presenciar algo en vivo sirve para que te construyas tú mismo la idea, a diferencia de lo primero, en el que el narrador es otro. Estoy leyendo por enésima vez el libro Relatos Rojiblancos de Ángel Acién y es emocionante ver las crónicas sobre la antigua Unión Deportiva Almería o el Motoaznar en publicaciones de la época. O artículos sobre Di Stefano con motivo de su reciente fallecimiento. Pero siempre me queda el anhelo de poder haber vivido el inicio del fútbol en Almería, así como los partidos del mejor jugador de la historia de Argentina.

En la actualidad también se producen hechos que formarán parte de la historia cuando pasen los años. Como el primer Mundial o la segunda y tercera Eurocopa. O, sin ir más lejos, el Mineiralazo del martes. Fue brutal. 0-5 a la media hora de juego. 1-7 al final y porque Alemania no quiso hacer más sangre en el débil equipo brasileño. El resultado sorprende porque en el fútbol actual es difícil que se produzcan resultados tan abultados. Eso sí, si se comparan individualmente los jugadores de uno y otro conjunto y su funcionamiento como equipo, la diferencia entre Brasil y Alemania es más que palpable. Pero un 1-7 siempre sorprende. Y que sea en un Mundial, más aún. Y en semis... Y con Brasil de protagonista... Y en su Mundial... Las circunstancias que envolvían al encuentro y el espectáculo desarrollado en él (impresionante partido de Alemania que tapa el mediocre juego desarrollado por todos en el Mundial, aunque César Vargas piense lo contrario) convierten este Brasil 1-7 Alemania en un duelo que se plasmará en libros por ser uno de los partidos más importantes de la historia del fútbol y posiblemente el peor para Brasil, incluso por delante del Maracanazo.

jueves, 3 de julio de 2014

Evitar la pillería

Afición de la UD Almería animando durante un partido en casa · udalmeriasad.com

De hace cinco años a esta parte la campaña de abonos del Almería ha cambiado sobremanera, por la variación de ciertos factores, como son un ajuste económico de los abonos a la economía del pueblo o la modificación de unas vistas en Fondo necesarias de unos buenos prismáticos por unas sillas en las que se huelen a césped regado. Si aplaudimos en su momento la bajada de precios o el nuevo graderío, este verano no queda otra que volver a reconocer que la directiva unionista ha acertado al mantener los costes de los distintos abonos, incluso disminuyendo los de las sillas blancas de Preferencia (y también de las entradas sueltas). Sin embargo, sigo viendo ciertos inconvenientes, como son la propia bajada de estas sillas blancas y la nefasta campaña de abonos. Haber reducido el precio de las localidades con menos visión es positivo; sin embargo, le veo lagunas si no se produce un buen funcionamiento.

En Almería somos muy propensos a la pillería, así que si no se pone alguna barrera entre los asientos azules y los blancos, habrá numerosos casos de quienes adquieran un carné en las sillas de abajo y se coloquen en otras con mejor visibilidad que estén libres. Y la solución se me antoja difícil porque no me imagino a veinte trabajadores del club que impidan estos cambios. Se me ocurre que quienes adquieran estos económicos abonos de Preferencia tengan que entrar a sus localidades por las pistas de atletismo, como hacen los abonados de Fondo. Aun así, una vez que se entre por las pistas, supongo que no será muy difícil pasarse a los asientos de arriba. ¿Qué pensará un aficionado que se ha gastado 400 euros y tenga a su lado a otro que ha pagado 100 menos? Es un problema con difícil solución, aunque espero que el club la encuentre. Eso sí, no habría problema con una mejor educación, pero es que en este país la pillería está a la orden del día. Otro tema es el de la campaña de abonos, aunque de esto poco hay que escribir. Si no la han visto, no se dañen los ojos.