sábado, 1 de marzo de 2014

Nos vemos el domingo

Pepe Asensio, su sonrisa y su campo. La foto refleja la vida de Pepe · Fotos: NGC
Diario de Almería 1-III-14

Buscando fotos para este artículo saco dos conclusiones. Una es que Pepe era un hombre feliz, en todas sale sonriendo. Otra es que ya sé uno de los motivos del amor al fútbol modesto. Por gente como él. Pepe Asensio, delegado del senior del CD Oriente, nos dejó el miércoles a los 59 años fruto de un maldito cáncer, el "bicho", como él decía. Lo hizo en el "hotel", su hospital. Hasta última hora mantuvo su filosofía de optimismo este hombre que en su día defendió la portería del Cartagena o del Viator. Después hizo las labores de entrenador de porteros y de delegado.

Lo conocí hace seis años, cuando yo estaba en el juvenil del Oriente. José Valdivia, algo más que el míster del senior, un hermano para Pepe, me subía a veces para su equipo. Luego, el hijo de Pepe, Arturo, y él me llevaban a mi casa. Pepe enseñaba mucho sobre el fútbol... y de la vida. Consejos y más consejos de un tipo paciente, profesor de niños con problemas, pero también de la vida. Un maestro puro.

Siempre que le necesitabas estaba ahí. Hace dos cursos realicé una revista del Oriente tras su ascenso a Andaluza. Necesitaba las actas de los partidos. La federación no me las facilitó, pero sí Pepe, alguien que se desvivía por los suyos. También colaboraba con este diario, como muchos delegados. Pero él no era un delegado más, sino el delegado. Defendía a los suyos a muerte. Me acuerdo del orden que puso en una buena pelea en La Cañada. O de sus míticos bailes en las cuatro calles.

La última vez que lo vi fue en Nochevieja. Fui a visitarlo a su casa y estaba cansado en el sofá. Pero no por culpa del maldito "bichito", sino de la hora de caminata que se había pegado. En mitad de la enfermedad sacaba su alma de deportista. Con un par. Así era Pepe. Una persona que amaba el fútbol, el deporte, a sus hijos (Arturo y Tania), a su mujer (Amalia) y a sus niños de su equipo. Una persona feliz, sonriente siempre. Él entendió mejor que nadie que la vida son dos días. Por eso la disfrutó a tope. Pepe, tu cuerpo se marcha, pero tu alma siempre quedará con nosotros. Nos vemos el domingo en tu campo. Esta victoria va por ti, amigo.
Padre e hijo, dos cracks.
Pepe Asensio y José Valdivia, con el trofeo de campeón de Almería.
José y Pepe, dos hermanos prácticamente, en la celebración del ascenso a Andaluza.
José, Pepe y Arturo.
Pepe entrega a Moi, uno de los suyos, la medalla de campeón de Almería.
Sus bailes por la noche eran grandiosos.
Su alegría y vitalidad eran constantes.
Su equipo estuvo con él hasta el final.

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