lunes, 23 de junio de 2014

Un amarillo teñido de negro

Aficionados de Las Palmas felicitan a cordobeses tras su ascenso · fotos: laprovincia.es
Lo ocurrido ayer en el Estadio de Gran Canaria es para hacer una película, con varias temáticas según para qué espectador. Para unos, comedia, para otros, con tintes históricos, y para otros, de terror. A pesar de que aún me explique por qué andaba Raúl Bravo más solo que la una en la última jugada del partido o qué se le pasó por la cabeza a Barbosa para no hacerse con ese balón que al final se coló entre las mallas, a Las Palmas se le fue el ascenso por culpa de unos descerebrados. No los denomino aficionados porque considero que los que saltaron a celebrar un ascenso cuando aún éste no estaba certificado no son seguidores, sino individuos con aire de protagonismo. No hay nada más que ver las fotos, muchos de ellos sin prenda amarilla, como estaba todo el campo (impresionante el ambiente que registró). Por culpa de unos pocos, Las Palmas no consiguió el ascenso. Pero, sin embargo, lo más grave quizás es que por culpa de unos pocos muchos juzgaron ayer a los 31.000 aficionados pío pío de mala manera, algo que me dolió por mi simpatía al equipo de Valerón y compañía. Aunque este espacio sea un blog personal, he considerado oportuno que mi amiga Brenda Saavedra, periodista y seguidora amarilla, nos cuente de primera persona lo que sintió alguien que, a diferencia de los que saltaron, sí siente a su equipo.

Brenda Saavedra

Un individuo discute con un miembro de seguridad.
Parece que todo ha sido un sueño. Aún se tiene la sensación de que por arte de magia el reloj va a dar marcha atrás en el tiempo y va a transportar a miles de ilusionados al momento en el que se saltaba de alegría animando eufóricos al equipo. Una marea amarilla, esas que difícilmente se hacen notar de forma habitual, porque, en los momentos no tan buenos, los asientos vacíos del estadio son protagonistas. Pero ayer, la UD Las Palmas estuvo abrazada por su afición, una afición que llenó el aforo del Estadio de Gran Canaria.

Pero no. Volviendo a las ganas de que todo haya sido un sueño, hay que ser realistas y comprender que ese reloj no va a dar marcha atrás. Las horas no retrocederán para llegar a ese instante en el que Apoño, jugador amarillo, marque el gol del ascenso. Un gol deseado, ansiado, de fuerza, de pasión, de felicidad, de lágrimas de alivio de una afición y un equipo ilusionado por un ascenso esperado desde hace trece años. Los minutos no volverán atrás para ver una marea amarilla que canta, grita, salta y apoya sus colores. Ancianos, mayores, jóvenes, niños, hombres, mujeres… Sin distinción de ninguna clase, ayer el Estadio de Gran Canaria era una piña. Y no, los segundo tampoco querrán ayudar a regresar a esos mágicos instantes en los que el pueblo grancanario celebraba feliz. Por ello, será imposible borrar las crueles imágenes que, a pocos minutos de acabar el partido y tocar el cielo con las manos, tiñeron el brillante y hermoso color amarillo de un negro opaco que marcará, para siempre, la historia de este club.

Sí, imágenes crueles. Es inevitable no hablar de crueldad cuando ves como las ilusiones de miles de personas se desvanecen en cuestión de segundos. Cuando ves a un niño llorar desconsoladamente al lado de adultos que tampoco pueden hacer nada para calmarlo. Cuando ves a personas mayores lamentar el que quizás no vuelvan a ver jugar a su equipo en Primera División. Cuando ves a un grupo de once hombres que han dado la vida en el campo, que han hecho un partido de Primera y que ven como la gloria se les va cuando ya habían sentido la calidez de su abrazo. Crueldad, definitivamente esta es la palabra que mejor define lo que ha ocurrido este 22 de junio de 2014, una fecha que para muchos ya era historia.

Algunos aprovecharon hasta para llevarse la bebida de los jugadores.
Y no. No crean que todo este dolor se debe a la derrota, porque, para nada, el haberle dicho adiós al ascenso es el principal motivo de este daño al corazón amarillo. No crea usted que se trata de mal perder, querido lector, porque perder una batalla es duro, pero perderla como lo ha hecho la UD Las Palmas es doloroso. Más de 30.000 asistentes, cuando lo normal suele rondar una media de 12.000 (si llega). 30.000 personas reunidas para apoyar al equipo y lucir con orgullo sus colores. O, al menos, eso se supone. Menos de dos minutos para saborear la victoria. Menos de dos minutos para celebrar y dar gracias a que, por fin, se ha cumplido el gran sueño. Menos de dos minutos…, los mismos que tardaron los individuos (por llamarlos de alguna manera) que no tuvieron cabeza alguna para saltar al campo antes de tiempo y cargarse el trabajo, la ilusión y la lucha de años. Unos insensatos que no tuvieron en cuenta más que la gracia de llamar la atención y ser los protagonistas del acontecimiento sin pensar las consecuencias que podría traer todo eso. 

Y así, de esta manera tan surrealista, el partido tuvo que parar, un parón que supuso la desconcentración del equipo y el gol del empate a favor de la victoria del Córdoba. Pero, ¿sabe qué, querido lector? No me extraña en absoluto. No me extraña, porque el comportamiento que tuvieron estos indecentes ayer saltando al campo, enfrentándose a la autoridad (que poco hizo, por no decir nada), robando agua de los banquillos, quitando el balón en pleno terreno de juego a los futbolistas y cientos de acciones bárbaras más, refleja la insensatez y vulgaridad de una juventud que actúa así en su día a día. Una juventud que no ve las consecuencias de las acciones, que no piensa más que en sí misma, que no conoce el respeto, el saber estar, los modales y la educación que, desgraciadamente, se están perdiendo en la sociedad. Y se sabe que nadie es quién para juzgar a otro y no se pretende generalizar ni tachar de nada a nadie con estas letras, pero lo que hoy lee usted, querido lector, no es más que la descripción de lo que allí ocurrió. Y hoy, el pueblo canario llora, se avergüenza, grita con coraje, siente ira y rencor hacia estos indecentes que no han conocido en su vida los valores que diferencian a las personas de los animales, que hacen que el ser humano se caracterice por ser racional.

Miriam y la que escribe estas líneas.
De acuerdo, no se puede meter a todos en el mismo saco, porque es cierto, también, que la gran mayoría de los espectadores se quedaron en la grada y abuchearon a esos gamberros que invadieron el campo, pero lo que es, es, y no se puede negar. No podemos negar la actitud injustificable que han tenido estos individuos y por los que la imagen de Gran Canaria se ve, una vez más, dañada. Esos que no sólo dañan el reflejo de la isla, sino también sus fiestas insulares, sus romerías, sus verbenas, su sentir…, marcados de forma negativa por estos “mismos de siempre”.

Y es que, viendo lo visto, ahora puede ser más fácil entender por qué cada vez que Canarias sale en los medios nacionales lo hace por cosas negativas, porque siempre son los “cuatro de turno” los que saben hacer pasar por alto las cosas buenas de los canarios. Entendiendo canarios como personas, en su mayoría, cercanas, humildes, sencillas, de corazón, con gran saber estar, educación y dignidad. Pero hoy, querido lector, esta última palabra se debe dejar de lado, porque hoy no son esos “cuatro” individuos los culpables de lo ocurrido, hoy es la afición de UD Las Palmas, el pueblo canario, los que quedan como auténticos vándalos, una vez más. ¡Qué vergüenza! ¡Qué dolor! Qué lástima que sea esa la impresión que se lleven de un lugar increíble donde, aunque no lo parezca, reina un colectivo de gente maravillosa.


Manuel, José Luis y Ginés, tres aficionados de Primera.
No hay más que decir. No quedan fuerzas para decir nada más. Simplemente testificar que no hay otra intención con este escrito que llegar a ti, querido lector, para que sea consciente de la realidad y no juzgue mal a todos los canarios por el plátano podrido del frutero. Que llegar a ti, jugador de la UD Las Palmas para darte las gracias por un partido de Primera, por hacer soñar a la grada y por luchar con uñas y dientes por un sueño colectivo. Que llegar a ti, individuo, culpable de que este sueño no se haya cumplido, para que veas lo que ignorar las consecuencias de los actos puede ocasionar. Pero, sobre todo, que llegar a ti, querido aficionado amarillo, y cuando digo aficionado no me refiero a las más de 30.000 personas que acudieron ayer a ese encuentro. Cuando digo aficionado me refiero a ti, ese que está desde el primer partido hasta el último, a ti que estás en las buenas y en las malas, a ti que no abandonas, que aplaudes y criticas cuando lo tienes que hacer, que eres un sufridor y que, de verdad, corre sangre amarilla por tus venas. A ti, que lloraste a lágrima viva porque otros, que no forman parte de tu equipo, te robaron cruelmente la ilusión.

Porque esto no es más que un reflejo de que a veces “menos es más”, y que no hace falta llenar el aforo de un estadio para que el equipo se sienta querido, porque con tu amor, querido aficionado, es más que suficiente. Y sí, definitivamente, es preferible quedarse con esa media de 12.000 personas, porque estos son los que lo sienten de verdad, los que seguirán ahí y, con su amor incondicional, lograrán teñir el negro que luce hoy el Estadio de Gran Canaria por ese amarillo brillante que no debió marcharse nunca. Porque todos sabemos, querido aficionado, que tú, pase lo que pase, seguirás ahí.

5 comentarios:

  1. DAR LA ENHORABUENA A NICO GARCIA POR ESTE ARTICULO,Y COMENTAR , QUE TANTO LOS JUGADORES DE LA UD LAS PALMAS, COMO LOS AFICIONADOS AL MISMO, SON SIN DUDA ALGUNA DE PRIMERA .

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    1. Muchas gracias de parte de Brenda, la autora del artículo.

      Un saludo.

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  2. DAR LA ENHORABUENA A NICO GARCIA POR ESTE ARTICULO, Y COMENTAR, QUE TANTO LOS JUGADORES DE LA UD LAS PALMAS, COMO LOS AFICIONADOS AL MISMO, SE COMPORTARON DE PRIMERA.

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  3. Fue una auténtica lástima ver como unos pocos se cargaron, no ya el ascenso de la Unión Deportiva, es que pudo ocurrir algo mucho más grave. Ver salir al equipo arbitral a la carrera escoltado por la policía, a los jugadores del Córdoba entre los energúmenos, que menos mal no les dio por liarla con los blanquiverdes etc,,,

    Un saludo

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    1. Una auténtica pena. Lo peor es que a esta gente le importará el fútbol lo que a mí el críquet.

      Un saludo.

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