martes, 10 de junio de 2014

64 recuerdos

La Roja celebra el tanto de Puyol en las semis del Mundial de Sudáfrica · marca.com
Una vez pasada la clasificación para Brasil 2014, llega la cita mundialista, la competición más grande del planeta, esa que durante un mes es capaz de juntar a todas las naciones y clases sociales en torno a la pelota, en una fiesta con una aureola mágica que nos engancha a los que nos apasiona este deporte. Con motivo del torneo, y por su trabajo de fin de Grado (a ver si acabo yo el mío...), mi colega Manu Domínguez me pidió que le escribiese un artículo de opinión sobre los Mundiales para la web que ha creado: Destino Maracaná. Me gustaría inaugurar el Mundial de Brasil con ese artículo.

Cuando un cuerpo se marcha, su alma queda para siempre. Con ella, los recuerdos. Lo material de poco sirve. Lo material tiene fecha de caducidad, pero los recuerdos son inmortales. El primer beso, tu boda, el nacimiento de un familiar y los Mundiales son hechos, recuerdos que perduran siempre en nuestra mente. ¿Cómo comparar un evento deportivo con acontecimientos personales tan importantes? Sólo los que amamos este bonito deporte sabemos su respuesta. Sólo los que entendemos que esto no es once contra once, que esto no es el opio del pueblo, que esto es algo más que un deporte. Los que tenemos la suerte de vivir profundamente el fútbol nos damos cuenta de que este evento es capaz de apartar los conflictos y unir pueblos tan diferentes, reuniéndolos alrededor de un simple balón. Algo tendrá el fútbol..

Para que perdure el recuerdo de algo, primero hay que vivir el hecho. Y si se produce posteriormente el recuerdo, es porque lo has vivido intensamente, algo que siempre ocurre con los Mundiales. Si luego gana tu país, se forma una aureola mágica imposible de describir. Las palabras jamás alcanzarán la totalidad de lo que supuso ese 11 de julio de 2010. Pocas cosas dieron tanta felicidad como produjo el fútbol, la selección española, ese día. Pero, por suerte, el recuerdo no es sólo esos 90 minutos -120 mejor dicho-, sino también los 63 partidos restantes. Porque cada encuentro, cada disparo, cada gol, cada penalti, cada prórroga, es un recuerdo para el amante del balompié.

Vamos a jugar. Voy a escribir una cita mundialista -podría ser ampliable a las Eurocopas- y vamos a decir tres recuerdos. No vale pensar mucho. El que tenga más edad podrá ampliar los Mundiales. Francia 1998: fracaso de España, Nigeria nos pinta la cara; sorpresón de Croacia; y bañito de la Francia de Zidane a la Brasil de Ronaldo y compañía. Japón y Corea del Sur 2002: la Corea de Al-Ghandour llega a semis (bochornoso que un árbitro sea uno de los protagonistas del Mundial); la Francia campeona cae eliminada en un grupo de broma; y Ronaldo alcanza su punto máximo en Yokohama con ese famoso doblete.

Ronaldo celebra uno de sus dos goles en la final de Yokohama en 2002 · daenggassing.com
Alemania 2006: Zidane. Aquí sólo me quedo con eso, elevando a la máxima potencia la importancia del astro francés, callando muchas bocas y siendo el protagonista de una final perdida, incluso por encima del campeón. Sudáfrica 2010: el repasito de una Alemania que siempre cumple ante la Argentina del 'campeón' Maradona, con una cura de humildad considerable; la segunda caída consecutiva de Brasil, esta vez con Holanda;... y España. Dentro de lo último pueden quedarse con el recuerdo que quieran. Son infinitos.

La vida pasa más rápido para los amantes del fútbol. Contamos de cuatro en cuatro. Los años se pasan con una celeridad mayor. Pero cuando llega la cita Mundialista, ese espacio de un mes bien vale por mil siglos. Disfrutando cada segundo, cada jugada, cada gol, cada prórroga, cada sonrisa, cada lágrima derramada, nos hacemos eternos. Abrir los ojos, levantar la persiana, ir al kiosko, leer las crónicas del día anterior, la previa de hoy, saborear cada programa, opinión o información, ir a la playa, volver y sentarse en el sofá. Encender la tele y disfrutar. Porque van a comenzar a formarse recuerdos que perduran para toda la vida. 64 con un mínimo común múltiple infinito. Eso es el Mundial.

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