sábado, 23 de octubre de 2010

Ganar, ganar, ganar, ganar, ganar, ganar o vencer

En ocasiones un partido se convierte en algo con mayor trascendencia que eso. Hay veces que da igual jugar mejor o peor. En ciertos momentos no importa si se gana 1-0 o 7-0. Es lo mismo marcar de chilena o en el último minuto con un gol en propia meta con el trasero. Hay veces que eso no importa. Que lo único importante y fundamental es vencer. Hacerse con los tres puntos. Ganar, ganar y ganar, como diría el gran Luis Aragonés. Y ya no es por el hecho de hacerse con ese preciado botín, sino también para dar un golpe en la mesa y decir "nosotros también estamos aquí". Para que salga a reflotar más que nunca ese sentimiento que no se puede describir. Ese que auna el equipo con la ciudad. Ese que estando en China, en Galicia o en Polopos se lleva por bandera.

Una de las pocas cosas que he aprendido en la carrera en estas semanas es que siempre que se habla de "partido del año" o "del siglo" se hace para magnificar ese acontecimiento y conseguir una mayor audiencia, que quiere hacerse partícipe también de ese hito mundial. Vamos, que ni de lejos ese es el mejor partido que se va jugar en ese tiempo. Porque me van a permitir usar ese término para el encuentro de mañana. Queda poco menos de veinticuatro horas y, al igual que durante toda la semana, ya ha aparecido el gusanillo por la barriga. De hecho, aunque la economía no es lo que predomine en estos tiempos, no he podido aguantar y me he venido a ver la dichosa batalla.

Porque sí. Es el "partido del año". Al menos para nuestra sufrida hinchada. No es para menos. Una victoria en siete encuentros y ante rivales de "nuestra liga" (aunque el término no me guste mucho). Vamos, que todo lo que no sea hacerse con la victoria sería un fracaso monumental. Sería para preocuparse de verdad. Para replantearse bastantes cosas. Porque si no empezamos a sumar antes de que comiencen las curvas... Así que este uno de los partidos, o el que más, más trascendente desde que estamos en Primera. En tiempos malos, siempre vienen todo tipo de recuerdos positivos, que hacen que se reflexione si se debe hacer ese esfuerzo sobrehumano con tal de agauntar aquello que nos costó alcanzar con tanto sudor, sangre y lágrimas. Y sí. Claro que merece la pena. Porque si vinimos era para quedarnos. Y así va ser. ¡VAMOS ALMERÍA, VAMOS CAMPEÓN! Confíamos en tí.

3 comentarios:

  1. Que haya suerte!! ¿Contra quién jugais?

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  2. El empate quizá salve a Lillo pero me parece que bajan las aguas muy revueltas por los Juegos del Mediterraneo , veremos que tal la copa si sirve para desquitarse .

    Un saludo

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  3. Lillo es un buen entrenador, yo no lo hecharía

    Saludos desde Qué bello es el fútbol y El ojeador de promesas

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