martes, 19 de marzo de 2019

Alfonso y Paco

Los jugadores del Poli Almería le dedican el triunfo ante el Torremolinos a Alfonso Zapata · Wence Cayuela
Artículo Diario de Almería 19-III-19

Cuentan que un entrenador de fútbol base de Melilla iba al peluquero antes de cada encuentro, se ponía sus mejores galas y contrataba un fotógrafo para que le echase fotos durante el partido. Definía mejor el término 'egocentrismo' que la propia RAE, esa que recibe patadas y más patadas. Sin embargo, sí es bonito acabar un encuentro de prebenjamines, benjamines o alevines y ver desde el ordenador o móvil una gran cantidad de fotografías de calidad del choque en el que han participado horas antes los niños. No es fácil que eso ocurra en estas categorías, pero el que suscribe ha tenido y tiene la suerte tanto la pasada campaña como esta de ver la cara de felicidad de los pequeños en las imágenes que recuerdan esa jugada de ensueño o ese gol esperado. Alfonso y Paco lo hacen posible. El último es un fotógrafo aficionado, padre de un niño que militaba en el prebenjamín del Oriente que entrenaba el curso anterior este periodista. Con su gorra siempre, no perdía detalle del encuentro con su objetivo, respetando al entrenador aunque estuviese a apenas un par de metros de esa charla técnica en la que se regañaba a su vástago. En este ejercicio el benjamín del Poli Almería disfruta de sus preciosas imágenes.

En el mismo club está Alfonso, otro amante de la fotografía. Lo mismo se encarga de las redes sociales que busca ropa para los jugadores, incluso espera a ese futbolista del sénior al que no le da tiempo ir en autocar por motivos laborables para hacer de taxista y llevarlo a campos de la geografía andaluza. Con su cámara se encarga de inmortalizar los encuentros del sénior en forma de imágenes, incluso de equipos de otras categorías, siendo el más afortunado el alevín al estar su hijo en el mismo. Contar con recuerdos como los que regalan cada semana Alfonso y Paco es un privilegio, del que habrá que estar siempre agradecido por eso de que no disfrutan del partido como el resto...

martes, 12 de marzo de 2019

Castigos

Pequeños jugadores estiran sobre hierba natural · mundosilbato.es

Vaya por delante que las siguientes líneas están centradas en las categorías inferiores, puesto que en sénior, incluso en juveniles (o cadetes), todo es diferente. En el fútbol, como deporte que es, tiene una mezcla de táctica, técnica, psicología, físico y otros factores. Es importante trabajar todos para que el individuo y, en consecuencia, el colectivo -lo realmente importante- funcione de manera correcta. Partiendo de esa base, no se entienden determinados castigos. Y vaya por delante también que este espacio se trata de una columna de opinión, en este caso, del arriba firmante, con el respeto hacia todo el gremio de entrenadores o monitores. Sin embargo, hay algunos hechos difíciles de entender. Son numerosas las ocasiones en las que el joven jugador o el colectivo ha tenido un comportamiento inadecuado (¡algunas veces incluso por gestos técnicos!) y el profesor de turno lo manda enseguida a correr o a hacer flexiones para que no vuelva a ocurrir, haciendo que el futbolista relacione el castigo con un esfuerzo físico. La consecuencia es que el deportista le tome aún más manía al entrenamiento del plano físico, puesto que lo tiene asociado a algo punible.

Otro castigo que no se entiende, en estos casos, por parte de los padres, es el de no llevar al niño a entrenar, ya sea por una negativa actitud académica o de otro tipo. Los estudios son importantes (no tanto las notas). Eso está claro. Pero durante 24 horas hay tiempo para descansar, comer sano, estudiar y hacer deporte, algo que es indispensable en cualquier ser humano. ¿Se castiga al crío sin ir al baño o beber agua?, ¿y por qué sí por no hacer deporte, un deporte que hace feliz a la persona, que rinde así mejor en otros campos? ¿Qué sentido tiene que no vaya a entrenar y que después de hacer los deberes coja el móvil, la tableta o el Fortnite? Quizás es que es lo más sencillo...

martes, 5 de marzo de 2019

El legado de Pepe

Los equipos de fútbol adaptado del Almería y del Córdoba posan mezclados · Arturo Asensio

El legado de Pepe Asensio continúa. En el sexto homenaje que le preparó el CD Oriente por el quinto aniversario de su fallecimiento (en junio de 2014 se celebró el primero), además del ya habitual partido entre futbolistas que entrenó en el Oriente, jugadores del equipo de fútbol adaptado de la UD Almería y del Córdoba también recordaron al grande de Pepe. No en vano, el exdelegado y directivo oriental y portero del Viator era una persona más que querida en el fútbol base almeriense, pero también trabajaba con personas con discapacidad intelectual. De hecho, algunos de los jugadores que pisaron el nuevo césped de la Ciudad Deportiva de Los Ángeles con la camiseta de la UDA coincidieron con el padre de esa gran persona que es Arturo. Tras los diferentes amistosos y regalos a la familia del homenajeado, tanto exfutbolistas del Oriente como los de la UD Almería y Córdoba de fútbol adaptado compartieron un rato en las pistas de fútbol sala del complejo oriental, que siguen en un estado más que deficiente. Ahí apareció el legado de Pepe Asensio, demostrando que un individuo siempre perdura mientras alguien le recuerda, pero también cuando el trabajo realizado ha obtenido su rédito, caso de esta genial alma. Así se explica que su trabajo con este colectivo se transformase años después en felicidad y más felicidad, la verdadera piedra filosofal fácil de conseguir y contraproducente en el estresante día a día de la actual sociedad. Los jugadores del equipo de fútbol adaptado de la UD Almería y del Córdoba dieron una verdadera lección de deportividad y de la vida, con abrazos, sonrisas sinceras y bailes improvisados con desconocidos, derribando ideas antiquísimas, creando un amplio espacio para la reflexión y despertando el gusanillo del fútbol adaptado entre algunos. Por eso los grandes como Pepe siempre son grandes: por continuar dando lecciones sin abrir la boca.

martes, 26 de febrero de 2019

Por esto gusta el fútbol

Los jugadores del alevín del Poli Almería con Bruno, Jaime y Fran Oller, futbolistas del sénior · Alfonso Zapata

Cada uno tenía que responder por qué le gustaba el fútbol en un ejercicio en Ohm Shanti Kundalini yoga con el objetivo de conocerse mejor y fomentar la autoestima. Cada niño apenas soltó dos o tres palabras, si acaso cuatro. Conforme vayan creciendo serán más conscientes de lo que significa este deporte en el día a día. El fútbol gusta porque gracias a ese balón estábamos en ese momento ahí; sin él, no nos hubiésemos conocido. El fútbol gusta por las amistades que surgen. Gusta porque el entrenamiento es el mejor momento de los días laborables, imaginar ese tiempo alivia lo duro del día a día. Gusta porque es placentero visualizar lo que va a suceder. Gusta porque cuando el interior del pie controla el esférico la cantidad de caminos que se abren para elegir la opción más correcta son infinitos, siendo esta decisión diferente para cada sujeto, como la vida misma.

El fútbol gusta porque da la oportunidad de revancha, de levantarse cuando la situación no es la planeada. Gusta porque, aunque los ignorantes aseveran que está todo inventado en él, se pueden hacer creaciones preciosas. Gusta porque ninguna lágrima derramada es más profunda que la de aquel descenso y qué mejor que llorar por el fútbol. Gusta porque ninguna borrachera sienta mejor que la de aquel ascenso. Gusta porque es de los pocos pegamentos que une a todas las edades, razas, sexos y clases sociales. Gusta porque ese domingo es prácticamente mágico al estar sentado en el asiento del campo de tu barrio junto a tu padre y a tus amigos de toda la vida. Gusta porque conoces familia nueva que te acoge como si te conociese desde que te vio nacer. Gusta porque hay pocos momentos mejor que el de comprender que es algo más que 22 individuos dándole patadas al balón. Gusta por erizarte la piel a leer a Galeano en la mejor obra futbolística. Gusta porque es un reflejo de la vida. Es la vida.

martes, 19 de febrero de 2019

Niños y jóvenes de cristal

Un canterano del Zaragoza conduce el esférico · mundofutbolbase.com

"Es lo que ocurre en la actual sociedad. Que son niños para lo que quieren. Para encararse con un adulto, son niños. Pero después no se les puede pedir explicaciones. Son críos en el momento que desean. Esto es lo que estamos enseñando y la sociedad que estamos construyendo", comentó un entrenador de uno de los numerosos encuentros al que asistió el que suscribe este pasado fin de semana, por eso de que es más puro y divertido ver en directo un partido de categorías inferiores que uno profesional en el televisor. Instantes antes, el adolescente, con vello ya y prácticamente un adulto a falta de que lo confirme el DNI, se había acordado de la madre del contrario, pidiéndole respeto el técnico. Entonces saltó uno de esos padres de la grada afirmando al entrenador que eran niños y que no se podía encarar, empero nadie recriminó la actitud del adolescente, encarándose con un adulto que le pidió respeto. Una vez puesto en contexto la frase inicial, ésta cobra aún más sentido porque educación, deporte y sociedad están más que relacionados.

No es tópico, sino realidad. Se ha pasado de que el familiar regañe al niño después de lo que lo haga el maestro, profesor, monitor o entrenador a que sea el familiar el que recrimine al crío o joven el hecho de intentar corregirlo para construir una mejor sociedad. Y en ese proceso se ha involucionado para tener a niños y jóvenes de cristal, algunos sin educación. Si llueve (o si hace frío o calor) o si hay unas mínimas molestias, el jugador no puede ir a entrenar por si se resfría. Si le dan un golpe sin importancia, el mundo debe pararse. Si se queda fuera de una convocatoria, queja porque el niño es como el cliente: siempre lleva la razón. Si insulta y se encara con un adulto, la culpa es del último. Y en esa estamos, con niños de cristal que crecen a jóvenes de cristal y chulos para acabar siendo adultos, sin educación y cero autocrítica.

martes, 12 de febrero de 2019

Estilos

Quique Setién, en un encuentro de esta temporada con el Betis · Ángel Sánchez / as.com

"Al Leganés esta forma de jugar a veces le sale bien y otras veces mal. Por eso están ahí abajo. Tienen que hacer cuatro cosas porque les puede valer con la permanencia, pero si quisiesen jugar como lo hacemos nosotros, les costaría", dijo Setién en Butarque. Este periodista quiere pensar que el entrenador nacido en Santander mandó ese mensaje como cortina de humo para proteger a su plantilla después de hacer el ridículo ante el Leganés. Sea con esa intención o sin ninguna, el técnico patinó, puesto que la falta de respeto es evidente. Prácticamente a diario, incluso más de una vez cada 24 horas, el que suscribe mantiene un interesante debate sobre uno de los columnistas de estas páginas. La conversación tiene como tema principal los distintos estilos de juego. "No se puede entender qué narices le importa y qué sabe del Leganés un tío que no es su entrenador. Hay tantas formas de jugar casi como entrenadores y cada uno opta por lo que cree conveniente. Lo importante al final es dónde va a tu equipo en la clasificación final", escribió Clemente en Twitter, aunque naturalmente con faltas de ortografía, puesto que ya es raro la persona que no escriba mal.

Los estilos son prácticamente infinitos. Lo importante es adaptarse a la plantilla que tienes y que ésta tenga un estilo de juego definido, siendo lícitos todos ellos, incluso los que rozan la agresividad, puesto que para eso hay un colegiado encargado de impartir justicia. Bueno, realmente lo importante es ganar, aunque tener un camino definido ayuda a ello. ¿Hay que sacar el esférico sacado con los dos centrales abiertos, presionar tras pérdida y dar numerosos toques antes de definir?, ¿o también vale con lanzar en largo, aprovechar las segundas jugadas, estar bien cerrados y salir al contragolpe? Porque eso también se trabaja. Igual de lícito el estilo de juego de un Setién sin estilo.

martes, 5 de febrero de 2019

(In)justicia

Fran Oller conduce un balón en el encuentro ante el Huétor Vega · Alfonso Zapata / polialmeria.es

Se le tiene suficiente estima al lector como para aseverarle que la vida -y el fútbol- es injusta. Hay numerosas situaciones que prácticamente nadie entiende, aunque algunas, ejecutadas en frío, llegan a pensar que se producen para hacer daño. En el último encuentro en casa del Poli Almería, Fran Oller fue expulsado al ver la segunda amarilla "por hacer una finta al ejecutar un penalti, antes de golpear el balón y habiendo finalizado ya la carrera", anulando además el colegiado el gol [hubiese sido el 2-0]. La pena máxima ha sido visualizada por todos, refutando la vista del árbitro. Este periodista ha cogido un silbato en algunos amistosos de niños y no es nada fácil, así que tiene que ser más que complicado pitar en un encuentro oficial de sénior, con todo lo que hay en juego. Es más que entendible que se yerre en fuera de juegos o goles fantasmas. ¡Pero no en esa pena máxima de Fran Oller! 

El objeto del artículo no es ese lanzamiento en sí, sino la posterior decisión del Juez Único de Competición, que se manifestó hace unos días. Éste acuerda desestimar las alegaciones formuladas por el Poli [anular la segunda cartulina a Oller], ya que "lejos de permitir sustentar la versión de los hechos que sostiene el club, resulta compatible con la versión del colegiado, que es testigo privilegiado al estar a escasos metros de la situación inmejorable para observarla con todo detalle". Las imágenes hablan por sí solas y lo que hace el argumento del Comité no es otra cosa que ensuciar aún más el concepto del colectivo arbitral, que tan difícil labor realiza. Lo que pretende el Juez Único de Competición con decisiones de este tipo es reforzar la autoridad del trencilla, pero sería más aconsejable que estos órganos hiciesen su trabajo real, que no es protegerse los unos a los otros, sino impartir justicia. Y esa decisión no minimiza la injusticia, sino que potencia ésta.

martes, 29 de enero de 2019

Pérdidas de tiempo

Pocas veces se ven imágenes como esta · buenavibra.es

Las normas están para cumplirlas y para saber manejarlas según conveniencia. En el fútbol ocurre lo mismo y sólo se explica con la camiseta de aficionado a ese seguidor indignado con el jugador del equipo rival que pierde (¿o gana?) tiempo si el resultado le es favorable a sus intereses, mientras que luego aplaude al suyo si hace exactamente lo mismo. Porque al final todo el que ha jugado al fútbol sabe que en ocasiones es necesario temporizar para que el crono vaya pasando y el rival se vaya desesperando. Incluso esa amarilla al arquero en el minuto 85 o ese desplazamiento de balón en el descuento es bueno porque el colegiado no se va a atrever a sacar una segunda cartulina por el mismo motivo. De hecho, en ningún partido de fútbol se descuenta más del tiempo que se ha perdido, al menos que hayan visto los ojos de este periodista. De ahí que se entienda que la FIFA estudiase el pasado año cambiar la normativa histórica y modificar el tiempo de los partidos, pasando de 45 minutos a tiempo corrido a treinta cada parte parando el cronómetro cada vez que el balón se vaya fuera, como se hace en el fútbol sala, baloncesto y en la mayoría de las diferentes modalidades deportivas.

De esta manera se practicaría un fútbol más limpio visto lo visto, esto es, que los colegiados no se atreven a sacar un tiempo extra de doce minutos, sobre todo, en el fútbol español. Con todo mi respeto hacia el colectivo arbitral (y aunque el tema de cambiar la normativa esté en manos de otras instancias), éste es el principal culpable de no jugar lo que se debería, no entendiendo el que suscribe por qué los descuentos no son muchos más largos. El futbolista que va ganando hace lo que haría cualquier hijo de vecino y el que lo niegue o no ha practicado este deporte o no es competitivo. De ahí que sería interesante pasar a tiempo parado para hacer del fútbol algo más limpio.

martes, 22 de enero de 2019

Buenos, malos y retrasados

Un equipo de fútbol base se abraza en un receso de un partido · futbolenpositivo.com

Los nombres del diálogo posterior son ficticios aunque la historia sí es real, según le cuentan a este periodista. Era pretemporada y un entrenador de fútbol base estaba reunido con el que ocupaba el puesto de coordinador del club, aunque, según parece, no sabía ni qué significaba el término 'coordinar'. "Vamos, a ver, David, ¿qué jugadores tenemos del año pasado?", preguntó el último. "Juan, continúan estos", respondió el entrenador entregando una hoja con los datos de todos ellos. "Este tiene algún tipo de problema de movilidad. Ha mejorado una barbaridad desde que vino el primer día, pero creo que no está para competir porque aún le cuesta mucho. Eso sí, mejorará bastante porque hace todo lo que le pides. Pero no va a ir al ritmo que el resto por ese problemilla", continuó el técnico. "Vamos, que es retrasado, ¿no?", le cortó tajante el interlocutor, un individuo que ganaba dinero del fútbol base y que trataba con niños. ¿Hay que calificar como 'retrasado' a una PERSONA (permitiendo el lujo de poner la palabra en mayúscula aunque la patada al diccionario sea de época) por tener problemas físicos o intelectuales?

El diálogo invita a la reflexión sobre los términos. Todo empieza en el colegio, cuando ya se ponen notas académicas en primero de Educación Infantil (el crío apenas tiene tres años). Así se empieza a etiquetar. Cuando empieza a practicar una actividad se le suele meter en el saco de los 'buenos' o de los 'malos'. O se es bueno o malo. Eso parece. Porque la realidad no es así. Cada niño o joven tiene unas características diferentes, unas cualidades que le hacen ser diferente al resto y válido si es capaz de encontrar su punto fuerte y potenciarlo junto al entrenador de turno (aunque también hay que ser conscientes de las limitaciones de cada uno). Lo malo es que el formador sea uno de esos que encasillan a sus pupilos en buenos y malos, incluso en retrasados.

martes, 15 de enero de 2019

La botella rota

Gol de Antonio con dedicatoria al cielo · Alfonso Zapata

"Nico, me has roto la botella antes. Le has dado una patada y se ha roto", le dijo uno de los alevines del Poli Almería al que suscribe estas líneas, entrenador de este equipo. "No quiero que me compres ninguna. Sólo te lo digo para que no lo hagas más", respondió al ser cuestionado sobre qué marca era la botella para comprar la misma. Sería contraproducente enseñarles a los pequeños jugadores que no deben protestarle al árbitro y hacerlo. Empero ese impulso tras un gol en contra acabó con un pisotón al césped con la mala suerte de estar la botella por ahí, rompiéndose y descubriendo que uno tenía una fuerza hasta entonces desconocida. Y entonces el que se supone que debe enseñar ve cómo le dan una lección porque eso es lo maravilloso del fútbol y de la enseñanza: lo recibido se multiplica a la máxima potencia por lo dado. Un niño de diez años dice con educación y personalidad que hay que tener más cuidado y no romper sus cosas. Un pequeño gesto, pero que hace reflexionar apuntando que a veces -o en la mayoría de las ocasiones- son los de menor edad los que mejor se comportan (en los campos de fútbol no hay ninguna duda) y mejor resuelven los problemas: con educación. Otro ejemplo es el de aquel niño que se recorre los más de 4.000 kilómetros que separa la Plaza Roja de Moscú por el Paseo Marítimo de Almería y poco después de bajar por las escalerillas del avión ya está entrenando con otro equipo del club para recuperar el entrenamiento perdido a pesar de haberse marchado un familiar querido y del cansancio acumulado por el viaje. Encima tiene las agallas de decir que no se va a poner triste si se guarda un minuto de silencio en el partido de esa semana para acabar marcando cinco minutos después su primer gol de la temporada y dedicarlo al cielo, lo que se denomina personalidad, sacrificio y compromiso, volviendo a dar otra lección a los adultos.

martes, 8 de enero de 2019

Promoción

Juan Carlos Real, mediapunta, ya suma media docena de tantos · udalmeriasad.com

El Almería gana y ya tiene un estilo reconocible. Tras un lustro viendo que claudicaba más que vencía y que si sacaba los partidos adelante solía ser más por individualidades que por un plan de juego, es más que entendible que los seguidores sonrían al ver a su equipo, que dio un golpetazo encima de la mesa ante un Mallorca con algunas de las mejores piezas del campeonato. Si algo ha dejado claro Fran Fernández es que su equipo no va a bajar los brazos ante ningún rival, dándole un repaso, sobre todo en el segundo acto, a un conjunto balear que fue protagonista del mejor duelo de la UDA de los últimos años. O si no el mejor, sí en el que más enseñó su estilo: habitual presión alta asfixiando la salida de balón rival, gran manejo de las transiciones y una evolución en el ataque posicional, uno de los lunares del Almería. Exceptuando a Saveljich, quien ya habló de play off hace un par de meses, el discurso oficial ha sido el de los 50 puntos, un mensaje que aburre tras ver jugar a este equipo, que ya acumula 28 unidades, esto es, más de media permanencia a falta de un encuentro para que finalice la primera vuelta. 

Si la salvación se cifra en media centena de puntos, a los de FF le restan unos siete triunfos para conseguirla, cuando aún quedan 23 puntos. Que baste con eso sería de inconformista y es de suponer que aunque el discurso oficial sea el de los 50, en la caseta rojiblanca ya se hable de promoción. En el ejercicio 11-12 la séptima posición fue un fracaso tras cuatro cursos consecutivos en Primera y estar entre los seis primeros durante treinta jornadas. Ahora nadie recriminaría a este Almería a bajo coste que no termine en el sexto escalafón. Empero está claro que hay equipo (lo que tanto se estaba buscando) para llegar a mayo en la pomada. 

PD: Mejorar el equipo en el mercado invernal es difícil, no tanto atar a Real.

martes, 18 de diciembre de 2018

Simpleza

Luis Rioja se lamenta de una ocasión marrada · udalmeriasad.com

"Vaya penalti se ha comido", "vaya árbitro", "menudo robo", "siempre igual", "nunca se equivocan a nuestro favor, siempre es en contra" fueron los comentarios más escuchados al salir del Estadio de los Juegos del Mediterráneo anteayer. Es de suponer que en cualquier hinchada ocurre eso: los colores a veces, o casi siempre, ciegan, focalizando los errores en lo externo en lugar de hacer autocrítica. Lo más grave quizás es leer ciertas crónicas o escuchar algunas emisoras en las que parece que el periodista -o el que juega a eso porque la facultad ni la ha pisado- con esa careta de hincha realizando un análisis simplista. "El árbitro se ha equivocado, como también nosotros", dijo, por su parte, Fran Fernández en la rueda de prensa tras el encuentro ante el Lugo. El técnico almeriense era consciente de que Soto Grande había errado -y de manera grave- al tragarse las dos penas máximas cometidas sobre Sekou. Pero también de que el colegiado toledano no había sido el único culpable de que el Almería no venciese ante un rival en inferioridad numérica durante 53 minutos.

Los de Fran Fernández van mejorando en ataque posicional y no hicieron mal encuentro el pasado domingo. Pero cuando un rival se les encierra les cuesta encontrar el gol. Que, por cierto, el Lugo lo hizo de maravilla, manejando de manera excelsa los distintos conceptos defensivos del juego. También sería de necios reprocharles que supiesen manejar el otro fútbol. Me gustaría ver a quienes opinan así estar dentro de un terreno de juego con un compañero menos aguantando las embestidas del rival durante casi una hora. Temporizar es necesario y es labor del colegiado añadir una gran cantidad de minutos. Aun así, culpar a éste de no imponerse con superioridad numérica más de la mitad del partido, incluso realizar aseveraciones en función del resultado, es de ser simples.

martes, 11 de diciembre de 2018

A lo Antonio Salas

Germán y el que suscribe estas líneas en el Fondo Sur del Bernabéu · LEM

"Perdón por sentarme en tu butaca. Si fuera honesto, no iría hoy al Bernabéu. Pero puede más la tentación de ver en directo uno de los mayores eventos de la historia del fútbol que el orgullo de participar en tal injusticia", escribía Hugo Cerezo anteayer en Marca. El que escribe estas líneas cayó en la misma tentación unos días antes. El problema vino a la hora de elegir las localidades, puesto que no era plan de esperar hasta el último momento para que se liberasen y a mitad de semana sólo había en el Fondo Sur, donde se colocó la hinchada de Boca. Germán, monitor del benjamín del Poli Almería y natural de Buenos Aires, es de River hasta la médula, por lo que imagínense vivir la vuelta de la final de la Libertadores rodeado de seguidores del eterno rival. El pobre se desquitó en la previa en la Plaza de Cuzco, pero sufrió más de la cuenta en el Bernabéu.

El plan se inició antes de entrar en el coliseo blanco, eligiendo la ropa. Ninguno podíamos llevar ninguna prenda roja (ni azul, no era cuestión). Eso sí, la bufanda de Boca no me pudo faltar para vestirse de Antonio Salas. Dentro del campo, disfrazarse de aficionado de Boca, uniéndose a algún cántico mofándose de River (son varios los que le recuerdan su descenso a la segunda argentina). Eso sí, Germán se mantuvo callado, pasando desapercibido como puso. Era demasiado para él, por lo que a partir del pitido inicial decidí unirme a su penitencia, optando por el silencio. Tras el gol de Benedetto, con la pertinente tristeza, llegó la remontada, tocándome Germán con el codo, como si no me hubiese enterado. Con la expulsión de Barrios empatizamos con los seguidores de Boca, así como en la recta final, criticando a su DT. El Antonio Salas del benjamín del Poli supo mantener la compostura para soltar su grito de alegría diez minutos después, cuando se cerró la puerta del taxi que nos llevó a la estación de autobuses.

martes, 4 de diciembre de 2018

La noche de los domingos

El teletexto, un referente en los resultados y clasificaciones deportivas · lab.rtve.es

El día que la LFP contrató un mono para fijar los encuentros en franjas horarias diferentes los carruseles desaparecieron y la noche de los domingos cambió. Sin embargo, aún quedan románticos, como el progenitor del que suscribe estas líneas. El teletexto fue un punto de inflexión hace tres décadas, cuando en 1988 se implantó en España. No sólo para analizar las distintas clasificaciones de los deportes, sino para seguir un partido 'en vivo', esperando que el televisor subiese un gol al equipo del que era hincha uno. Una vez finalizado el carrusel de encuentros y el del Canal Plus, tocaba ver estas tablas, los goleadores... Otra opción romántica era comprarse el periódico de turno al día siguiente y ver la clasificación, sobre todo, si el signo del partido del equipo con el que simpatiza uno había ganado.

Con la irrupción de internet y, posteriormente, de los teléfonos de nueva generación, todo cambió. Difícilmente un niño sabrá lo que es el teletexto, incluso que un periódico se puede comprar. Pero coge algún móvil (o el suyo propio porque es raro el crío de diez años que no tenga), abre cualquier aplicación y le echa un vistazo a los resultados de cualquier división de cualquier país, la clasificación, los goleadores, las estadísticas del partido y un sinfín de opciones. Empero el protagonista de este artículo une las distintas generaciones: la de internet y la previa a la del teletexto. Cada domingo por la noche coge la tableta, varios folios y bolígrafos de diferentes colores y hace sus particulares clasificaciones y tabla de resultados. Realmente ya los tiene en la propia tableta, pero a él le hace ilusión esas peculiares hojas para su periódico de fantasía que no se venderá en ningún kiosco, no lo leerá nadie y que en unos meses irá al contenedor. Lo mismo que hacía su padre cuatro décadas atrás.

martes, 27 de noviembre de 2018

El partido del descanso

Varios niños juegan en el Matías Prats de Torredonjimeno en el duelo que disputó el equipo local ante el Poli · NGC
Artículo Diario de Almería 27-XI-18

Realmente el titular no sería en singular, sino en plural, puesto que son numerosos los encuentros que se disputan mientras los dos equipos que juegan el partido oficial descansan en los vestuarios, hidratándose con agua -bebidas isotónicas los afortunados- y escuchando -algunos oyendo- las palabras del entrenador. Mientras se disputan los últimos minutos de la primera mitad decenas de niños y jóvenes esperan a que el árbitro señale el final del primer acto para saltar ansiosos al campo y darles unas patadas al balón, soñando con que algún día sean otros los críos que disputen esos partidos del descanso y sean ellos mismos los que están en el vestuario, señal de que defienden al primer equipo de su pueblo o barrio.

Esos partidos apenas duran un cuarto de hora como mucho (no se pierde ni un segundo entre que el trencilla pita la finalización de la primera parte y el salto de la valla hacia el terreno de juego), pero dan para un sinfín de historias. Los equipos se hacen sobre la marcha, puesto que no hay tiempo para equilibrarlos. Si llega algún rezagado, se le pone con quien sea, dando igual que haya una diferencia de edad, puesto que el balón no entiende de fechas de nacimiento.

En el caso de que al guardia de seguridad de turno no le apetezca que se jueguen esos partidos, entonces toca salir del recinto y jugar en los aparcamientos del campo, con cuidado de no golpear ningún coche ni de embarcar la pelota en el árbol. Por su parte, los mayores con niños tienen un sabor agridulce. Agrio por no poder disfrutar de la cerveza del descanso, pero dulce de poder aunque sea pelotear con su niño de dos años. Cosa bien diferente es aquellos partidos de categorías inferiores, con el típico grupo de padres que paran por diez minutos de proliferar insultos para saltar al verde y ver quién es el tonto que golpea más fuerte la pelota, alguno mientras se fuma su hierba.

martes, 20 de noviembre de 2018

Las pistas de la Avenida Mediterráneo


Otrora los planes para el fin de semana se resumían en dos: parque de los patos, en Huércal de Almería, o las pistas de la feria, en la Avenida del Mediterráneo. El primero era más goloso, puesto que iba acompañado con una barbacoa o unos platos preparados. Pero el segundo tampoco estaba mal. Con el parque de las familias estas pistas, en las que se puede jugar al fútbol, balonmano, baloncesto y antes también voleibol, han pasado a un segundo plano, mientras que el antiguo campo de tierra pasó a mejor mundo hace tiempo, aunque eso es otra historia y sería de necios negar la calidad de este parque por mucho romanticismo que tuviese el albero. Sin embargo, es intolerable el actual estado de estas pistas, máxime en una ciudad que pretende crecer. Sólo tiene el lector que pasarse un sábado por la tarde, uno de los momentos de la semana con más tiempo para la práctica deportiva. La iluminación es nula, viendo apenas el balón por la luz que llega de manera indirecta por las farolas que alumbran la carretera. Ni detrás de las porterías ni en los laterales existen redes para evitar tener que pegar un largo esprint para coger la pelota. El suelo está rajado y con numerosos huecos para lesionarse. También faltan algunas canastas. Y la fuente, rota.

Las instalaciones deportivas de la ciudad han crecido exponencialmente en la última década, aunque en la mayoría de los casos hay que pasar por caja, por lo que es necesario arreglar estas pistas de la Avenida Mediterráneo. No hay motivos para no hacerlo, máxime con elecciones a la vuelta de la esquina y ganas de tener contento a la ciudadanía. El coste sería escaso. El otro día vi que el compañero Maturana denunció la mala ubicación de una señal de tráfico al lado de un aparcamiento de minusválidos. El Ayuntamiento de Almería lo arregló rápidamente. Es de esperar que haga lo mismo con las pistas.