jueves, 18 de septiembre de 2014

Sin árbitros no hay partidos

La imagen habla por sí sola · profedelengua.blogia.com

El mundo del fútbol base es peculiar. Observando, uno se encuentra con aspectos buenos -muy buenos- y otros para darles de comer aparte. Abunda el compañerismo y el fútbol puro, predominando el juego por delante del negocio que hay alrededor del profesional, convertido en un circo. Por su parte, me apenan aquellos jugadores del montón que se creen auténticas estrellas y complican el trabajo a los periodistas que nos dedicamos a escribir sobre este tipo de fútbol. También me avergüenza el tema de los árbitros. No me refiero a la actitud chulesca de algunos de ellos. Ni a la premeditación (hace años mis ojos vieron un movimiento extraño en un vestuario arbitral en la primera jornada de Preferente). Tampoco a la falta de preparación de muchos de ellos. Sino al comportamiento de parte de la grada (en las categorías más bajas, los padres).

Hace unas semanas, por circunstancias que no vienen al cuento, me vi con el silbato en la mano arbitrando un partidillo. Les aseguro que no es nada fácil ver si hay fuera de juego, si cierta entrada es objeto de falta o si el balón ha salido del todo. Hagas lo que hagas, las críticas llegan dos partes: de los jugadores de uno u otro equipo, y de la grada. Por suerte, en mi caso, no había espectadores. Lo de los futbolistas puedo llegarlo a entender porque dentro del césped las pulsaciones están a mil, aunque ciertos comentarios deberían ser objeto de amonestación. Pero lo de la grada no tiene nombre. No me refiero a protestarle algo al trencilla o mostrarle tu desacuerdo, sino a decirle de todo, acordarse de familiares suyos o de sus antepasados. Y ya no hablemos de aquellos animales que saltan al verde y agreden al colegiado. En Primera y Segunda viene dando igual, puesto que los árbitros y sus miles de billetes morados se mofan del paleto aficionado. Pero en el fútbol base la situación da vergüenza. Y no hay otra forma de cambiar esto que con alguna/s medida/s. Recuerden que sin árbitros no hay partidos.

1 comentario:

  1. Este es un tema que ya ha salido mucho a relucir, casi ningún niño quiere ser árbitro. Es normal, cuando los niños van al fútbol les gusta ver los goles de Messi, las galopadas de Bale y ven como al árbitro le caen insultos, mofas etc... A quién le gusta que le insulten?

    Un saludo

    ResponderEliminar