martes, 11 de diciembre de 2018

A lo Antonio Salas

Germán y el que suscribe estas líneas en el Fondo Sur del Bernabéu · LEM

"Perdón por sentarme en tu butaca. Si fuera honesto, no iría hoy al Bernabéu. Pero puede más la tentación de ver en directo uno de los mayores eventos de la historia del fútbol que el orgullo de participar en tal injusticia", escribía Hugo Cerezo anteayer en Marca. El que escribe estas líneas cayó en la misma tentación unos días antes. El problema vino a la hora de elegir las localidades, puesto que no era plan de esperar hasta el último momento para que se liberasen y a mitad de semana sólo había en el Fondo Sur, donde se colocó la hinchada de Boca. Germán, monitor del benjamín del Poli Almería y natural de Buenos Aires, es de River hasta la médula, por lo que imagínense vivir la vuelta de la final de la Libertadores rodeado de seguidores del eterno rival. El pobre se desquitó en la previa en la Plaza de Cuzco, pero sufrió más de la cuenta en el Bernabéu.

El plan se inició antes de entrar en el coliseo blanco, eligiendo la ropa. Ninguno podíamos llevar ninguna prenda roja (ni azul, no era cuestión). Eso sí, la bufanda de Boca no me pudo faltar para vestirse de Antonio Salas. Dentro del campo, disfrazarse de aficionado de Boca, uniéndose a algún cántico mofándose de River (son varios los que le recuerdan su descenso a la segunda argentina). Eso sí, Germán se mantuvo callado, pasando desapercibido como puso. Era demasiado para él, por lo que a partir del pitido inicial decidí unirme a su penitencia, optando por el silencio. Tras el gol de Benedetto, con la pertinente tristeza, llegó la remontada, tocándome Germán con el codo, como si no me hubiese enterado. Con la expulsión de Barrios empatizamos con los seguidores de Boca, así como en la recta final, criticando a su DT. El Antonio Salas del benjamín del Poli supo mantener la compostura para soltar su grito de alegría diez minutos después, cuando se cerró la puerta del taxi que nos llevó a la estación de autobuses.

martes, 4 de diciembre de 2018

La noche de los domingos

El teletexto, un referente en los resultados y clasificaciones deportivas · lab.rtve.es

El día que la LFP contrató un mono para fijar los encuentros en franjas horarias diferentes los carruseles desaparecieron y la noche de los domingos cambió. Sin embargo, aún quedan románticos, como el progenitor del que suscribe estas líneas. El teletexto fue un punto de inflexión hace tres décadas, cuando en 1988 se implantó en España. No sólo para analizar las distintas clasificaciones de los deportes, sino para seguir un partido 'en vivo', esperando que el televisor subiese un gol al equipo del que era hincha uno. Una vez finalizado el carrusel de encuentros y el del Canal Plus, tocaba ver estas tablas, los goleadores... Otra opción romántica era comprarse el periódico de turno al día siguiente y ver la clasificación, sobre todo, si el signo del partido del equipo con el que simpatiza uno había ganado.

Con la irrupción de internet y, posteriormente, de los teléfonos de nueva generación, todo cambió. Difícilmente un niño sabrá lo que es el teletexto, incluso que un periódico se puede comprar. Pero coge algún móvil (o el suyo propio porque es raro el crío de diez años que no tenga), abre cualquier aplicación y le echa un vistazo a los resultados de cualquier división de cualquier país, la clasificación, los goleadores, las estadísticas del partido y un sinfín de opciones. Empero el protagonista de este artículo une las distintas generaciones: la de internet y la previa a la del teletexto. Cada domingo por la noche coge la tableta, varios folios y bolígrafos de diferentes colores y hace sus particulares clasificaciones y tabla de resultados. Realmente ya los tiene en la propia tableta, pero a él le hace ilusión esas peculiares hojas para su periódico de fantasía que no se venderá en ningún kiosco, no lo leerá nadie y que en unos meses irá al contenedor. Lo mismo que hacía su padre cuatro décadas atrás.

martes, 27 de noviembre de 2018

El partido del descanso

Varios niños juegan en el Matías Prats de Torredonjimeno en el duelo que disputó el equipo local ante el Poli · NGC
Artículo Diario de Almería 27-XI-18

Realmente el titular no sería en singular, sino en plural, puesto que son numerosos los encuentros que se disputan mientras los dos equipos que juegan el partido oficial descansan en los vestuarios, hidratándose con agua -bebidas isotónicas los afortunados- y escuchando -algunos oyendo- las palabras del entrenador. Mientras se disputan los últimos minutos de la primera mitad decenas de niños y jóvenes esperan a que el árbitro señale el final del primer acto para saltar ansiosos al campo y darles unas patadas al balón, soñando con que algún día sean otros los críos que disputen esos partidos del descanso y sean ellos mismos los que están en el vestuario, señal de que defienden al primer equipo de su pueblo o barrio.

Esos partidos apenas duran un cuarto de hora como mucho (no se pierde ni un segundo entre que el trencilla pita la finalización de la primera parte y el salto de la valla hacia el terreno de juego), pero dan para un sinfín de historias. Los equipos se hacen sobre la marcha, puesto que no hay tiempo para equilibrarlos. Si llega algún rezagado, se le pone con quien sea, dando igual que haya una diferencia de edad, puesto que el balón no entiende de fechas de nacimiento.

En el caso de que al guardia de seguridad de turno no le apetezca que se jueguen esos partidos, entonces toca salir del recinto y jugar en los aparcamientos del campo, con cuidado de no golpear ningún coche ni de embarcar la pelota en el árbol. Por su parte, los mayores con niños tienen un sabor agridulce. Agrio por no poder disfrutar de la cerveza del descanso, pero dulce de poder aunque sea pelotear con su niño de dos años. Cosa bien diferente es aquellos partidos de categorías inferiores, con el típico grupo de padres que paran por diez minutos de proliferar insultos para saltar al verde y ver quién es el tonto que golpea más fuerte la pelota, alguno mientras se fuma su hierba.

martes, 20 de noviembre de 2018

Las pistas de la Avenida Mediterráneo


Otrora los planes para el fin de semana se resumían en dos: parque de los patos, en Huércal de Almería, o las pistas de la feria, en la Avenida del Mediterráneo. El primero era más goloso, puesto que iba acompañado con una barbacoa o unos platos preparados. Pero el segundo tampoco estaba mal. Con el parque de las familias estas pistas, en las que se puede jugar al fútbol, balonmano, baloncesto y antes también voleibol, han pasado a un segundo plano, mientras que el antiguo campo de tierra pasó a mejor mundo hace tiempo, aunque eso es otra historia y sería de necios negar la calidad de este parque por mucho romanticismo que tuviese el albero. Sin embargo, es intolerable el actual estado de estas pistas, máxime en una ciudad que pretende crecer. Sólo tiene el lector que pasarse un sábado por la tarde, uno de los momentos de la semana con más tiempo para la práctica deportiva. La iluminación es nula, viendo apenas el balón por la luz que llega de manera indirecta por las farolas que alumbran la carretera. Ni detrás de las porterías ni en los laterales existen redes para evitar tener que pegar un largo esprint para coger la pelota. El suelo está rajado y con numerosos huecos para lesionarse. También faltan algunas canastas. Y la fuente, rota.

Las instalaciones deportivas de la ciudad han crecido exponencialmente en la última década, aunque en la mayoría de los casos hay que pasar por caja, por lo que es necesario arreglar estas pistas de la Avenida Mediterráneo. No hay motivos para no hacerlo, máxime con elecciones a la vuelta de la esquina y ganas de tener contento a la ciudadanía. El coste sería escaso. El otro día vi que el compañero Maturana denunció la mala ubicación de una señal de tráfico al lado de un aparcamiento de minusválidos. El Ayuntamiento de Almería lo arregló rápidamente. Es de esperar que haga lo mismo con las pistas.

martes, 13 de noviembre de 2018

Educación

Mourinho, en su espectáculo en Turín · lavanguardia.com

Aparte de periodista y de proyecto de graduado en Educación Primaria (por eso de entender mejor a los niños y de tener otras salidas una vez que el intrusismo y el enchufismo prima en el Periodismo, a pesar de que la UAL pone trabas y más trabas para compaginar el ámbito laboral con los estudios), el que suscribe entrena a fútbol a niños. Hace un par de años, escondidos entre la multitud, un par de personajes pidieron mi dimisión ¡en un partido de prebenjamines! La indignación procedía de la frustración de aquellas personas que lo único redondo que conocían era una rosquilla de chocolate. Pasar del tema y que se retratasen naturalmente era la mejor opción. Un año después en un grupo de padres insultó a uno de mis jugadores, de seis años. No me enteré. Pero ese día tomé una decisión: si a algún crío le faltaban el respeto (no el típico murmullo tras ser regateado, sino algo más fuerte), avisaría al árbitro para que parase el encuentro hasta que el personaje en cuestión no se marchase.

Bien es diferente en sénior -incluso en partidos formativos- cuando el defensa intenta amedrentar al jugador con más calidad del cuadro rival. Cabeza fría, no entrar en su juego y devolver con balón esa patada que ha recibido previamente. Eso sí, en el juego no entra que un entrenador, adulto, se encare con un chaval de nueve años. Pensamientos en voz alta de mi corta experiencia. Sería una falta comparar la última de este periodista con la de un entrenador de la talla de Mourinho, en los escalafones más altos de la clasificación de entrenadores del mundo. Sin embargo, ocupa los puestos más bajos de educación, retando a una grada por mucho que haya sido insultado. Marcharse con una sonrisa y los tres puntos, sin la mano en la oreja, sería la mejor respuesta, sin ponerse a la altura de esos maleducados encubiertos entre el grupo.

martes, 6 de noviembre de 2018

Precios altos y respuesta señorial

Parte de la afición del Poli Almería desplazada hasta la Nueva Victoria · Alfonso Zapata

Vaya por delante que el trato de la afición del Real Jaén -sin ninguna excepción- a la del Poli Almería el pasado domingo fue excepcional, notando, por cierto, este periodista más respeto al conjunto almeriense fuera de la provincia de Almería que dentro de ésta. La chica de la tienda oficial del club lagarto también se portó de maravilla, una tienda, por cierto, que daba gusto visitar, por lo bien montada que estaba, a diferencia de otras de equipos que militan en la LFP, caso de la del Granada. Sin embargo, no se entiende que el valor -incluso menos- de una camiseta de fútbol y el de una entrada para un partido de Tercera División de dicho club sea el mismo que el de la zamarra. Porque sí, era la Nueva Victoria y era el Real Jaén, pero, al fin y al cabo, era la cuarta categoría nacional. Diez euros en fondos, 15 en preferencia y 20 y 25 en tribuna. Precios más propios para un partido de Segunda División que de Tercera. Además, para la entidad jiennense se trataba de un partido más, no el típico derbi ante el Linares, con el que se puede incrementar el coste de las localidades por eso de hacer caja en un día grande, incluso día del club.

No es el del Jaén un caso aislado, puesto que las entradas suelen costar eso en la mayoría de los campos del grupo IX de Tercera División. En el del único representante de Almería, el del propio Poli, la entrada cuesta ocho euros, con la gran diferencia de que los ingresos entre un club y otro es inmensa. Esto es, las entidades con mayor presupuesto de esta categoría apenas perderían nada por rebajar tres-cinco euros en el coste de las localidades. ¿La respuesta? Los jugadores y el cuerpo técnico del Poli se hicieron cargo de las entradas de los hinchas almerienses desplazados el domingo por la tarde hasta la Nueva Victoria. No hace falta nada más que decir.

martes, 30 de octubre de 2018

Reencontrarse con los recuerdos

El que escribe estas líneas, junto a Samu, prebenjamín de La Cañada · Hugo Martínez
Artículo Diario de Almería 30-X-18

Son numerosas las obras clásicas en las que se puede leer (sí, leer, lo que le haría falta a más de uno) sobre el tiempo, siendo éste uno de los temas principales. Anteayer por la mañana, presenciando un encuentro de prebenjamines, el que suscribe estas líneas maldijo el carácter inexorable de la arena cayendo porque hay momentos en los que el reloj debería pasarse para saborear lo que por su grandeza es prácticamente efímero. En ese partido estaba Samu defendiendo los colores de La Cañada, siendo imposible no acordarse de los dos años en los que uno ha tenido el placer de entrenarlo, como a tantos otros. Este periodista siempre ha tenido la curiosidad de qué siente un maestro, profesor, monitor o entrenador cuando deja un grupo de niños (no hace falta añadir nada más por eso de la economía del lenguaje). Al final el tren de la vida discurre tan rápido que no da tiempo a pensar en ello, a pesar de que son numerosas las personas que cambian de vagón en el que viaja uno o desgraciadamente se bajan definitivamente del vehículo. 

En ese partido de Samu, en un ambiente más relajado y sin el estrés del día a día, por fin apareció la respuesta a esa cuestión del sentimiento tras abandonar a un grupo de niños o jóvenes al que se le coge mucho -muchísimo- cariño: una mezcla de la más absoluta alegría con la más profunda pena. Sin embargo, esa pena no se puede evitar por eso de que parar el tiempo sea aún una misión imposible. La conclusión: disfrutar con el aquí y el ahora porque el ser formador te permite disfrutar de grupos de niños o jóvenes excepcionales.

PD: con el mes de noviembre a la vuelta de la esquina, es de obligación recordar el Día de Acción de Gracias. Si se americaniza uno, hay que hacerlo al completo. ¡País!

martes, 23 de octubre de 2018

Competir

Andoni López se lanza el suelo para intentar quitarle un balón a Eugeni · udalmeriasad.com / laliga.es

Desde el ascenso con Javi Gracia, era un suplicio sentarse delante de la televisión o ir a la cabina de turno y ver la versión visitante del Almería. Actuaba porque así lo dictaba el calendario, pero pocas veces jugaba. Si se pueden recordar las victorias rojiblancas en el último lustro sin necesidad de tirar de hemeroteca es porque la UDA apenas competía cuando salía del Estadio de los Juegos Mediterráneos. Y si lo hacía era en contadas ocasiones. Rara vez encadenaba varias salidas con la sensación de mostrar poderío. De momento, eso ha cambiado en el presente curso. De los seis desplazamientos que ha tenido el Almería esta campaña, dos se han saldado con victoria; el de anteayer, con igualada; y la mitad, tres, con derrota. De los seis, sólo en el Sadar, el cuadro unionista llegó al final del encuentro con más de un gol de diferencia, con el partido prácticamente sentenciado.

De lo anterior es de perogrullo sacar la conclusión: el equipo de Fran Fernández siempre compite. Y eso es lo importante. Porque así es como llegan los puntos, estando metido siempre en el partido. No hace mucho, hasta hace pocos meses, más en concreto, la UDA comparecía, actuaba, pero pocas veces jugaba y competía. Este periodista ha leído diversas críticas en estos dos últimos días sobre el planteamiento del técnico almeriense, criticándole de conservador por "no ir a por el partido con la expulsión de Caro". ¿Qué es ir a por el partido? Esto no es el videojuego, dándole a 'ultraofensiva'. Delante hay un rival, con mucho potencial, en su campo y con muchos minutos por delante. Quizás haya que valorar lo que está haciendo FF: que este equipo, por el que pocos apostaban, esté a un solo punto de la promoción, compitiendo todos los partidos. Y ojo, escribe alguien que siempre ha criticado el pasotismo típico del almeriense y su poca ambición.

martes, 16 de octubre de 2018

Pasar de ronda

Chema intenta arrebatarle un balón a Luis Gustavo ante la mirada de Moore en el Almería-Reus de liga · UDA

Que el formato de la Copa del Rey sea una vergüenza no es algo que vayamos a descubrir ahora. Hace ya cinco años el prestigioso periodista Axel Torres en el portal web Maracadorint.com propuso un cambio de modelo bastante interesante, en el que participarían todos los equipos de Segunda B y Tercera, más otros equipos clasificados tras fases regionales. El problema del formato lleva bastante tiempo y no se modifica. Sin embargo, los clubs no se plantan y siguen participando. Una vez inscrito, no tiene sentido que el Almería tire la eliminatoria de pasado mañana ante el Reus. Tuvo suerte en el sorteo el equipo de Fran Fernández, no por el rival (ya se ha demostrado que no es más fácil meterle mano a Las Palmas que al Córdoba), sino por actuar en el Estadio de los Juegos del Mediterráneo.

En las temporadas hay encuentros que son auténticos puntos de inflexión. Si Míchel Carrilero y Corona no hubiesen materializado sus tantos en ese agónico Almería 2-1 Cádiz (el del famoso 'penalti' señalado por Iglesias Villanueva), probablemente Almería no hubiese disfrutado de Primera División. Y si la escuadra almeriense no hubiese remontado en La Rosaleda el encuentro de la segunda ronda de Copa, quizás el cuadro de Fran Fernández no se hubiese subido a la buena onda, venciendo cinco de los últimos seis encuentros oficiales. Pasar de ronda el jueves es importante para que los que están actuando de suplentes o quedándose fuera de las listas tengan su protagonismo y no pierdan demasiado ritmo de competición porque no es lo mismo actuar en un entrenamiento que en un encuentro oficial. Que los Montoro, Trujillo o Sekou prosigan teniendo la posibilidad de tener más minutos siempre es bueno, máxime cuando el próximo rival es un Primera División, puede incluso que el Villarreal, Betis o Sevilla. Se trata de una plantilla profesional, que vive de eso, no del equipo del barrio.

martes, 9 de octubre de 2018

La resiliencia, Domingo y sus niños

Domingo, arriba a la izquierda, con su equipo · LEM
Artículo Diario de Almería 9-X-18

La primera acepción de la RAE define el término 'resiliencia' como la 'capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos'. Esa es la teoría. No aparece ningún ejemplo práctico, aunque bien se podría aplicar a Domingo Beltrán, entrenador del Aguadulce, y sus niños, jóvenes mejor escrito, porque alguno llega ya a 1'80 metros. El pasado curso disputaron 28 encuentros en el grupo 2 de Tercera Andaluza Infantil. Todos ellos los contabilizaron por derrota, con apenas 22 tantos a favor y 207 en contra. Se merecieron, sin ninguna duda, la única plaza de descenso que había. El baile de plazas y la retirada de otro club dejó la vacante libre y la han aprovechado, volviendo a jugar esta temporada en la misma categoría. Llevan tres partidos y en los tres han logrado tres goleadas. Pocas personas se merecen más ese premio que Domingo y sus niños y pocas personas se merecen más la aplicación del término 'resiliencia'.

No es fácil llegar a casa y que ya ni te pregunten que cuánto ha quedado el encuentro, sino directamente de cuánta diferencia ha sido el tanteador. No es fácil ir a entrenar un martes después de haber sido goleado dos días atrás. Y no es fácil que eso ocurra semana sí y semana también, desde septiembre hasta junio. No es fácil aguantar comentarios de familiares (o amigos en el caso de los jugadores) criticando tu trabajo. Y no es fácil ver que éste no tiene su fruto a pesar de estar convencido de que es bueno. Lo sencillo sería buscarse alguna excusa, quitarse de en medio y dedicar ese tiempo a la lectura, a ver la televisión, jugar al Fortnite y estar con la familia o amigos. Porque hay gente que no sabe convivir con la derrota y que a la mínima suplencia o derrota se marcha a otro club porque ellos son supuestas estrellas y futuros estrellados. Por eso me alegro por Domingo y su equipo.

martes, 2 de octubre de 2018

El que nunca falla

Como en el campo, en ningún lado; la televisión como segundo plato · computerhoy.com

Uno se cree que ha aprendido la lección. Que esta va a ser la última ocasión en la que sale perdiendo y que ya se sabe cómo hacerlo para que salga bien el próximo día. El fútbol, como en el campo, en ningún lado. Sin embargo, en numerosas ocasiones toca verlo por televisión, como segundo plato, como mortadela en vez de jamón, más bien. Como yogur caducado de estudiante de Teatinos, por televisión y en diferido. Cuando sólo queda esa opción, el objetivo es llegar a la hora en la que se le da al 'play' del mando sin conocer el resultado ni el signo del partido, por eso de vivirlo como si fuese en directo. Sin embargo, tras muchos años probando con numerosas técnicas, el que suscribe no da con la tecla para que la jugada acabe bien. Y lo peor es errar en zona de finalización, cuando el gol ya está cerca.

Uno ya no sabe si avisar a sus contactos más íntimos de que no le chiven el resultado del encuentro. Decirlo tiene la ventaja de que sean bondadosos y no comenten nada; y el inconveniente de que el amigo se vista de Miliki. Sin embargo, callarse y no avisar puede desembocar en que espeten el típico "¡si me hubieses avisado, no te hubiese dicho nada!", con el pro de poder andar de puntillas, pasar desapercibido y encender la televisión sin saber nada. Empero siempre aparece el que nunca falla. Una vez es un vecino en el ascensor al que poco le importa el fútbol, pero quiere tema de conversación sin hablar del tiempo. Otra día es un amigo -por llamarlo de alguna manera- consciente de la grabación y te lo suelta, jugando al despiste con varios resultados. O aquel que se tiene en Facebook por no hacer el feo de eliminarlo y publica el signo del partido aunque entienda de fútbol lo mismo que este periodista el béisbol.

martes, 25 de septiembre de 2018

Puntos y buenas sensaciones

René volvió a ser decisivo con varias paradas espectaculares · udalmeriasad.com

Hizo historia la UDA en Los Pajaritos la tarde del domingo. No ganó una Liga de Campeones ni consiguió un ascenso, pero logró el gran botín en su undécima visita al feudo soriano, volviendo a ver portería diez años después (el último gol unionista en el campo del Numancia fue de Solari). Con la importancia que tienen los puntos en el fútbol profesional, el equipo de Fran Fernández atisba el futuro más cercano ahora de otra manera, con dos triunfos consecutivos en la competición doméstica y tres seguidos si se contabiliza el logrado en La Rosaleda ante el Málaga. Si el pase en tierras malacitanas fue un punto de inflexión por lo que significó a nivel moral, el encuentro de anteayer en Soria puede ser más de lo mismo, por eso de vencer en Los Pajaritos y de convencer. El Almería se fue 0-1 a los vestuarios, pero se pudo marchar perfectamente con una ventaja mayor. Los de Fran Fernández mostraron una gran versión, tanto en el aspecto defensivo como en el ofensivo, dominando varios registros y sabiendo temporizar cuando el encuentro así lo demandaba.

Sin embargo, quizás lo que más gustó fue esa presión alta, con el objetivo de robar más cerca de la portería y crear daño, como finalmente ocurrió, generando más ocasiones que nunca. Para ello es fundamental mantener las líneas juntas, una de las consignas de Fran Fernández. El técnico almeriense hace bastante hincapié en esto por eso de no generarle demasiados espacios al rival en caso de pérdida tras posesión propia. Aunque suene a tópico en el fútbol hay que ir partido a partido, pero vencer al Reus y no caer en Córdoba daría un auténtico soplo diferente a un Almería acostumbrado a vivir en el alambre. Eso y mantener los pies en la tierra, que aún no se ha conseguido nada. En concreto, dos triunfos, una igualada y tres derrotas.

martes, 18 de septiembre de 2018

Compromiso

Cualidades y compromiso, la fórmula que no falla · pixers.es
Artículo Diario de Almería 18-IX-18

Después de cuatro día de colegio, en una de las semanas más duras del año por volver a la rutina tras el asueto estival, a un niño de once años que le ha recomendado la fisioterapeuta que no haga deporte por una semana suele tirarle quedarse descansando en la casa. Ya saben. Un poco de Instagram por aquí, un poco -o un mucho- de Fortnite por aquí y una ración de whatsapp por allá para hablar con los amigos y tontear con la amiga que le hace tilín. Sin embargo, él estaba allí. Puntualidad suiza. De los primeros en llegar al campo. No puede entrenar, no puede hacer lo que más le gusta, pero asiste. Compromiso. O eso cree este periodista. Alguno podría catalogarlo de perder la tarde. Estar ahí en la banda, mirando cómo entrenan otros niños, poniendo conos y recogiendo balones. El entrenador no lo considera así. Sino una de las muestras más grandes de compromiso. De compañerismo. Porque está en la banda animando a sus compañeros. Porque está colocando material para que sus amigos puedan entrenar en mejores condiciones. Porque está ahí con el grupo. No piensa en el 'yo', sino en el 'nosotros'. Es una piña y él forma parte de la misma, aunque no esté en las condiciones óptimas.

Pasan dos días y llega el sábado. Día ideal para quedarse un rato más en la cama. Empero su equipo tiene un amistoso y él está ahí. Llega de los primeros, antes de la hora fijada. Un sábado, a las 8:25 horas, con previsión de lluvia y allí está mostrando su compromiso porque no importan las condiciones meteorológicas, la intempestiva hora o que él no pueda ser protagonista, sino el escudo que viste. Realmente no lo hace para mostrar nada, sino porque le sale. Sin intención, pero le enseña a sus compañeros que el colectivo está por delante del individuo, que en una manada todos son importantes y que con apenas once años se pueden dar auténticas lecciones. Gracias.

martes, 11 de septiembre de 2018

Las horas 'perdidas'

Narci, Nico, Luis, Pinteño, Ruzzo y Mati felicitan a Jaime tras su golazo anteayer · Alfonso Zapata/polialmeria.es

Es la 01:11 de la madrugada del domingo al lunes y después de escribir estas líneas me pondré a planificar entrenamientos, intentando ordenar las ideas que van surgiendo. Sinceramente me encanta y no me importa 'perder' el tiempo en algo tan apasionante y que te llena de felicidad. Simplemente es para un equipo alevín. No me quiero imaginar todo el trabajo que tiene que hacer el cuerpo técnico de un conjunto sénior -dirección deportiva y directiva incluida-, máxime si se trata de una categoría nacional. Escribo el verbo 'perder' entrecomillado porque realmente sería ganar. Es cierto que en esta vida tan imprevisible en la que siempre se cumple el efecto mariposa y en este fútbol que es un fiel reflejo de la vida la meritocracia no siempre se cumple. Sí se cumplió anteayer, con el triunfo del Poli Almería ante un Mancha Real que llegaba al Estadio de la Juventud (lo de las instituciones públicas y las horas para entrenar da para otro artículo) como líder invicto e imbatido del grupo IX de Tercera.

Un triunfo histórico, venciendo el conjunto rojiblanco 18 años después en Tercera División. Podría pensarse que han sido muchas las horas 'perdidas' que han hecho falta para que llegasen estos tres puntos. Pero quizás el concepto que se tiene de perder es inequívoco. Los que ponen las vallas de publicidad antes de un encuentro, el que vende las entradas, el delegado que apunta el once rival (entre sus mil funciones) o el jugador que entrena por la noche tras una dura jornada laboral mientras su esposa está en la casa a punto de dar a luz tienen que saborear esos momentos. Saborear esos pequeños momentos en esta vida de estrés diario y saborear después cuando el esférico besa las mallas y todo ese esfuerzo previo parece cobrar sentido. Felicidades a toda la familia del Poli, sobre todo a aquellos que llevan esto adentro desde que nacieron.

martes, 4 de septiembre de 2018

Suerte, capitán

El nuevo jugador del Valladolid, en la plaza del Ayuntamiento de Huércal de Almería · Javier Alonso

Recuerdo la Nochevieja de 2012. Vacaciones por Navidad y Joaquín Fernández accedió a una entrevista y reportaje fotográfico con Javier Alonso y el que suscribe en la plaza del Ayuntamiento de Huércal de Almería y en la estación de tren de este municipio. Apenas tenía 16 años. Alguien con su edad hubiese estado en las nubes tras haber vestido la zamarra más bonita del territorio nacional, la de la selección española, además de contar con el interés de algunos de los clubs más prestigiosos de este negocio que es el fútbol. Sin embargo, ese adolescente de 16 años tenía los pies en el suelo. Mostraba -siempre la ha mostrado- una madurez propia de ese espigado cuerpo, pero impropia de esa edad. Y, aunque este periodista no la conoce personalmente, según cuentan, su familia ha sido clave en que haya sido el futbolista que más esté destacando de esa gran generación que tuvo Juan Carlos Cintas. A diferencia de otros entornos, el de Joaquín se ha mostrado decisivo para que la combinación entre actitud, aptitud, entorno y suerte le haya llevado hasta Primera División, categoría en la que si bien es cierto se ven algunos tuercebotas, no es nada fácil llegar, cumpliendo un sueño el jugador huercalense esta semana.

La demagogia podría indicar que es sencillo marcharse a Primera División, con un sueldo mayor incluido. Sin embargo, seguro que ha sido una semana rara para Joaquín. Porque él ha sido el verdadero capitán en estos últimos años. Jefe de la zaga (a pesar de que en las bases destacó como mediocentro), canterano de verdad (no de los que están un año en el 'B' y suben) y almeriense. El representante de la hinchada en el césped. Y humilde. Personalmente, siempre agradecido por su amabilidad a la hora de atender a la prensa y contento con que vaya a debutar en Primera. El trabajo a veces tiene su recompensa. Mucha suerte en tierras castellano-leonesas, capitán.

martes, 28 de agosto de 2018

Cartulinas

Díaz de Mera Escuderos le muestra la tarjeta roja a César de la Hoz · udalmeriasad.com

Realizó un gran partido César de la Hoz ante el Tenerife. Quizás sin la visibilidad de Luis Rioja, por eso del puesto y demás, pero entre él y Arzura sostuvieron bastante bien al conjunto de Fran Fernández, ganando en esta faceta del juego al cuadro chicharrero. Sin embargo, una jugada absurda condicionó el encuentro. No la segunda cartulina, que, al fin y al cabo, es un lance del propio juego, sino la primera, por un desplazamiento del balón. Forofismos al margen, ambas fueron cartulinas justas y, por tanto, la expulsión acertada. Una expulsión que provocó que los unionistas tuviesen que conformasen con un punto por eso de que no es nada sencillo aguantar prácticamente la mitad de un partido con un efectivo menos. Analizando la cartulina porque hay que analizarla, ya que al final fue el auténtico punto de inflexión entre un triunfo y un empate (dos puntos que pueden ser de oro en unos meses), la amarilla es de las que le duele a entrenadores, incluso al resto de compañeros. Éste periodista le preguntó a Corpas en la zona mixta cómo sienta a un jugador que haya que hacer un esfuerzo más que extra por culpa de algo que un compañero puede ahorrarse perfectamente, pero el ex del Marbella, como es natural, no se mojó.

No es lo mismo ser amonestado por un desplazamiento de balón en el minuto 95 que en el 48. Tampoco es la intención de este periodista acribillar a De la Hoz, puesto que el que no se equivoca es porque no está en este mundo. Sin embargo, esas tarjetas u otras por protestar bien podrían ser ahorradas, sobre todo, por futbolistas que se dedican a esto de manera profesional. Y otra opinión. Esas amarillas innecesarias (bien es distinto temporizar el encuentro en el minuto 92) deberían ser pagadas por los jugadores, incluso en el fútbol base. ¿Por qué tiene que abonar un club una sanción de diez encuentros por un intento de agresión al árbitro?